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#Otros deportes

Hooliganismo americano, la esencia de la afición de Filadelfia


Cuando pensamos en las peores fanaticadas del deporte, lo primero que se nos viene a la mente son los hooligans ingleses o recordamos imágenes como las de la hinchada de Boca Juniors rociando gas pimienta sobre jugadores de River Plate en la Copa Libertadores de 2015. Por esto y mucho más, los seguidores al futbol son considerados como los más rijosos entre los fanáticos de los deportes. ¿Entonces qué pasa con los aficionados en lugares no tan futboleros? ¿Son tan civilizados como la reina de Inglaterra en el court de Wimbledon?

En Estados Unidos, cuya cultura del futbol no está tan desarrollada como en el resto del continente, no se han reportado notorios desmanes ligados al balompié. Aunque eso no significa que los parques y arenas de los otros deportes de Norteamérica sean lugares apacibles. El vecino del norte es uno de los países con más fervor deportivo del mundo. En las grandes ciudades, los estadios de cualquier deporte están llenos por toda la temporada, año con año, y algunos de ellos tienen características especiales para hacerlos lo más ruidosos posibles. Los fans son muy creativos para mostrar su pasión y algunos de ellos lo hacen de una manera muy ofensiva, justo como los hooligans de los que mencionamos anteriormente. Sí esto no se da en el futbol, ¿Quiénes son los que juegan este papel en Estados Unidos? Continuamente son los fanáticos de Filadelfia, no importa de qué deporte se trate.

Se sabe de lo antipáticos que pueden llegar a ser los aficionados del “Black hole” de los Oakland Raiders y son famosos los disturbios que generan los campeonatos del deporte colegial. Pero el caso de Filadelfia es bastante peculiar. su fundador William Penn la llamó de esta manera debido a que en griego significa “La ciudad del amor fraternal”. Este significado parece una ironía si lo contrastamos con los estereotipos comunes de la ciudad. Desde un punto de vista histórico, la capital de Pensilvania tiene el honor de ser la ciudad donde se firmó la constitución de Estados Unidos, además de ser uno de los principales bastiones de la Unión durante la guerra civil. Sin duda, el motivo que enorgullecía más a los ciudadanos de Filadelfia era que su ciudad era considerada “El taller del mundo”, durante la época entre la guerra civil y las primeras décadas del siglo XX. Desafortunadamente, nada dura para siempre y “La gran depresión” llevó al declive a la ciudad del amor fraternal. Las fábricas cerraron y el desempleo creció a un ritmo alarmante, creando un ambiente de depresión y hostilidad, justo como vemos en la película Rocky. Rocky Balboa es el perfecto héroe aspiracional para un lugar como Filadelfia. “El semental italiano” es un sujeto de clase baja que vive con muchas carencias y de pronto una oportunidad le permite labrar su camino al éxito a punta de golpes. Hay un poco del carácter rebelde e indomable de Rocky en cada ciudadano de Filadelfia y el lugar que encontraron para mostrarlo son los estadios de la ciudad.

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Es cierto que existen rivalidades entre los fans de las diferentes ciudades de Estados Unidos, como la de los fans de Nueva York y los de Boston. Aun así, si preguntas a los aficionados en todo Estados Unidos qué ciudad tiene la peor fanaticada, es casi seguro que olviden sus rivalidades deportivas y contesten al unísono: Filadelfia. Y no es para menos, los fans de esta ciudad se han encargado de cultivar su reputación como la fanaticada más ruda en cualquier deporte gracias al desorden que provocan y los frecuentes abucheos inmisericordes, incluso a los miembros de sus propios equipos.

En abril del año pasado en un partido de playoffs, los Philadelphia Flyers de la Liga Nacional de Hockey (NHL) homenajearon a su dueño recién fallecido. Los fans decidieron que la mejor manera de rendir tributo era lanzar insultos a los rivales durante el minuto de silencio y arrojar objetos a la pista hasta casi suspender el juego. También se han dado casos de fanáticos invadiendo la pista de hielo para atacar a los jugadores contrarios. A pesar de ser un deporte menos violento, los fans del equipo de béisbol, los Phillies, no se quedan atrás. Situaciones infames como el sujeto que en 2010 vomitó intencionalmente sobre una niña de 11 años en el Citizens Ballpark son moneda corriente en este parque. En 1999 la fanaticada aventó pilas tipo D al entonces jugador de los St. Louis Cardinals J.D. Drew, la razón fue no querer jugar para ellos cuando fue seleccionado en el draft. En 2010, el primera base de los Phillies (sí, la víctima fue un jugador de los Phillies) recibió una lata de cerveza en la cabeza después de un intento fallido por llegar a primera base.

JD Drew Filadelfia Hooliganismo

Capítulo aparte para los seguidores de los Eagles de la NFL. La dirigencia del equipo decidió una celda en el viejo Veterans Stadium en 1998 para contener las frecuentes peleas que había en el estadio entre los fans, pero puede que esta medida haya llegado demasiado tarde. En 1983, dos asistentes lastimaron severamente a Zema Williams, mascota de los Washington Redskins quién tuvo que usar silla de ruedas el resto del año. Otra muestra de crueldad fue la ovación a la lesión en el cuello de Michael Irvin de los Dallas Cowboys, los fans festejaban cuando sacaron en camilla al receptor estelar del odiado rival. Esta lesión terminaría con la carrera de Irvin. Aunque nada se compara al gran punto de inflexión, la máxima muestra de rudeza. En el invierno de 1968, los Eagles estaban recibiendo una paliza de parte de los Vikings. Al medio tiempo, los furiosos fans decidieron que quien pagaría los platos rotos sería el gran ícono festivo de la cultura americana, Santa Claus. El nativo del polo norte recibió un sonoro abucheo, seguido de una lluvia de bolas de nieve. Un día que Santa jamás olvidará.

Zema Williams Filadelfia hooliganismo

Los abucheos son parte de la cultura deportiva de Filadelfia, al grado que algunos jugadores los sienten cómo halago. Ellos comprenden que el abucheo es la firma de una sociedad exasperada de su propia realidad y que encuentra en el deporte una válvula de escape que les impide explotar. El uso de la violencia no es justificable, pero el contexto social decadente de la ciudad lo hace más comprensible. Esta forma de canalizar su descontento social les ha dado otro motivo de orgullo: Ser la fanaticada más ruda de los Estados Unidos.

Por: Salvador Briseño

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Redacción Los Pleyers

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