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#Futbol

Oaxaca levántate, el futbol te da una oportunidad


Antes de comenzar este texto quiero aclarar que hoy no hablo como periodista, hoy hablo como aficionado al futbol, como ferviente seguidor de Alebrijes, seguidor de la Liga de Ascenso, pero sobre todo como oaxaqueño. Porque como periodista mi discurso sería distinto.

Cuando estaba por escribir esta carta me vinieron muchos recuerdos a la cabeza, decidí tomar un momento y preguntarme, ¿cómo ha sido el futbol oaxaqueño? La cosa no ha sido nada fácil, primero estuvieron los Chapulineros, nunca tuve la oportunidad de verlos, pero sí de jugar y convivir con ellos muchos años después de aquella hazaña en donde le dieron al estado el único campeonato, uno en la Segunda División. En Oaxaca siempre hemos vivido de recuerdos en el balompié, así ha sido a lo largo de la historia, porque lamentablemente no existen otras anécdotas que contar.

Los pasos del futbol en Oaxaca han sido efímeros, sin identidad, sin compromiso y aquí recuerdo algunos proyectos que llegaron y en poco tiempo se fueron: Grupo Pegaso y Cruz Azul, ambos en la entonces Primera “A”. En la Segunda División hubo varios que pasaron sin pena ni gloria. Pero en 2012, llegó una noticia que cambiaría el semblante de varios oaxaqueños.

Al final de dicho año, en el Palacio de Gobierno, se anunciaba que la entidad volvería a tener futbol en la Liga de Ascenso, esto después de casi 7 años sin equipo en la categoría. Los encargados serían la familia San Román, empresarios de Tecamachalco que encontraron en Oaxaca una oportunidad para colocar a su equipo que recién había ascendido de la Segunda División.

De inmediato la afición se comenzó a relacionar. Primero el Gobierno y los empresarios hicieron una votación para elegir el nombre del equipo. Después un concurso para que las mismas personas diseñaran el logo de la institución, finalmente visorias para captar talento y relacionarlo con el club. Lo mejor, Oaxaca tendría un estadio nuevo que representaría la arquitectura prehispánica de las ruinas de Monte Albán. Así transcurrió el tiempo, hasta que llegó el debut del equipo.

El histórico estadio Benito Juárez fue testigo de esa mágica tarde. Sin nombres, pero con hombres, Alebrijes hizo su presentación ante la afición que abarrotó el inmueble. Recuerdo que ese sábado Oaxaca derrotó a San Luis. Las personas conocieron a Gustavo Ramírez, delantero que se convirtió en el referente del equipo, la primera figura de los Alebrijes. Esa temporada fue fantástica, el equipo llegó a semifinales de liga y alcanzó una final de Copa MX que disputó contra Tigres.

Previo a la final, el estado se paralizó, a mí me tocó estar de reportero en la cancha y una sensación de adrenalina recorrió todo mi cuerpo. El equipo comenzó perdiendo por dos goles a cero, todo parecía perdido hasta que algo sucedió. Jesús “Churpias” Moreno, Raymundo Torres y Danny Santoya se encargaron de darle la vuelta al marcador. Vi cómo la gente bailaba, gritaba y cantaba. En un momento sentí que el estadio se iba a caer, era impresionante lo que estaba sucediendo, ese día Oaxaca no durmió.

Pero no todo tenía que ser tan bueno, hubo complicaciones. Oaxaca es un estado tan rico culturalmente y con tantos problemas sociales que terminaron por invadir al futbol. Durante la construcción del nuevo estadio, varios grupos irrumpieron las labores para exigir al gobierno que cumpliera sus exigencias y otros para hacerle saber a la sociedad que lo último que Oaxaca necesitaba era un estadio de futbol financiado por el erario público. Tienen razón, porque la edificación del inmueble que duró más dos años implicó desvío de recursos.

Es verdad que el Gobierno de Oaxaca tiene otros problemas más importantes que atender. Pero en un principio se desviaron 200 millones de pesos del programa Fonregión para construir el estadio. Dinero que es asignado para combatir la pobreza en los 10 estados del país en los que más se presenta esta problemática.

Al final se construyó, la cifra invertida se amplió a 332 millones de pesos. La inauguración fue a principios del 2016, esa fue la última vez que el estadio se llenó. Hay que saber que en Oaxaca la gente sufre para conseguir el pan de cada día, es un estado atropellado por tantos problemas que el futbol sirve como bálsamo, como una forma de diversión, para olvidarnos de todas las injusticias y desigualdades que se viven en la entidad en estos momentos. Por eso es que la gente se alegra porque el equipo llegó a la final.

Siempre he dicho que en Oaxaca la afición es villamelona, pero es que influyen otros factores en un aficionado reprimido. El seguidor cree que en cualquier momento el equipo se va a ir, el aficionado prefiere ahorrarse 100 pesos para algo que seguramente servirá y no para ir a un partido de futbol. Esos villamelones que ahora están dispuestos a gastar 200 pesos (que con trabajo ganan) para apoyar al equipo a la final.

Oaxaca, paisanos, creanme que hoy esos 200 pesos valdrán la pena. Porque este año ha sido difícil, un desastre natural que afectó económicamente y sentimentalmente. Hoy necesitamos felicidad, aunque sea por dos horas, el futbol nos la puede dar. No importa que después tengamos que regresar a la normalidad. Al principio dije que el futbol en Oaxaca vive de recuerdos, pues escribamos una nuevo.

Así como ustedes yo también me ilusiono. Como muchos le veré desde lejos, porque en estos momentos el futbol me hace recordar lo orgulloso que estoy de ser oaxaqueño. Disfrutemos de este momento, creansela, ¡Oaxaca está en una final!     

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Jair Toledo

Reportero deportivo en busca de datos y la realidad. Conocedor del futbol amateur, tercera división, segunda división y Ascenso MX. Oaxaqueño de corazón... @jaairzon