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#Futbol

Gustavo “Gusano” Nápoles y la carrera exitosa que duró 30 minutos


Hay futbolistas que necesitan una buena actuación para ser recordados toda la vida. Una tarde para redondear toda su carrera. Ni más ni menos, sólo lo justo.

Gustavo Nápoles no necesitó más que un juego para convertirse en una leyenda, no del futbol mexicano pero sí de las Chivas.

El Gusano nació en Monterrey y debutó en 1991 con los Tigres. Su carrera se mantuvo silenciosa, sin sobresaltos,  hasta 5 años después, cuando las Chivas lo contrataron.

En 1987 el Rebaño se había coronado, 10 años después tenían una cita con el tiempo y con la afición. Un campeonato por década, el Club Guadalajara sabe dosificar la felicidad.

En 1997 los rojiblancos disputarían una final con el equipo sensación del torneo, Toros Neza. Enrique Meza dirigía a los del Estado de México; Tuca Ferreti a los de Jalisco. Neza no tenía nada que perder; Chivas lo apostaba todo. La tradición y la historia eran una bota que aplastaba el cuello del Guadalajara.

En el Verano 1997 calificaban los primeros dos equipos de cada grupo. Toros Neza lideró el Grupo 1 con 30 puntos y Chivas, con 34, el Grupo 3. Nápoles terminó el torneo con 9 goles. Compartió el quinto lugar de la tabla de goleo con el “Fantasma” Figueroa, del Morelia.

En los Cuartos de Final Chivas goleó 6-1 a Santos y el Gusano no apareció; en las Semifinales el Guadalajara empató a un gol con el Morelia y Nápoles tampoco llegó. La historia de Gustavo empezó en el minuto 50 de la Final y terminó en el 82.

El Gusano depuró los minutos y los momentos. Media hora le bastó para firmar su nombre en la historia del club rojiblanco. Un partido para lograr lo que muchos no han podido en años. El destino decidió que Nápoles fuera un hombre de un solo instante.

El 1 de junio de 1997 Gustavo tocó la cima: “Fue el momento cumbre de mi carrera, tuve la fortuna de ser campeón una vez y me atrevo a decir que con el mejor equipo de México”.

Un puñado de buenas actuaciones o un partido clave con cuatro goles. La dosis que la vida eligió para Gustavo fue la de un adicto que no se guarda nada. Lo consumió todo, no supo dosificar.

“Una noche antes batallé para dormir, existía el pendiente por una molestia en una costilla que tenía fisurada. Al Tuca no le gustaba tener jugadores infiltrados. Hablé con el doctor, se brincó la orden y pude jugar”.

Arrancó la final y no pasaba nada hasta el minuto 50 un remate a gol de Alberto Coyote que Nápoles anotó. Aquella jugada abrió el camino de Chivas para conseguir el campeonato número 10 y también inauguró el hito del Gusano.

Después la lluvia de goles, dribles de Gustavo en el área y banderas agitándose en el estadio. El jugador de las Chivas con el 10 en el dorsal hizo lo que quiso. El primer jugador en meter 4 goles en una final de la Liga Mexicana.

El éxtasis inhibe el dolor, la costilla fisurada no estorbó en los festejos. El pasto lo hizo rebotar en cada gol. El Gusano sembró y cosechó su carrera en un solo juego.

“Quería ser campeón, era mi sueño de toda la vida. No sabía si iba a tener otra oportunidad de volverlo a ser y no me tocó otra vez”.

Parece que el Gusano pidió una tarde maravillosa para que su equipo ganara una final, a cambio le pidieron su carrera y aceptó. Deambuló en otros equipos de la Liga Mexicana, incluso probó suerte en Ecuador. Jamás volvió a tener otro encuentro parecido. Su retiro llegó en 2007; después de aquél 1 de junio nadie se atrevería a reprocharle algo.

Un cometa que se apareció en Jalisco, en 1997, y nunca más volvió.

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Otto

@ceroceromx