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La esperanza del Olimpismo está en París 2024 y Los Angeles 2028


Como se había anunciado con anterioridad, el Comité Olímpico Internacional ratificó a París para los Juegos Olímpicos de 2024 y a Los Angeles para la justa de 2028. No existía otra opción, eras las únicas ciudades que decidieron mantener su candidatura, fue un “ganar-ganar”, en palabras de Thomas Bach, presidente del COI.

Ambas localidades (junto a Londres) serán sede por tercera ocasión de unos Juegos Olímpicos y es que darle el evento a dos ciudades de primer mundo puede traer muchos beneficios para el Olimpismo.

Faltan siete años para que París llegue y el comité organizado ha afirmado que tiene lista la mayor parte de la infraestructura pues se usarán 26 de los recintos ya disponibles y se construirán 8 más que serán temporales con un presupuesto total de de 7, 947 millones de dólares para esta celebración.

 

Si bien es cierto, que los Juegos Olímpicos tiene una serie de retos que superar como la inclusión de actividades como los eSports y la disminución del interés del público en la justa olímpica, París y Los Angeles pueden implicar una mejora en diferentes ángulos para este evento deportivo.

Con miembros de 204 naciones, el Comité Olímpico Internacional tiene un mayor alcance que la Organización de las Naciones Unidas: 194 países integrados. No obstante, el máximo organismo deportivo no ha podido contribuir de gran forma a la «construcción de un mundo mejor y más pacífico» como está estipulado en la Carta Olímpica.

Durante los Juegos Antiguos, estas dos organizaciones mantuvieron un trato entre las naciones en conflicto, la llamada tregua olímpica tuvo su origen en Grecia y consistía en el cese de los enfrentamientos durante siete días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos y hasta siete días después de la clausura de los mismos. En la época actual la tregua solo es «una manifestación del deseo de la humanidad de construir un mundo basado en las reglas de la competencia limpia, paz y reconciliación», explica la ONU.

A pesar de que el Olimpismo fue explicado por Pierre de Coubertin como «un ideal de cultura, una vía de acción, de cambio y el entendimiento de los pueblos», el fenómeno ideológico no ha tenido una evolución positiva a lo largo de las justas olímpicas. El mandato de Bach se ha regido a partir del mismo principio que sus antecesores: «poner el deporte al servicio del desarrollo armónico del hombre» pero sin inmiscuirse en problemáticas de índole política, social, económica o religiosa.

Ahí es donde París y Los Angeles puedes ser una pieza clave para regresarle a los Juegos Olímpicos ese ideal. Paris se convirtió en el hogar de miles de refugiados, la ciudad abrió el primer campamento en 2016 para brindarles ayuda, sin embargo, en julio 2017 la policía francesa actúo con brutalidad para desalojar a las de dos mil inmigrantes argumentando que estos lugares “presentaban riesgos para la seguridad y la salud”, apenas el 25 de agosto se llevó a cabo una marcha parad denunciar el “acoso sistemático” a los inmigrantes.

Por otro lado, los Juegos Olímpicos llegan a una ciudad que ha sufrido por el terrorismo, los atentados ocurridos en la capital francesa en noviembre de 2015 dejaron un salgo de 130 personas fallecidas y un ambiente de terror.  Aunque la posibilidad de nuevos ataques es latente, y esto deberá mantener al comité organizador de los juegos trabajando para mantener la seguridad de los asistentes, la competencia olímpica es un símbolo de unidad, de solidaridad y paz para seguir demostrando que París fue “batida por las olas pero no hundida”, como se expresa en la divisa de la ciudad.

Los Angeles, por su parte, está cumpliendo con el objetivo olímpico de “construir un mundo mejor” si tomamos en cuenta que es la segunda ciudad con más indocumentados en Estados Unidos, el Centro Pew estimó un total de un millón 150 mil inmigrantes que son el 22% de la población total, y que además, el alcalde Eric Garcetti aseguró que las autoridades seguirían siendo tolerantes y darán la bienvenida a todas las personas sin importar las políticas del presidente Donald Trump.

El Comité Olímpico Internacional necesita voltear a ver las bases del Olimpismo y tomar las ediciones de 2024 y 208 de los Juegos Olímpicos para revertir la mala fama y la doble cara que mostró en México 1968 con la matanza de Tlatelolco, en Beijing 2008 con los protestantes del Tibet, Sochi 2014 con la represión a la comunidad LGBTTTIQA y en Río 2016 con la violación de derechos humanos y la contaminación.

Porque, como lo dijo el periodista argentino Maximiliano López, los Juegos Olímpicos son un espacio en donde se ve la resignificación permanente de cómo la gente, los grupos y las organizaciones se articulan y construyen, cómo los diferentes tipos de poder se relacionan e interactúan para incluir y excluir“.

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Adriana Barrón

Periodista. Deportes todo el día, todos los días. Cubro futbol femenil desde 2012. Fan del basquetbol. @adribarronr