Antepenúltimo ensayo previo a la Copa del Mundo y oportunidad para algunos jugadores de buscar un puesto para colarse en la lista final de 23 futbolistas que irán a Rusia. Explotando el mercado de la nostalgia, el Tri se despidió del a afición de Estados Unidos dejando claro que este partido sirve para tratar de encontrar el funcionamiento en un sistema de rotaciones.

En un Rose Bowl con más de 82 mil aficionados, El Tri salió con Corona, Alanís y Ayala como centrales, Gallardo como lateral por izquierda y Edson Álvarez su contraparte por derecha. Molina en la contención acompañado por Héctor Herrera, fungiendo como capitán y Erick Gutiérrez. Adelante, Jesús Corona y Javier Aquino para proveer de balones a Chicharito. Un 4-3-3 para contrarrestar el 4-2-3-1 de Gales, sin Gareth Bale, pero con jugadores como Aaron Ramsey del Arsenal, Ashley Williams del Everton y Ben Davies del Tottenham.

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En el primer tiempo, tras un amago de presión alta de los galeses, México se hizo del control del balón y apenas al minuto 5, Corona hizo una buena jugada individual por su banda, pero su disparo fue bien atajado por Wayne Hennessey. Gales respondió tímidamente, pero la intentona fue bien repelida por Hugo Ayala. El Tri buscaba, a través de los cambios largo de juego, encontrar a los extremos y aislarlos para que estos pudieran hacerle llegar el balón a Javier Hernández, que es sumamente dependiente de que sus compañeros para hacerse sentir en el partido.

La banda derecha era la vía de entrada para el equipo mexicano. Tecatito daba sensación de peligro, no obstante, la posesión no se tradujo en llegadas claras de peligro. Los minutos iban pasando y el Tri se iba diluyendo con cada segundo que transcurría. Gales se animó un poco, y los de Giggs rozaron el gol cuando Harry Wilson desparramó a Gallardo y buscó colocarla en el ángulo, pero su disparo salió ligeramente desviado.

Con un México ya desdibujado, Héctor Herrera brindaba algo de lucidez con sus pases y su inteligente distribución. Se movió con criterio y disparó con peligro al minuto 39. Fue la última ocasión de un primer tiempo soso y aburrido.

En la segunda mitad, Alanís y Molina se quedaron en el vestidor para dejar sus lugares a Jurgen Damm y Carlos Salcedo. El parado no cambió, aunque Osorio buscó probar al extremo de Tigres como lateral. Esto provocó que Álvarez ocupara la contención y Salcedo se colocara como central.

Los cambios parecieron despertar a México, y fue de nuevo Herrera quien se destacó en los primeros minutos. Tuvo dos oportunidades claras de anotar, pero Hennessy se lo evitó en la primera y la segunda su control defectuoso evitó que pudiera rematar con comodidad. Parecía que Gutiérrez se involucraba más y que Gallardo encontraba profundidad por izquierda, mientras que por derecha Corona desapareció casi por completo y nunca pudo asociarse ni encontrar el entendimiento con Damm.

El ingreso de Oribe también hizo que el equipo se viera más peligroso. Sin embargo, como pasó en el primer tiempo, el equipo se fue diluyendo. Un monólogo verde de posesión de la pelota y de total ineficacia ofensiva. Ni siquiera a pelota parada se vio alguna jugada prefabricada con la que el Tri pudiera hacer daño. Gales no sufría y Hennessy cada vez era menos exigido.

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Los cambios terminaron por descomponer el partido. Las llegadas eran más por empuje que por un juego colectivo derivado de un estilo y de un trabajo. Incluso se pudo ganar si se aprovechaba alguno de los rebotes en el área galesa, pero tampoco la fortuna acompaño a un México gris, tan gris, que hasta la siempre fiel afición mexicana en Los Angeles abucheó a su equipo.

Las conclusiones que se pueden sacar de un partido así son muy pocas, ya que genera más dudas que certezas. Tal vez haya significado el descarte de jugadores como Erick Gutiérrez (dependiendo del estado físico de Guardado), Jurgen Damm y Oswaldo Alanís. Tal vez sirva para darnos cuenta de que, a 17 días del Mundial, México sigue sin tener otro estilo de juego que no sea el de rotar y buscar competir ante Alemania en el debut. Tal vez nos sirva para ubicarnos y no dejarnos llevar por la vorágine triunfalista. Este equipo no invita a pensar que se puede hacer más en Rusia.

Por: Alina Escobedo