Óscar Washington Tabárez: el Maestro del futbol uruguayo

A los 71 años, el entrenador de la selección uruguaya de futbol está viviendo su cuarta Copa del Mundo

Sigue aunque todos esperen que abandones

No dejes que se oxide el hierro que hay en ti

Haz que en vez de lástima, te tengan respeto

Cuando por los años no puedas correr, trota

Cuando no puedas trotar, camina

Cuando no puedas caminar, usa el bastón

¡Pero nunca te detengas!

Un poema escrito por la Madre Teresa de Calcuta, tuvo en Óscar Washington Tabárez un efecto casi revelador. Fue como si hubiera sido escrito específicamente para él y, al leerlo, por recomendación de un amigo, esos versos se convirtieron en su mantra personal, en su forma de vida.

A los 71 años, el entrenador de la selección uruguaya de futbol está viviendo su cuarta Copa del Mundo. Pero ya no es el mismo de Italia 90, Sudáfrica 2010, o Brasil 2014. Ahora se le ve caminando con dificultad por el banquillo técnico,apoyado de un bastón, luchando día tras día con el síndrome de Guillain-Barré, un trastorno neurológico que afecta el sistema nervioso periférico, y que desemboca en la debilidad en piernas, brazos y tronco, el cual lo aqueja desde hace dos años. Y sin embargo, es el artífice del equipo, el emblema y el mayor motivador.

La historia de Tabárez es una historia de trabajo en silencio, bajo perfil, sacrificio y esfuerzo. A lo largo de los años se ha dedicado a planificar y a esperar. A apostar a largo plazo y confiar en sus jugadores.

Salvó a la Selección de Uruguay de sí misma. Cuando regresó en 2006, se fijó una meta: trabajar intensamente con los canteranos, darle al seleccionado una nueva perspectiva. Pero se encontró con una dura realidad; el futbol de un país que había ganado dos mundiales, vivía inmerso en la nostalgia de un tiempo irrecuperable.

El maestro no se conformó con eso, para él era impensable formar a las nuevas generaciones con la mera exaltación de la “Garra Charrúa”. Había que desterrar la imagen agrandada de los uruguayos, sobre los uruguayos. Aquella histórica hazaña del Maracanazo no podía pesar más que el presente. No se podía seguir viviendo de eso, se necesitaban valores técnicos y éticos diferentes.

Y así lo hizo, desde su llegada puso la casa en orden y los resultados no tardaron en verse reflejados; Uruguay se clasificó al Mundial de Sudáfrica 2010, y en 2011, ganó la Copa América.

“El camino es la recompensa”, fue la frase que pronunció tras llevar a Uruguay a semifinales del Mundial de 2010, después de 40 años. Una frase que fue adoptada en el país como eslogan publicitario y como lema de cabecera de los adiestradores de altos ejecutivos.

Tal parece que la historia de los uruguayos, es la de aprender a sufrir para poder disfrutar. Como dice Tabárez, de encontrar la recompensa en el camino recorrido y profundizar en las raíces de los procesos juveniles para cambiar el futuro.

Con su proyecto ha buscado que los juveniles, según sus posiciones, adquieran los conceptos tácticos que se aplican en la selección absoluta. “El legado es que los chicos cuando llegan a la selección tengan un camino ya avanzado”. Esto le ha permitido al Maestro formar un centro del campo de veinteañeros, con jugadores como Torreira, Betancur, Nández y Vecino.

Tuvieron que pasar doce años de entrega y trabajo en un proyecto en el que Tábarez creyó, y a los que no creían, los hizo creer.

Doce años que lograron la transformación más profunda en la historia de la selección uruguaya a partir de las directrices establecidas por un entrenador, pero que todos asumieron como propias, hasta convertirse, otra vez, en la esperanza de un pueblo entero.

Doce años de respeto que permitieron recuperar la confianza, reconstruir la mística y reinventar la fórmula de la selección.

Doce años derribando mitos. Doce años que se transformaron en el legado de Tabárez, que hoy queda como referencia para el futuro, porque así lo hicieron los uruguayos. A su manera.

Tabárez le dio un presente y un futuro a un gigante que estaba dormido.

Cuando Edinson Cavani marcó ese gol ante Egipto en Rusia 2018 y corrió al banquillo a abrazar a Óscar Whasington Tabárez, hizo lo que hubiera querido hacer el país entero. Todo Uruguay, porque Tabárez no es un solo un técnico, es un Maestro, dentro y fuera de la cancha.

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