Cada vez que veo jugar a la Selección Mexicana de futbol me convenzo que no tenemos la mínima posibilidad de ser aquel equipo que nos promete que va llegar al quinto partido, incluso unos más locos que con sentido se atreven a decir que seremos campeones del mundo, pero con qué argumentos. En verdad, ¿todo es culpa de Juan Carlos Osorio? O solo es un escape para dejar caer sobre él todo lo evidente. ¿No creen que esto solo refleja la realidad del futbol mexicano?

Desde febrero pasado todas las empresas encargadas de marketing y publicidad comenzaron a lanzar todas sus campañas para vender productos e ilusiones. Pero todo lo armaron por lo menos un año atrás, todo fue planeado: ensalzar al aficionado de una ilusión, enamorarlo de un futuro utópico y después vender.

La mercadotecnia trata de que ciertos productos o servicios se conviertan en necesidades para el consumidor, ¿necesitamos la playera o viajar para apoyar a la Selección Mexicana?

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Apoco creen que es una casualidad que cada cuatro años salga el álbum PANINI y que suba de precio, la verdad es que aún así lo compramos. Es una casualidad que se oferten viajes, que la playera esté “bien bonita” o que contratemos un servicio de cable para no perdernos ningún partido. Señores, el mega evento deportivo llamado Copa de Mundo es un negocio enorme. El que más dinero produce y el que mejor se nos vende.

Es por ello que nos van a vender ilusiones, se nos contagia de ilusiones y hasta una novela nos ponen. Pero regresemos a la realidad, todo lo que vemos del equipo de futbol en el terreno de juego es el verdadero nivel que tenemos. Nuestra liga es una de las más poderosas de América económicamente.  Esto quiere decir que aquí se vende y se paga muy bien por el balompié, más no que tengamos un nivel de juego competitivo.

El entrenador juega a su modo, a su estilo, como le gusta y prefiere. No está para complacer, se le ponen objetivos y aunque no nos guste, hasta el momento está cumpliendo. Pero no le echemos toda la culpa a Osorio, él no nos vende la ilusión de ser campeones, él juega con la realidad, con los jugadores que México tiene y no con el futuro utópico que medios y marcas nos venden.

En uno de sus tantos ensayos dedicados al futbol, Umberto Eco menciona que una cancha nunca será invadida por ideologías, marcas o problemas sociales. Eso sí, fuera de ella en la mente de un creativo será utilizada para generar dinero.

Con esto no quiero implementar el clásico discurso chairo de que el futbol nos idiotiza. Yo soy un aficionado al futbol, pero cansado de la publicidad, del mensaje romántico de ser campeones del mundo. Como esencia el deporte del balompié es hermoso, como una recreación, como diversión. Pero cuando se da el paso al futbol profesional se convierte en un monstruo que es capaz engañarnos, ilusionarnos y lastimarnos.

El nivel de juego que el equipo mexicano tiene en la cancha es nuestra realidad, nuestra verdadero nivel de juego. Nos daremos cuenta de toda esta farsa cuando el equipo quede eliminado, cuando estemos decepcionados. Seamos conscientes y no nos engañemos de otro nivel de juego.

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No les quiero romper la ilusión, debemos disfrutar de la fiesta del futbol, pero nos haría bien alejarnos de los comentarios y de los grandes anuncios de las empresas deportivas.   

Señores, no nos engañemos. El futbol se divide en dos partes, la primera negocio, la segunda por afición. La afición nos lleva a creer el ilusiones y nos aleja de la realidad. Hay que tener en la cabeza que la Selección no es México, tan solo es un producto que se vende bien.