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#Futbol

Mundial de Francia 98, un golpe directo a la melancolía


Francia 1998 es un Mundial grabado en el recuerdo de los aficionados. México, su uniforme, Zidane, Ronaldo y hasta la música. Todo influyó para hacer de este campeonato uno de los preferidos.

El mundo ha visto un total de 20 Copas Mundiales hasta la última edición en Brasil 2014. Buenos, malos, regulares. Ha habido de todos sabores y colores, pero para muchos hay uno que está en un lugar especial: Francia 1998.

Es difícil decir que un Mundial fue mejor que otro, hay varios factores a considerar, pero sin duda el celebrado en tierras francesas tiene un significado especial. Para empezar, basta con decir que fue el que despidió al siglo XX.

Para los mexicanos esa justa mundialista está llena de recuerdos, muchos de ellos positivos, al menos hasta la eliminación contra Alemania en los octavos de final, pero antes de hablar de partidos, goles o figuras, es pertinente recordar esa playera con la enorme Piedra del Sol (o calendario azteca) al frente. Seguro muchos aún la tienen en su armario.

Y es que puede ser la más bonita o no, pero de que representaba a las raíces mexicanas y causaba empatía entre los aficionados, eso nadie lo puede negar. Incluso es considerado uno de los mejores uniformes que ha portado una selección, por su significado cultural. México en ese Mundial, desde la vestimenta, ya estaba haciendo historia.

Ahora sí, en lo correspondiente a futbol, la selección azteca también dejó postales para el recuerdo. El debut triunfador contra Corea del Sur era un presagio de lo que venía, pero cuando la pasión realmente se hizo notar fue cuando los dirigidos por Manuel Lapuente se vieron las caras ante Bélgica, específicamente con el gol de Cuauhtémoc Blanco.

En la memoria de los aficionados está esa buena jugada iniciada por Jesús “El Cabrito” Arellano, continuada por Ramón Ramírez y finalizada con un gran recurso de Blanco con su pierna izquierda, además de la hoy característica narración de Raúl Orvañanos que se dejó la garganta al cantar esa anotación. Ese 2-2 regresaba las esperanzas al conjunto tricolor.

Sin embargo, a la misión de la Selección Mexicana en la fase de grupos aún le esperaba el rival más complicado: Holanda, equipo que podía deshacer las ilusiones aztecas y arruinar el pase a los octavos.

La situación era tan poco alentadora que medios como La Afición titularon “A rezar”, conscientes de que México no era favorito y su participación en Francia 98 podía terminar, pero fue en ese partido cuando unos nuevos héroes nacionales surgieron en un campo de futbol.

Con quince minutos por delante, antes de que terminara el encuentro, Lapuente y sus pupilos perdían dos a cero, hasta que aparecieron Ricardo Pelaéz y, literalmente en el último suspiro, Luis “El Matador” Hernández para hacer el empate a dos goles y acceder a la siguiente ronda.

“Fue el partido de mi vida”, esas son las palabras con las que Luis recuerda aquel juego contra la Naranja Mecánica.

Por desgracia todo sueño acabó unos días después, cuando el Tri sucumbió ante Alemania en octavos de final, pese haber marcado primero, de nueva cuenta gracias a El Matador. Sin embargo, el recuerdo de esos goles, los buenos jugadores y hasta las playeras se mantienen como unos de los elementos más recordados de una selección en un Mundial. ¡Qué tiempos aquellos!

Pero Francia 98 no sólo fue México, eso está claro. Ese Mundial sirvió para ver los inicios de un ídolo y la madurez de otro. Esa justa mundialista fue la indicada para ver jugadas fenomenales, que hasta parecían magia. Ese fue el campeonato de Ronaldo Nazário y Zinedine Zidane.

Por un lado, el brasileño encontró en esa justa mundialista la eclosión de su carrera por completo. Marcó, asistió y ayudó a Brasil para llegar a la final. En esos momentos, Ronaldo dio muestras de peso del por qué era El Fenómeno. Fue el despertar de uno de los máximos referentes del futbol mundial contemporáneo que maravilló durante varios años más.

Por desgracia para Ronaldo, ese no iba ser su Mundial. La Copa de Francia 1998 estaba destinada para terminar en las manos de un mago. Del Mago francés: Zinedine Zidane, quien a los 26 años se encontraba en plenitud total en su carrera futbolística y que coronaría con dos goles en la final, contra Brasil.

Esa Copa Mundial fue de Francia, pero principalmente de Zidane, que la comandaba. Fue el momento de gloria máxima de uno de los últimos grandes ídolos que ha dado el balompié mundial y del que todavía se extrañan sus trucos de magia en las canchas .

Y bueno, por si quieren el dato de espectáculos, cabe decir que Ricky Martin fue el intérprete del tema oficial de ese Mundial, con su famosa canción La Copa de la Vida, que hay que reconocer, es una de las mejores que se recuerden. Sinceramente.

Sí, Francia 1998 quizá no sea el mejor Mundial. Quizá sí. Pero no cabe duda de que ha sido una de las ediciones favoritas para muchos y que aún está en la memoria. Ya sea por México, Luis Hernandez, Zidane, Ronaldo o Ricky Martin.

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Israel Rangel

@Is_Ran2106