WWE en México: el espectáculo en el que hasta los ‘pancakes’ causan furor

La WWE estuvo en México y confirmamos que sí es el espectáculo de lucha libre más grande del mundo.
Imagen: WWE.

Llegué a la Arena Ciudad de México con solo dos nombres a cuestas: Rey Misterio y Andrade “Cien” Almas. Era la primera vez que acudía a un evento de la WWE. Tampoco había resistido más de una hora frente a la televisión viendo una función de la empresa.

Por el contrario, a la Arena México he ido varias veces. Me siento cómodo entre los puestos llenos de máscaras coloridas y muñecos de plástico con rebabas. No hay mexicano (que se precie de serlo) y que no tenga en su casa una máscara y un luchador. Crecemos con la Lucha Libre, es una regla.

Con la WWE es distinto, el merchandising del wrestling tiene su columna vertebral en las playeras estampadas con frases representativas de los que no ocultan su identidad. Los aficionados mexicanos marchan con un cinturón lleno de “diamantes” colgado en el hombro, guantes y muñequeras.

Pregunto a los feligreses por su luchador favorito y no conozco a ninguno: Seth RollinsFinn Balor, Drew McIntyreDean Ambrose. Entraré a ciegas a uno de los espectáculos deportivos más impresionantes de los recientes años. Como puedo reviso la cartelera y me contagió del entusiasmo de los que se arremolinan en la placa de la CDMX para tomarse una foto.

The New Day y Rey Misterio (Imagen: WWE)

—¿Qué significa para ti que la WWE venga a México?

—Ay no, voy a llorar. Vengo desde Tamaulipas, para mí es todo. Es mi pasión, mi vida.

La joven a la que se le ponen vidriosos los ojos ante la pregunta me responde, agradece y corre a los torniquetes. No se quiere perder ni un solo segundo de lo que pasará ahí adentro.

Aquí no hay “primeras luchas” con gladiadores debutantes. Aquí se inicia arriba y se termina arriba. “Booyaka booyaka” retumba en las bocinas. Los gritos opacan la entrada de Rey Misterio y se da por inaugurado un año más de la WWE en la Ciudad de México que tiene a bien venir desde 2006, aunque antes ya había realizado eventos en Monterrey.

Ronda Rousey (Imagen: WWE)

El tiro del mexicano es contra el japonés Shinsuke Nakamura. La Arena completa apoya al nacido en Chula Vista, California. Aquí todo es grandilocuente, la campana que indica el inicio de la batalla lástima los oídos e indica que las miradas deben estar al centro y no en otro lugar.

A mitad del encuentro aparecen un par de luchadores puertorriqueños, The Colons, para interrumpir y decir que como latinos apoyan al dueño del 619 y que no intervendrán en la lucha. El encuentro termina, Nakamura derrota al enmascarado y los que dijeron apoyar saltan al encordado para propinarle una lluvia de patadas al que hoy “juega de local”.

La intervención de The Colons devino en un tres por tres para el que Misterio llamó a Big EKofi Kingston. La tercia de Rey venció y después una lluvia de pancakes para festejar. Cuando la comida apareció en el ring, la gente se emocionó como si hubiera aparecido Hulk Hogan. ¡La WWE es un espectáculo!

Big E (Imagen: WWE)

De ahí una serie de encuentros que pusieron a la Arena en un trance emocional: Finn Balor vs. Drew McIntyre (ganó Drew); Charlotte Flair vs. Mandy Rose (Charlotte rindió a Mandy); Elias vs Baron Corbin (con aparición de Bobby Lashley venció Elias); Kalisto vs. Buddy Murphy (Murphy retuvo el Cruiserweight Title); Seth Rollins vs. Dean Ambrose (Rollins retuvo el Intercontinental Championship); Rusev/Lana vs. Andrade “Cien” Almas/Zelina Vega (ganó la pareja de Lana); Ronda Rousey vs. Nia Jax (ronda se quedó con el WWE Raw Women´s Title tras descalificación de Nia por intervención de Tamina Snuka) y AJ Styles vs. Samoa Joe (Aj resultó ganador en lucha sin descalificación).

Charlotte Flair y Mandy Rose (Imagen: WWE)

Los resultados, parece, son lo de menos. A los aficionados que van a ver a un luchador en especial no les importa si ganó o perdió, especulan sobre una posible derrota y cuando eso sucede corren despavoridos hacia la pasarela para obtener una foto o por lo menos tocar a su gladiador.

Los luchadores en su mayoría son benévolos y se detienen ante sus fans, a veces les arrebatan los celulares y ellos mismos toman el selfie. En su camino hacia los vestidores son más ovacionados que arriba del ring. La WWE lo ha hecho muy bien y vende a sus figuras como un producto top, algo que en México no se ha logrado.

Kalisto y Buddy Murphy (Imagen: WWE)

“¿Aquí también se les avienta monedas?”, dice un aficionado que se pasó, las poco más de tres horas que duró el show, comparando wrestling con la lucha libre. Abucheó a Rusev cuando apareció con una máscara de Blue Demon y le gritaba Sombra a Andrade “Cien” Almas.

Y es que para un fiel a la Lucha Libre es complicado no comparar ambas prácticas. Sin embargo, afuera de la Arena un “Rey Misterio” en pantalón de mezclilla sentenció: “Esta es la mejor lucha libre del mundo, los mexicanos quieren llegar a pelear aquí, es como la primera división de los chingadazos”.

Una niña llora porque no alcanzó a tomar la mano de AJ Styles. Sus padres la consuelan mientras un joven, que camina a paso rápido detrás de ellos grita: “Dile que ya no llore, que en su cumpleaños le llevamos al Carístico”.

Al salir pisamos algunos pancakes, ya pasó la euforia por tratar de ganar uno. Se apagan las pantallas y con ellas los aficionados. Los más pequeños corren y recuerdan algunos movimientos de las superestrellas. Los más grandes marchan en silencio. Afuera los vendedores hacen su agosto y los taxistas mienten: “Te cobro con taximetro”.

Andrade “Cien” Almas y Zelina Vega (Imagen: WWE)

La televisión sigue forjando ídolos. Estar detrás de una pantalla otorga mucho más de lo que imaginamos. México tienen cuentas pendientes con los luchadores que tanto llaman la atención en el extranjero. Allá Kalisto es una estrella; aquí sería del “montón”. Allá Andrade es figura; aquí, siendo la Sombra, era igual de bueno y luchaba más de lo que actuaba. Cuando Atlantis le ganó la máscara, el 17 de septiembre de 2015, perdió el rumbo y tuvo que buscar otra oportunidad en otra empresa y en otro país.

México produce a los mejores luchadores del mundo, Estados Unidos los convierte en estrellas.

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