Las Copas del Mundo están plagadas de historias maravillosas de triunfo y de derrota, de momentos épicos de victoria y debacle, pero, sobre todo, de anécdotas que las enriquecen en su imaginario. Ése es el caso de la historia de Pickles, un perro que rescató la Copa Del Mundo y que se convirtió en un héroe nacional para los ingleses.

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Para el Mundial de 1966, la FIFA le otorgó la sede a Inglaterra, cuya propuesta se impuso por 7 votos a la de Alemania Occidental. Los ingleses estaban entusiasmados con la organización y la posibilidad de llevarse su primer Mundial (lo que a la postre lograrían). Tenían un buen equipo, con Gordon Banks como guardián de la portería, Bobby Moore como el muro de la defensa, Bobby Charlton era el cerebro y Geoff Hurst el voraz goleador que hizo posible que la Copa Jules Rimet -como se llamaba por aquel entonces el trofeo del Mundial– se quedara en casa. Sin embargo, fue Pickles, un perro collie blanquinegro, quien hizo posible que Moore, el capitán, pudiera alzarla hacia el cielo.

Como parte de los preparativos previos al arranque del torneo, la compañía especializada en material coleccionable (estampas, estampillas, timbres postales), Stanley Gibbons, le pidió prestado el trofeo Jules Rimet a la Football Association (FA) para mostrarlo en su exhibición llamada Stampex, que tendría lugar en el vestíbulo principal de la Catedral de Westminster, en Londres. La FA accedió, con la condición de que estuviera constantemente vigilado. Sin embargo, el 20 de marzo de 1966, mientras se celebraba una misa en el recito, el trofeo desapareció. Fue robado. El único guardia que lo custodiaba, un hombre de 70 años, se había tomado un descanso para cenar.

Pickles, el perro que rescató la Copa del Mundo

(Imagen: Getty)

La policía se lanzó a su búsqueda y a los pocos días recibió una llamada del ladrón, con una propuesta: la copa a cambio de 15.000 libras. La operación para atrapar al responsable resultó ser un fracaso. La policía se precipitó en arrestar a la persona que recibiría el dinero, de nombre era Edward Betchley, aseguró ser sólo un intermediario y no saber nada acerca del trofeo, ni su ubicaicón. La situación, a menos de cuatro meses del inicio del Mundial, era crítica.

La policía perdió toda la confianza del público en general tras el fiasco. Se dudaba de su capacidad para recuperar el trofeo. Entonces pasó lo inesperado. El 27 de marzo, David Corbett -un lanchero que trabajaba en el río Tames-, sacó a su perro, Pickles, a pasear por Beulah Hill, South Norwood, al sur de Londres. El perro, repentinamente se alejó unos metros porque olfateó algo y corrió hacia el auto del vecino de Corbett. Cuando éste se agachó para ponerle la correa a Pickles, notó un paquete en el piso. Cuando lo recogió y rasgo el periódico que lo cubría, se dio cuenta que se trataba del trofeo Jules Rimet. De inmediato levó el paquete a la policía, que lo tomó como principal sospechoso por lo inverosímil que resultaba la historia. No obstante, tras los interrogatorios, se dieron cuenta que la historia era real. Lo que no pudo hacer Scotland Yard, lo hizo Pickels, que se convirtió en toda una estrella nacional.

Pickles, el perro que rescató la Copa del Mundo

(Imagen: Getty)

Corbett recibió una recompensa de 6,000 libras y Pickels comida gratis por todo un año. Además de asistir a la cena que ofreció la reina Isabel II por el triunfo de los Tres Leones ante Alemania (4 a 2), Pickles apareció en una película y en varios programas de televisión.

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Por desgracia, Pickles murió al año siguiente al ahorcarse con su correa, que se atoró en la rama de un árbol, cuando perseguía a un gato. Fue enterrado en el jardín de la casa de su dueño, mientras que su collar es exhibido en el Museo Nacional de Futbol en Manchester,

La Copa Jules Rimet fue robada de nuevo en Brasil (que se la quedó en posesión tras ganarla tres veces), en diciembre de 1983 y esa vez no fue nunca recuperada. Aparentemente, fue fundida y su destino desaparecer de la faz del planeta.