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#Otros deportes

Deporte y refugiados, una relación donde la humanidad sale ganando


Las personas refugiadas han encontrado en el deporte una forma de olvidarse de la violencia. Sin embargo, el esfuerzo apenas comienza.

Francotiradores, balas, bombas, sangre, hambre, abuso, ruinas, muerte, infierno. Palabras fuertes que ni siquiera con leerlas se puede entender todo lo que han sufrido los refugiados de diferentes países alrededor del mundo.

La situación problemática (por diferentes motivos) en varias naciones ha orillado a que sus habitantes se conviertan en refugiados en otros países, pero que gracias al deporte encontraron la mejor manera de hacer un cambio radical de 180 grados en su vida.

En el artículo 27.7.2 de la carta que rige al Comité Olímpico Internacional (COI) establece que solo los Estados autónomos pueden enviar a sus equipos nacionales a los JJOO, pero para la edición celebrada en Río 2016 esa regla fue alterada por una razón de peso: darle cabida a la delegación de Atletas Olímpicos Refugiados. Diez personas que lo que menos tenían en mente era ganar una medalla. Su propósito era decir “aquí estamos, pese a todo”.

“Nosotros queremos llamar la atención hacia la crisis de los refugiados”, comentó Sophie Edington, portavoz del equipo del COI, dejando claro que su presencia en Río iba más allá de competir o estar en el podio. Y sin ninguna duda lo consiguieron, porque el mundo los volteó a ver.

“Quiero llevar mi voz a través del deporte a todo el mundo, mi voz y la de todos los refugiados. Intentemos con el deporte crear un futuro mejor para todos”, comentó en Río de Janeiro Ibrahim Al Hussein un refugiado sirio en Atenas y atleta paralímpico.

Pero para poder mostrar el problema de las personas refugiadas no es necesario estar en un escenario de talla mundial. En ocasiones los pequeños esfuerzos bastan para hacer lo esencial, que es ayudar.

En Lucena, España, en noviembre de 2016 se creó una ONG para apoyar a personas que pedían protección internacional. A raíz de ese proyecto también nació un equipo de futbol sala, con el propósito de ofrecer “una oportunidad de ocio, un momento de diversión, evitar que piensen en unas historias personales muy duras”, de acuerdo a Javier Morales, responsable del departamento jurídico de Lucerna Acoge.

Sin embargo, el problema de violencia alcanza a todos por igual. Sean hombres, mujeres y, por supuesto, niños, que muchas veces no entienden lo que sucede a cabalidad pero que han sufrido y deben dejar sus casas para irse a otro país.

Pero incluso ellos, que no siempre tienen la posibilidad de ir a un marco deportivo internacional para mostrar su realidad, han encontrado en el futbol, y varios deportes más, la oportunidad de desarrollarse fuera del peligro. Como sucede en los proyectos de escuelas de balompié y basquetbol en el Líbano, las cuales reciben a miles de niños sirios con el propósito de ayudarlos a “desahogarse y elevar su autoestima”.

De acuerdo a ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), más de 60 millones de personas se han visto obligadas a dejar su país de origen para buscar nuevas oportunidades en otras naciones. Para fortuna de muchos casos, el deporte ha sido una ventana para la superación.

Sin embargo, se debe entender que la situación de los refugiados no se ha resuelto y aún falta mucho para que eso suceda. Es por eso que la delegación de Atletas Refugiados, Lucena Acoge y múltiples ONG’s alrededor del mundo han comenzando en un camino donde la importancia de sobrevivir y ayudar está por encima de ganar una medalla o un partido.

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Israel Rangel

@Is_Ran2106