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#Otros deportes

Izquierdazo a la homofobia, la resistencia que se vive en el deporte


Históricamente, los deportes han sido un escenario importante en la lucha para derribar estereotipos y prejuicios. La causa feminista y las batallas por la equidad racial nos han dado episodios sumamente emotivos y heroicos de reivindicación social: desde las mujeres que han desafiado un espacio que era eminentemente de dominio masculino, hasta la protesta de los afroamericanos en México 68 que dio visibilidad a la lucha por los derechos civiles. Hoy, la lucha es diferente y es en contra de la homofobia.

 

“Qué puto eres, ese pase iba para gol” .

Hombre de 35 años, juega la cascarita después del trabajo, está contento de tener un hijo varón para poder enseñarle a jugar fútbol.

 

De esta manera los estadios y pistas surgen como espacios de resistencia contra las injusticias y la discriminación. Sin embargo, eso no sucede con el último tabú del deporte: la homosexualidad.

Sabemos que tanto la orientación sexual como el amor por el deporte no son cosas excluyentes, pero si damos un segundo vistazo a la situación actual de los gays en el mundo de los atletas, de pronto, nos topamos con actitudes que podrían insinuar que sí lo son. En primer lugar, porque parece que el deporte más popular del mundo tiene una pelea directa con el colectivo LGBTTTI.

En las gradas de los estadios de fútbol aún escuchamos como truenos un insulto clásico: “puto”. Y aunque semánticamente el significado de la palabra en este contexto no tiene que ver directamente con la homofobia, muchos miembros de la comunidad LGBTTTI aún siguen sintiéndose ofendidos y es que, históricamente, esta palabra ha sido utilizada contra ellos.

No es ningún secreto que el culto al “macho” es la vara preponderante en la gran mayoría de los camerinos, donde palabras lascivas como “joto” o “maricón” pueden calar hondo en la autoestima de una persona.

El problema de la homosexualidad en el deporte es, esencialmente, un problema de género. Los deportes están usualmente asociados a una idea perpetua de la masculinidad y el ser gay puede significar perderla, aunque no tenga nada que ver la orientación sexual de una persona con la manera en que se desempeña en la cancha o con su gusto por cosas tradicionalmente “masculinas“ como los automóviles o las actividades físicas. Lo que es aún peor, sus sinónimos más cercanos giran en torno a palabras como “débil”, “suave” o “enfermo”. Mientras la sociedad no deje de asociar la virilidad como un antónimo de ser homosexual, poco se puede hacer para erradicar la discriminación.

Puto

La historia de los exiliados

En 2013, el portero alemán Manuel Neuer dijo conocer a jugadores gays en la Bundesliga, pero que por miedo al rechazo se mantenía en el armario. Neuer los invitó a salir y declarar su verdad sin miedo. Desgraciadamente la sociedad no ve compatible que un hombre heterosexual levanté la voz por los derechos LGBTTTI, por lo que al final su declaración fue tomada como la revelación de su propia homosexualidad. Nada más lejano a la realidad. Tal vez por casos como este, salvo por la excepción de Robbie Rogers (defensa del L.A. Galaxy), no hay jugadores de primera liga abiertamente homosexuales.

 

“Dale un balón y unos guantes de box para que no te salga maricón”. 

Hombre evangelista de 65 años, trabaja cargando bolsas para una cadena de supermercados.

 

En Europa, el caso más cercano a un jugador abiertamente homosexual es el del español Jesús Tomillero, quien se convirtió en el primer árbitro profesional gay. Desafortunadamente las actitudes homofóbicas que encontró dentro de la segunda división de la Liga Española lo obligaron a renunciar al fútbol. Desde su partida del balompié actores, artistas y activistas han demostrado su apoyo al ex réferi y han mostrado su total rechazo a la discriminación de la que fue víctima. No obstante, salvo por el guardameta Iker Casillas y el equipo Rayo Vallecano, ninguna personalidad del fútbol ha hecho comentario alguno sobre el incidente, pues casi nadie está dispuesto a comprometerse con una causa que puede significar el linchamiento público por parte de una horda de fanáticos educados en el ideal del “macho“.

Otros deportes tienen un poco más de suerte. En el Box, Orlando Fenómeno Cruz, peso pluma y actual número 44 en el ranking de los pesos ligeros según el sitio boxrec.com, defiende a capa y espada su orientación sexual sin mayores repercusiones en su carrera. Aquella mítica pelea en la que dejó en la lona a Jorge Pazos en Miami fue un gancho izquierdo perfecto contra las miles de personas que jamás imaginaron que un homosexual pudiera dominar en el universo de pugilismo. Contrario a lo que pregona la última campaña de Sylvester Stallone, a Cruz no le hace falta ver más “Bax”, pero a Stallone sí que le hace falta conocer más personas gays.

orlando

Un arma de doble filo

Hace un año Wenceslao Bruciaga propuso el hashtag #HomofóbicoNoTeTengoMiedo en su columna de Milenio para conmemorar el Día de la Lucha Contra la Homofobia, pero sin mucho éxito. Bruciaga es uno de los periodistas gays más polémicos y odiados del medio. Es fanático de los deportes, sobre todo del box y del fútbol, idolatra el punk y el rock pesado, y entre los muchos insultos que ha recibido de personalidades de la comunidad LGBTTTI destacan: hipermasculino, machista y misógino. Wenceslao se ha ganado insultos por comentarios como:

“Sería extraordinario ver a una jota desatada defender su derecho a torcerse a puño cerrado”

En el nuevo imaginario gay, refinado y sin miras a la violencia, esta clase de declaraciones no tienen lugar. Las nuevas generaciones que crecieron con los apapachos de lo políticamente correcto han situado a los homosexuales en una caja de porcelana, desempoderándolos y evitando que obtengan las suficientes armas para enfrentar el mundo exterior. Lo políticamente correcto ha terminado por confinar a los homosexuales a la fragilidad y a la indefensión. Si se es femenino uno está casi obligado a asumir un papel de víctima y atrincherarse en las descalificaciones con insultos tales como “retrógrada” e “ignorante”.

Cuando un hombre sale del clóset actualmente se encuentra con un idea de “lo gay“ que lo limita a ser de una cierta manera e impide que pueda explorar otras opciones de su personalidad.

La idea moderna de “lo gay“ parece estar peleada con la masculinidad de los deportes y asume sus estereotipos casi de forma canónica, haciendo que muchos homosexuales prefieran ver todas las temporadas de RuPaul’s Drag Race que un partido de básquetbol, sin saber que pueden hacer ambas cosas y que ninguna de las dos opciones contradice a la otra.

Tal vez sea momento de que los homosexuales salgan de su burbuja y demuestren al mundo que existen gays que pueden conectar golpes, patear balones, superar obstáculos, correr carreras, anotar goles y escribir sobre deportes igual e incluso mejor que una persona heterosexual. La homofobia no se detiene a menos que se le ponga un alto y nosotros somos el único freno.

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Axel Huémac

@soyunahiena