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#Futbol

Desde esa noche de 1999, la magia no ha acompañado a México


La resaca de aquel 4 agosto duró semanas y esa magia no ha regresado a la Selección Mexicana

Hasta antes del año 1999, México no hizo nada importante en competiciones internacionales de futbol, de hecho venía de un castigo por “cachirules” y un mundial en Estados Unidos 1994 manchando por una eliminación en penales. La cuarta versión de la Copa Confederaciones llegó a nuestro país y con ello una nueva esperanza con una selección joven.

El torneo realizado entre el 25 de julio y el 4 de agosto convirtió a la Ciudad de México y al estado de Jalisco en las dos sedes que por días tuvieron a las mejores selecciones de cada confederación, aunque algunas de ellas no llevaban a sus mejores hombres, México sí lo hizo y comenzó su andar en el torneo propinando una goleada a Arabia Saudita, un empate ante Egipto y victoria ante Bolivia. Una fase de grupos semi perfecto que ilusionó a cada mexicano, paró las jornadas de trabajo, los bares se llenaron y hasta las calles se unieron a algo que parecía posible.

Hasta ese momento las selecciones más espectaculares fueron México y Brasil, ambas consiguieron goleadas jugando de forma ofensiva y con dos referentes: Cuauhtémoc Blanco y Ronaldinho Gaucho, ambos orquestadores de un futbol atractivo que ponía el sabor. Por un lado Blanco mostró sus habilidades driblando y valentía para ir por cualquier balón, mientras Ronaldinho era espectacular, rápido, con drible y lo mejor con un golpeo de balón envidiable.

El “Temo” era la estrella de ese equipo y lo demostró contra los cariocas, quizá pase mucho tiempo para que volvamos a observar la final de algún torneo avalado por la FIFA que disputen México y Brasil en el Estadio Azteca. La noche del miércoles 4 de agosto, cientos de oficinistas salieron temprano de su trabajo, las escuelas vespertinas suspendieron clases, los amigos se reunieron, todo por la final de la Copa Confederaciones que tendría su epicentro en la Ciudad de México.

 

El árbitro dio el silbatazo inicial y comenzó lo que sería una noche soñada para el futbol mexicano, el resultado ya lo sabemos, los goles los recordamos y hasta el jarabe tapatío que Cuauhtémoc bailó en el tiro de esquina lo aprendimos. Esa noche fue mágica, nadie lo podía creer, por fin la selección obtuvo un título y ante Brasil, las calles de la ciudad eran una fiesta, los taxis pintados por un gris y verde no dejaban de sonar sus bocinas, el miércoles se convirtió en sábado y la resaca de aquella final duró una semana.

Al siguiente día, el jueves, todos querían comprar el periódico. El Ovaciones y ESTO fueron los preferidos, todos tenían en portada aquella foto de Jorge Campos deslizándose hacia el trofeo y el resto del equipo detrás de él. Esa página era digna de enmarcar. Esa misma noche en el noticiero con Guillermo Ortega se le dedicó a la selección, los reportajes de festejos y  entrevistas, todo fue futbol.

Después, Rafael Márquez emprendió su viaje a Mónaco y se convirtió en uno de los referentes del futbol mexicano, los reflectores también voltearon hacia Cuauhtémoc Blanco que un año después iría al Valladolid de España. Todo se confabuló y desde aquella noche la magia no ha acompañado a la Selección Mexicana.  

 

 

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Jair Toledo

Reportero deportivo en busca de datos y la realidad. Conocedor del futbol amateur, tercera división, segunda división y Ascenso MX. Oaxaqueño de corazón... @jaairzon