Si en el mundo del futbol hay un tipo ególatra por naturaleza (o creado, da igual) ese es Zlatan Ibrahimovic. Para el recuerdo queda esa entrevista en la que el sueco respondió que solo Dios sabe quién es el mejor jugador del mundo, “difícil preguntarle” contestó el periodista, “estás hablando con él ahora”, replicó el ahora delantero del Galaxy de Los Angeles, ganándose el aplauso del mundo del futbol.

Lamentablemente para él, esa es una de las pocas formas por las que será recordado, por la altanería, porque de sus grandes logros en la cancha quizá no tanto, porque no es el gran futbolista que ha tratado de hacerle creer al mundo.

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Si a Cristiano Ronaldo se le ha ‘reprochado’ que le puede competir a Messi en el plano individual solo por su capacidad goleadora, a Zlatan se le puede recriminar hacerse de un lugar en el futbol contemporáneo gracias a un ego que los aficionados le han aplaudido y comprado.

No vamos a decir Ibrahimovic es un jugador del montón, claro que no, pero está a años luz de ser Dios, como dice, y muy lejos de un Zidane, Ronaldo, Lionel Messi o el propio Cristiano Ronaldo. Y sus números en el campo lo demuestran.

Durante casi 20 años de carrera, el sueco ha vestido las playeras de ocho equipos diferentes, seis de ellas con un gran peso histórico (el PSG aún no entra en esta estirpe), y solo en dos es recordado como una verdadera ‘leyenda’. Uno es el Malmo, solo porque debutó ahí y puso en el mapa al club; el otro es el Paris Saint-Germain, donde fue la punta de lanza en el cambio del cuadro parisino después de que sus ‘nuevos’ dueños lo compraran. Ahí tenía el récord del mejor goleador en la historia, pero ahora ya ni eso, gracias a Edinson Cavani.

En el resto de los equipos: Ajax, Juventus, Milan, Inter de Milan, Barcelona y Manchester United, Zlatan hizo su trabajo, cumplió de una buena forma, aunque quedó lejos de ponerse a la altura de los mejores jugadores (y goleadores, su tarea principal) de los respectivos clubes.

Incluso en el cuadro culé terminó peleándose con Pep Guardiola, una riña que se mantiene hasta la fecha y que le ayuda a mantenerse vigente cuando lanza declaraciones espinosas sobre el técnico español.

En plano internacional, a nivel de clubes y selección, Zlatan tampoco tiene mucho por presumir, de hecho nada. Ha jugado Champions League con siete conjuntos diferentes (exceptuando al Malmo) y con ninguno puede decir que levantó la Orejona. Es evidente que no es su culpa del todo, pues es un trabajo de equipo, pero siendo Dios, quizá hubiera ayudado un poco más.

Con la camiseta de Suecia puesta, Ibracadabra estuvo en dos Mundiales (2002 y 2006), donde siendo muy joven poco pudo demostrar. Sin embargo, en el momento más importante cuando ya era la figura, el líder, falló.

En las eliminatorias rumbo a Brasil 2014, la selección sueca se jugó su pase a la máxima justa en el repechaje contra la Portugal de Cristiano Ronaldo. Era el momento de que Zlatan demostrara estar a la altura de ese jugador que ha hecho menos en ocasiones, como cuando dijo que era producto del trabajo y algunas luces o refiriéndose a él como “el otro Ronaldo”.

El día del encuentro decisivo, el astro del Real Madrid ganó la batalla con un hat-trick y dejó a Ibra fuera del Mundial. Días después el sueco dijo: “una cosa está clara: no merece la pena ver un Mundial sin mí”, escondiendo el fracaso atrás de su palabrería que los aficionados volvieron a celebrar. Curiosamente, cuatro años después y sin él, Suecia sí estará en la máxima competición.

En realidad Zlatan vive de muy poco en la historia del futbol: títulos (colectivos e individuales) en Francia con un PSG que domina los torneos locales, pero que en Europa defrauda (con o sin Ibra); algunos goles de gran manufactura (como el que hizo contra Inglaterra), su soberbia dentro y fuera de la cancha, y poco más del delantero sueco.

Ya se dijo, sus habilidades son de jugador diferente y las plasmó varias veces, pero en realidad lo que lo mantuvo a flote para considerarlo un jugador ‘de época’ fue la egolatría, el venderse/creerse como un Dios y la gente que le compró su discurso, porque en el campo sus resultados fueron simplemente buenos, a secas.