El mundo del futbol parecer ser muy sencillo y gratificante. ¿Quién no desearía ganar miles de pesos por patear una pelota? Pero, ¿qué sucede cuando se alcanza el sueño y se derrumba poco tiempo después? Esta problemática es común en los boxeadores, que provenientes de un sector social con carencias les resulta complicado manejar sus ganancias y no calculan el aterrizaje y así se retiran, en la pobreza con los recuerdos como única riqueza.

En el futbol el tema no es ajeno. En los ochenta, una de las décadas más representativas del balompié mexicano, surgieron jugadores de calidad, sobre todo en el América que dominó la década completa. Y justo en 1980 fue cuando Las Águilas voltearon a ver a la Escuelita del América, lugar en la que cualquier niño podía ingresar y de ahí saltar al primer equipo. Así sucedió con Rubén Abarca, reclutado por el entonces director técnico José Antonio Roca. 

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Rubén se convirtió en el primer egresado de la Escuelita y eso le valió reconocimiento y fama. Después, el 15 de noviembre de 1979 debutó con gol en el Estadio Azteca cuando los azulcremas recibieron al Unión de Curtidores: “Sol en su esplendor, estadio lleno y yo con 17 años. ‘Fu Manchú’ me la pasó. Finté y le pegué con la zurda. Cuando vi que entró a la portería corrí como loco: no sabía si había sido autogol”, contó a Lourdes Torrano para la Revista Chilango.

Un par de años después de su debut, el chileno Carlos Reinoso tomó las riendas de los azulcremas y borró a Rubén. No solo por su condición al jugar futbol, sino por sus conductas que ya distaban de la identidad águila. Ahí cambió su futuro. Deprimido por no saber hacer otra cosa más que patear una pelota y con pocos ahorros todo era incierto hasta que Vanessa del Rocío, su novia e integrante de Las Nenas, lo invitó a una gira. En ese momento se le abrió el panorama: creó una agencia de representación de modelos.

Abarca las contrataba y ofrecía eventos en distintos bares, por supuesto que en ese momento los rumores lo alcanzaron e incluso lo acusaron de tratante de blancas. Cuando Lourdes Torrano lo cuestionó confirmó que sí, que sus representadas sí se prostituían y cuando lo hacían ganaban más.

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Superó rápidamente la ausencia de futbol con un negocio que prosperó y lo llevó a la televisión. Hasta 2010, año en que Chilango lo entrevistó, aún seguía en ese negocio. Hoy su página, www.rubenabarca.com.mx, ya no existe y por fortuna, la cosificación de la mujer en la televisión disminuyó, situación que seguro no alegró al exjugador.

A Rubén, el empresario, el retiro le abrió la posibilidad de realizar un negocio que le dio fama, al parecer lo que él buscaba pero que con el futbol no consiguió.