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Juan Martín del Potro no puede ser un arquitecto


“La arquitectura ha sido siempre una profesión moralista y arrogante. Eso de que nosotros lo hacemos todo bien, pensando lo mejor para el mundo. Y siempre he considerado que era un aspecto muy desagradable”, describió así el multipremiado arquitecto holandés Rem Koolhaas a su profesión.

Juan Martín Del Potro no puede ser un arquitecto por más que él lo desee. Y es que de niño, el tandilense soñaba con diseñar los edificios más bellos de Argentina, pero la raqueta que le regaló una tía marcó su futuro.

Desde entonces, Del Potro construye su vida con arcilla, pasto y cemento, diseñando su vida al fragor de los golpes de la raqueta que lo han mandado varias veces al quirófano y de los cuales se ha levantado.

Juan Martín no es un hombre arrogante y mucho menos moralista, es un atleta que estuvo a punto de tocar el cielo de la ATP y después vio derrumbarse todo lo que construyó. Es discreto, humilde y entregado; un tenista que posee plata, bronce y el amor de un país, además del reconocimiento mundial.

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CONSTRUIR UN PARAÍSO

“La arquitectura tiene un motivo interior: la idea de crear un paraíso. Este es el único propósito de nuestras casas. Si no llevamos este pensamiento entre nosotros, todas nuestras casas serán más simples, triviales y la vida no será digna de vivir”, conceptualizó el finlandés Alvar Aalto, uno de los arquitectos más importantes del siglo pasado.

Al igual que la arquitectura, la profesión del tenis es algo que lleva una preparación metódica y mucha planeación, algo en lo que sólo las personas que tienen mucha pasión logran tener éxito en un mundo tan competitivo.

Desde pequeño, “Palito” (como llamaban a Del Potro sus amigos) se ilusionaba con las grandes proezas de los jugadores del Boca Juniors, el equipo de sus amores. Entre sus propósitos de vida estaba el pertenecer al club xeneize y convertirse en figura del balompié, ya que en cuestiones académicas estaba muy lejos de la excelencia.

“Era un desastre. Hacía todas las cagadas. Me gustaba mucho el futbol y estaba todo el tiempo pateando la pelota. La raqueta ni la tocaba. Me gustaba el colegio, pero cuando salía me iba con la pelota y los amigos a jugar al futbol”, comentó el tenista a El País.

Fue hasta los siete años que comenzó a practicar el deporte blanco en la provincia de Buenos Aires, Tandil, cuna de grandes tenistas como Juan Mónaco y Mariano Zabaleta. Desde entonces, la educación formal se convirtió en educación a distancia.

Juan Martín del Potro Arquitecto US Open Carrera Tandil

Largas eran las jornadas de prácticas que hacía Juan Martín junto a su entrenador Marcelo Gómez hasta que fue descubierto por el italiano Ugo Colombini, quien hoy en día es su agente y lo acompañó en las primeras etapas de su carrera como profesional.

Los viajes comenzaron a surgir a lo largo de Argentina y Sudamérica, Del Potro tuvo que alejarse de su familia, ahí fue cuando nació su dependencia al Internet. Hablar con su familia se convirtió en una adicción, más cuando la tragedia llegó a sus vidas.

“Tenía una hermana que murió hace muchos años, y creo que ella me protege desde el cielo. Ella tenía 8 años. Fue un accidente de auto. Yo tenía 5 o 6, por lo que fue mucho peor para mis padres”, confesó el tandilense a un diario de su localidad.

Guadalupe fue el nombre de su hermana, quien afirma que lo cuida y él le responde tras cada duelo disputado en las canchas de tenis con una señal de la cruz y una mirada al cielo.

Así, la creación de un paraíso, como mencionaba Aalto, comenzó en una superficie muy diferente al pasto del futbol o el cemento de las construcciones. Del Potro cambió sus referentes de Frank Owen Ghery, Norman Foster y Walter Gropius, por los tenistas Pete Sampras y Marat Safin.

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DISEÑANDO “LA TORRE DE TANDIL”

Eugene Viollet-le-Duc, escritor, arqueólogo y arquitecto francés del siglo 19 mencionaba que “la arquitectura es el arte de construir. Se compone de dos partes, la teoría y la práctica. La teoría comprende: el arte propiamente dicho, las reglas sugeridas por el gusto, derivadas de la tradición, y la ciencia… La práctica es la aplicación de la teoría a las necesidades; es la práctica la que pliega el arte y la ciencia a la naturaleza de los materiales, al clima, a las costumbres de una época, a las necesidades de un periodo”.

Profesa el dicho que “Roma no se construyó en un día”, al igual que la “Torre de Tandil”, mejor conocida como Juan Martín Del Potro.

Sus saques de hasta 237 kilómetros por hora, tiros de derecha de 150 y un revés a dos manos envidiable, ilusionaron a todo un país. La teoría recayó en que Del Potro estaba destinado a convertirse en el mejor tenista argentino de la historia.

Activo desde 2004, pero profesional desde 2005, a los 15 años firmó un contrato millonario con Nike y escaló del lugar 1047 al 5 en el ranking de la ATP en tan sólo cinco años.

Juan Martín del Potro Arquitecto US Open Carrera Tandil

Para 2009, “Delpo” ya rozaba el cielo. Se convertía en el tercer argentino en ganar un US Open (junto a Guillermos Vilas y Gabriela Sabatini) con apenas 20 años y derrotando a la máxima figura del tenis en el mundo, el suizo Roger Federer. Sí, ese mismo Federer que tenía al argentino de “sparring” previo a sus torneos Master 1000 hace algunos años.

La teoría se juntaba con la práctica. Casi 24 mil personas corearon su nombre y bailaron al ritmo de “Matador” de los Fabulosos Cadillacs en la superficie dura del Arthur Ashe en la “Gran Manzana”.

Un año después, el primer golpe a la construcción albiceleste. En 2010 una lesión en la muñeca derecha lo mandó al quirófano y a ocho meses de reposo tras alcanzar el puesto 4 en el ranking mundial. Este receso lo hundió hasta el peldaño 258.

“Pensé en retirarme, lo veía todo muy negro. Estaba deprimido. Lo único que hacía era comer y subir de peso, engordé bastante. No podía entrenar porque tenía un yeso que me llegaba casi hasta el hombro”, platicó el argentino para El Español.

En el deporte blanco todo detalle es importante, desde la tensión del encordado de la raqueta hasta el grosor de los calcetines. Estos son los que convierten una estructura en una obra de arte dentro de la arquitectura.

Así fue la recuperación del tandilense, mucho trabajo de kinesiólogo y rehabilitación lenta. Una vez más la edificación llamada Juan Martín volvía a estar en marcha.

Llegaron los Juegos Olímpicos de Londres y Del Potro volvió a sonreír. Conseguía una medalla de bronce que lo colocaba bajo los reflectores del circuito y dentro del top de tenistas en el ranking, aunque esto duró muy poco.

Primero le robaron previo a la Copa de Maestros en 2013 un regalo con tintes divinos. Su paisano, el Papa Francisco, le obsequió meses antes un rosario que le fue sustraído en París junto con una maleta. “Mi rosario bendecido por el Papa Francisco, que llevaba a todas partes. Es lo que más me importa”, platicaba a El País.

Después, una vez más las lesiones. “No quiero pelearme con el tenis, no quiero llegar a odiar este deporte”, confesaba apenas el año pasado, relatando la mala experiencia que sufrió cuando la muñeca izquierda necesitaba bisturí.

Tres veces más visitó el quirófano en los próximos años, lo construido por el albiceleste sufría de nuevo un golpe.

“La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, porque no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él el testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones”, escribió el Premio Nobel mexicano Octavio Paz.

Este arquitecto tenía que reinventarse nuevamente, volver a las camillas, reposos y depresiones. El “blue print” de su carrera no era el que en un principio anheló. Paciencia, abandonar su estrategia ante los rivales para dar prioridad a su recuperación. Entre 2014 y 2015 apenas disputó 14 partidos para después olvidarse del polvo de ladrillo y la superficie dura para concentrarse en el césped.

Es verdad que en ese periodo perdió mucha plata, la inactividad vació su cartera, pero le devolvió algo más importante, su autoestima y confianza.

Juan Martín del Potro Arquitecto US Open Carrera Tandil

La raqueta regresó a ser su aliada en 2016. Más inteligente y maduro. Ahora es el hombre que regresó el metal al río de la Plata.

Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro fueron el renacer de “Delpo”. Nadie lo mencionaba como un candidato al podio y desde que pisó la cancha brasileña mostró su nuevo diseño de tenista.

Primero el número uno del mundo, Novak Djokovic. Después el portugués Joao Sousa, el japonés Taro Daniel y el español Roberto Bautista. En semifinales dio cuenta de Rafael Nadal en una cancha convertida en “La Bombonera” de Boca Juniors.

El oro era muy ambicioso. Murray detuvo la construcción de una “Torre de Tandil” áurea para otorgarle la plata olímpica.

A pesar de encontrarse en el segundo peldaño carioca, Del Potro volvió a ser ese potente tenista de 1.98 metros de altura con saques arriba de los 200 kilómetros por hora. Un tenista que si bien luce inexpresivo durante el desarrollo de los partidos, se suelta en llanto con todo “match point”, gane o pierda.

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EL ARQUITECTO QUE DESEA SER

“La arquitectura se está convirtiendo de nuevo en parte integral de nuestra existencia, en algo dinámico y no estático. Vive, cambia, expresa lo intangible a través de lo tangible. Da vida a materiales inertes al relacionarlos con el ser humano. Concebida así, su creación es un acto de amor”, escribió Walter Gropius, uno de los hombres más importantes en la historia de esta profesión.

Juan Martín encontró lo tangible en lo que no lo parecía este año. Conquistó la plata olímpica y volvió sentir el pasto de Wimbledon tras 895 días. No es un acto de amor, es un acto de coraje que se ve reflejado en cada triunfo que logró en tierras cariocas, donde derramó más lágrimas que nadie.

El de Tandil coronó ese 2016 con el premio al Regreso del Año de la ATP y el Olimpia de Oro al mejor atleta argentino. En 2017 Del Potro es más constante, a pesar de no tener algún título. Hoy se encuentra en la posición 24 del ránking y sorprendió a mucho en su torneo favorito, el US Open, alcanzando las semifinales derrotando a Roger Federer (de nuevo), aunque terminó por caer a manos de Rafael Nadal.

Del Potro descansa en el campo junto a su familia. En una entrevista al diario La Nación comentaba: “el tenis es un deporte muy lindo para hacer, pero hay que tenerle mucho respeto, porque no es nada sencillo”. Y vaya que lo sabe el tandilense.

Juan Martín no abandona las pasiones que lo conquistaron antes que el tenis. Es delantero en el equipo de futbol en su pueblo, el “Para Que Te Traje FC”. Además reconoce: “mi pasión es la arquitectura. Es a lo que me voy a dedicar cuando termine mi carrera”.

No, Juan Martín del Potro no puede ser un arquitecto porque la profesión no te permite errores o fallas, es una ciencia exacta. El tenis y la vida han sido benévolos con él brindándole varias oportunidades para rediseñarse.

No, Juan Martín del Potro no puede ser un arquitecto de pluma y planos. Sin embargo, puede ser un arquitecto del tenis y diseñador de la estructura que es su cuerpo, demostró que puede volver a crear algo magnífico de unas ruinas y que puede planear el crecimiento de su carrera profesional nivelándola con su vida personal.

El tenis se ha convertido en esa pieza integral de su existencia, la que lo ha hecho figura en el sur del continente y ejemplo de superación. Del Potro no puede ser un arquitecto porque el deporte blanco necesita de él, de su historia y coraje.

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Ángel Mario Martínez

Periodista Deportivo, amante de las MMA, Kokiri por adopción y Friki con aspiraciones de ser maestro Pokemón @angelmariomtz