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#Luchas

El cartel y la melancolía que acompaña la lucha libre mexicana


Si hay un deporte que puede ser llamado “arte” ese es la lucha libre mexicana. Las llaves, lances, máscaras y la propia afición hacen del pancracio una actividad única a nivel mundial. Sin embargo, hay un elemento más que ha viajado junto a esta disciplina desde sus inicios y que puede ser considerado una de las parte más artísticas de todas: el cartel.

Aunque los carteles existen desde que nació prácticamente la imprenta, en la década de los años 40 del siglo pasado en México, comenzó a utilizarse como una herramienta de promoción para eventos dedicados a la mayoría de la población y, por supuesto, la lucha libre era uno de ellos.

Sin embargo, aunque las décadas pasan y la tecnología es el “pan de cada día” en el siglo XXI, la manera antigua de hacer la publicidad se mantiene vigente si se trata de dar conocer cuándo, dónde y quiénes participarán en el arte del pancracio.

Una de las “dinastías” que se mantiene dentro de esta labor es Flores Impresores o mejor conocida como la “familia Payol”, una pequeña empresa que se ha mantenido dentro del negocio de la creación de carteles de lucha libre por 30 años y que ayuda a mantener viva una de las tradiciones más longevas como el propio deporte en sí, pero afuera del cuadrilátero.

Y es que gran parte de la magia que tienen los diseños de los carteles radica en que, como muchos de los oficios, fueron aprendidos y especializados durante la “marcha”, antes de que la gente pudiera tomar clases de diseño, aunque comentan en el documental “Sensacional de Diseño Mexicano-Explosivo Cartel de Lucha Libre”, producido por Once TV México, que eso no asegura la buena creación de una publicidad, sino la experiencia que se tenga.

El “arte” de un cartel, como los que producen Flores Impresores, toma un plus si se considera que es un trabajo a mano, el cual necesita de mayor atención y detalle, ya que si hay un error, el proceso se debe repetir, pues no es tan fácil como apretar la tecla de “borrar” para solucionar el problema.

El tipo de cartel que se hace para la lucha o el box, ese que se puede ver en los postes de luz, es mejor conocido como “cartel de manta”, el cual tiene como características principales que se hace manualmente y con bloques de metal o madera (como en sus inicios) y en una medida promedio de 80 centímetros de ancho por 60 de alto.

Pero para que el trabajo de la publicidad quede realmente terminado debe llegar a los más importante: el público y para eso, es necesario el trabajo de la gente que sale por las noches a pegarlos o el repartidor de volantes. De acuerdo a Ivannia Moreno, promotora de la Arena Naucalpan (en entrevista para el documental de Once Tv México), 50% de la ayuda para promocionar sus eventos radica en el cartel (10 mil) y volantes (ocho mil), dejando claro la importancia de su manufacturación, todavía, para la lucha libre mexicana.

Sí, por más que la tecnología siga avanzando y sea parte de la promoción de la lucha libre, lo cierto es que a los carteles de siempre no se les puede sustituir, pues la gente está plenamente identificado con ellos y los reconoce en la calle, como ha sucedido desde los años 40, para poder saber cuándo estarán sus gladiadores favoritos en acción.

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Israel Rangel

@Is_Ran2106