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La familia de Héctor “Macho” Camacho ensució su legado boxístico


Si hay una pelea que generó expectación en México y que es recordada por todos los mexicanos que vieron pelear a Julio César Chávez Jr. es la que desarrolló en contra de Héctor Camacho, el Macho, quien se ganó cierto desprecio por hablar mucho y demostrar poco en el ring.

Pese a que en 1992 Julio superó con cierta facilidad al puertorriqueño, quien generaba poca estima en el público azteca, no se puede dejar de destacar lo que el púgil caribeño significó para el boxeo en general.

Con un estilo hacia delante y una rapidez muy característica, el Macho se ganó el mote de leyenda en su natal Puerto Rico. No por nada es parte del Salón de la Fama Internacional de Boxeo. Sin embargo, tras su muerte en 2012, todo el legado que dejó se fue por la borda con los problemas familiares y externos que se generaron.

Después del fallecimiento de Camacho (fue atacado a tiros en Puerto Rico), comenzaron a aparecer los problemas familiares, en primera instancia gracias a su madre María Matías, quien aseguraba que uno de los tres hijos que el boxeador había procreado con Amy Camacho (pareja del ex púgil) no era su nieto y alegaba para que se hicieran una prueba de ADN. Nunca le importó que su hijo hubiera aceptado a los tres y los haya cuidado en su momento, ¿a esas altura qué importaba si uno de sus vástagos era su sangre o no?

Tiempo después del fallecimiento del Macho, y como sucede en este tipo de casos, comenzaron a salirle hijos no reconocidos al puertorriqueño. De acuerdo a Héctor “Machito” Camacho, primogénito del ex boxeador, había dos personas más que aseguraban ser descendientes del fallecido. Uno radicaba en California y el otro en Nueva York, pero hasta la fecha no se ha comprobado que eso sea cierto.

Sin embargo, probablemente la falta de respeto más grande la haya dado su propio hijo, Machito, quien ha tratado de seguir los pasos de su padre dentro del boxeo. Pero así como sucede con Julio César Chávez, esta segunda versión tampoco fue buena.

Pese a su buen récord (56-6-1), de acuerdo a BoxRec, lo cierto es que Camacho Jr. nunca logró ni hacerle sombra a lo que su padre alguna vez consiguió. El gran momento del boricua se dio en 2002, en la pelea de campeonato contra James Leija. Con su padre en la esquina, el púgil recibió un cabezazo que le cortó el párpado, por lo que decidieron parar la pelea. La controversia llegó después, cuando el equipo de Camacho se enteró que iban arriba en las tarjetas, pidieron la suspensión del combate como artimaña para ganar el combate. Dicha acción fue mal vista y aunque continúo con su carrera, ese hecho lo dejó marcado.

A mediados del 2016 y manteniéndose aún activo, con variados problemas por el peso y su criticada ambición en el boxeo, Héctor Jr. aseguró que quería tener un éxito propio, sin atenerse al apellido que tenía encima.Se lo debo a mi padre, pero sobretodo a mí”, reconoció el púgil a sus 36 años y con una inconsistencia notable durante su carrera, donde del 2010 al 2016 solo sostuvo 10 enfrentamientos.

No, la vida de del Macho no fue la más ejemplar. Involucrado en temas de agresión familiar, drogas y su fanfarroneo constante antes de subir al ring lo dejaron marcado. Incluso, en el auto donde lo asesinaron fueron encontradas 10 bolsas de cocaína.

Él mismo se encargó de sembrar dudas sobre su persona, pero su familia, después de su muerte, fue capaz de hundir un poco más el legado boxístico que (como fuera) logró realizar a lo largo de 30 años de carrera profesional.

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Israel Rangel

@Is_Ran2106