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Dinamo de Zagreb vs Estrella Roja de Belgrado: El partido que inició una guerra

El Dinamo de Zagreb vs Estrella Roja desató una guerra por la independencia croata y volvió a Zvoromir Boban en héroe nacional

Muchos estadios tienen estatuas erigidas en su exterior. Estatuas de entrenadores legendarios, jugadores entrañables o futbolistas destrozadores de récords. Sin embrago, hay una estatua que no es como las demás. Esa estatua la podemos encontrar en las afueras del Estadio Maksimir, en Zagreb, Crocia. La casa del Dinamo de Zagreb. Lo que esa estatua representa no es un entrenador o un jugador, sino a tres soldados con una inscripción que dice: “A los aficionados del club que empezaron la guerra con Serbia en esta cancha el 13 de mayo de 1990”. A lo que se refiere es a los eventos que ocurrieron durante el partido entre el Dinamo de Zagreb y el Estrella Roja de Belgadro. Un partido que ha pasado a la historia por una patada que Zvoromir Boban dio. Pero no a un balón o a un rival, sino un patada a un soldado y que inició una guerra.

Para comprender mejor el porque de este incidente, repasemos brevemente el contexto. Yugoslavia era un estado que se formó como tal al final de la Primera Guerra Mundial, uniendo muchos grupos con proximidad geográfica como croatas, serbios, eslovenos y montenegrinos. Esta mezcla identidades y nacionalidades se mantuvieron cohesionadas bajo el mandato de un hombre: Marshal Tito.

Tito fue el símbolo de unidad y sus políticas lograron que hubiera una coexistencia pacífica entre la diversidad que existía en Yugoslavia. Podríamos decir que Tito fue el arquitecto de la República Federativa Socialista de Yugoslavia y de una era que duró de 1943 hasta los albores de la década de los 90 cuando, tras su muerte en 1980, hubo una escalada en la tensión interna entre las diferentes entidades nacionales que formaban el país, las cuales se involucraron en una serie de conflictos y disturbios que finalmente terminarían con la disolución de Yugoslavia.

Durante los ’80s, mientras Yugoslavia se encontraba en la encrucijada sobre su futuro tras la muerte de Tito, el futbol era un medio de expresión cada vez más importante para el nacionalismo croata, quienes estaban hartos del centralismo serbio y de la supresión de derechos nacionales de Croacia. Para muchos aficionados, el estadio era la escenario ideal para manifestar sus frustraciones sociales y políticas. Con cánticos, banderas, pancartas y estandartes, los estadios se cargaban de una pesada atmósfera política, sobre todo después el triunfo de Franjo Tudjman en las elecciones para presidente del parlamento de Croacia. Tudjman era miembro de un partido de extrema derecha e independentista, y a la postre, sería el primer presidente de la historia de Croacia. Las tensiones estaban en su máximo nivel para el partido entre el Dinamo de Zagreb y el Estrella Roja de Belgrado del 13 de mayo de 1990. Un partido que cambió el mundo por las consecuencias que se desataron a partir de los incidentes ocurridos en el Estadio Maksimir.

Algunos aficionados del Dinamo de Zagreb eran ultra nacionalistas y se estaban preparando para servir en la milicia en caso de un conflicto armado para obtener la independencia. Su barra de ultras, los Bad Blue Boys o BBB, eran los más apasionados y muchos de ellos se unieron al ejército croata. Por su parte, los ultra del Estrella Roja de Belgrado, llamados Delije (héroes) eran un número considerable dentro de las fuerzas armadas serbias. Así que el estadio estaba llena de nacionalistas extremistas y de un sentimiento de odio que cargó la atmósfera de un sentimiento de tensa animosidad. A pesar de que hubo incidentes violentos entre ambos grupos de ultras antes del partido, tanto los jugadores del Dinamo como del Estrella Roja, saltaron la cancha para disputar el partido.

Pero no se pudieron disputar más de 10 minutos. Algún miembro de los Delije gritó: “Zagreb es de Serbia“. Esto provocó la indignación de los Bad Blue Boys, que comenzaron a lanzar piedras a los Delije. Estos, en respuesta, comenzaron a arrancar los asientos para usarlos como proyectiles. La violencia iba subiendo en nivel, y los Delije lograron destruir la valla que los separaba de los aficionados del Dinamo, desatando una batalla campal que trasladó a la cancha de juego, con las fuerzas policiales siendo testigos pasivos de los incidentes.

Los jugadores del Estrella Roja corrieron a refugiarse en los vestuarios, pero algunos futbolistas del Dinamo se quedaron para ayudar a sus aficionados, que eran agredidos tanto por los Delije como por la policía. Zvoromir Boban, el capitán con apenas 21 años, se dio cuenta que un BBB estaba siendo golpeado por un policía. Sin pensarlo intervino. Le propinó una patada para que el aficionado pudiera huir. Esta imagen se volvió icónica, al grado que Boban es considerado un héroe nacional en Croacia. “Ahí estaba, un personaje público listo para arriesgar su vida, su carrera y la fama que pudiera tener por un idea, una causa: la causa de Croacia“, declaró después de los incidentes.

Los refuerzos llegaron al estadio y usaron cañones de agua para dispersar a las hordas enfurecidas. Cuando por fin lograron contener la violencia, 117 policías, 39 aficionados del Estrella Roja y 37 del Dinamo resultaron heridos con más de 100 hinchas arrestados por los incidentes.

Boban fue suspendido por la Federación de Futbol de Yugoslavia por 9 meses, se perdió el Mundial de Italia 1990 y fue vilipendiado en Serbia. Al poco tiempo, dejó el país para enrolarse en las filas del AC Milán. Y, a pesar de su ilustre carrera, suele ser más recordado por la patada al policía por sobre todas las que le dio al balón.

Para muchos, estos incidentes en el Estadio Maksimir son el inicio no oficial de la Guerra de Independencia Croata, uno de los tantos conflictos que conformaron las Guerras Yugoslavas o Guerra de los Balcanes. Durante una década, de 1991 a 2001, alrededor de 140,000 personas perdieron la vida y millones fueron desplazadas de sus hogares. Seguramente Boban jamás imaginó que su reacción para defender a uno de los suyos tendría semejantes consecuencias. Probablemente ninguno de los que estaba en el estadio lo pudo suponer. No obstante, nos queda claro que un partido de futbol fue el catalizador de algo mucho más grande. El partido del 13 de mayo de 1990 comprueba que, para bien o para mal, el fútbol es más que un juego.