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¿Debemos sentirnos mal por la ‘crisis’ que viven los revendedores?

La reventa no es un delito, es una falta administrativa que se castiga muy poco y que afecta a los consumidores de espectáculos como el deporte.
En México, la reventa es un negocio millonario que es una actividad ilegal, al menos en la calle. (Foto: Los Pleyers)

¿Cuántas veces te quedaste molesto por no alcanzar boletos para un evento el año pasado? Ahorrar dinero para la entrada cuando se anuncia, muchas veces sacar una tarjeta de crédito por la “venta exclusiva”, desvelarte en línea para ser de los primeros en adquirirlos o hacer fila en la madrugada en una taquilla para cumplirte ese placer por el que has trabajado tanto.

Y cuando llega ese momento tan esperado, te das cuenta que los boletos están agotados (a veces en cuestión de minutos). Todo tu esfuerzo se tiró al caño porque algunas personas compraron muchísimas entradas en una sola exhibición para mantener un negocio que vive entre la ilegalidad y la alegalidad: la reventa.

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Este fenómeno lo vemos cada fin de semana en todos los estadios sin importar el deporte. Por ejemplo en la final del Apertura 2018 entre América y Cruz Azul en el Estadio Azteca los boletos “desaparecieron” en cuestión de nueve minutos a través del sistema de boletaje Ticketmaster. Más de 81 mil entradas en nueve minutos, es decir se vendieron 150 boletos por segundo.

Estos terminaron vendiéndose hasta en 10 veces su precio original, inclusive se encontraron algunos en internet que alcanzaban los 20 mil pesos.

Las entradas para la NFL en 2019 entre los Kansas City Chiefs y los Los Angeles Chargers en el mismo inmueble se terminaron en solo seis minutos.

En estos días de contingencia por el Covid-19, algunos medios nacionales como TV Azteca y Récord destacaron la nota de un revendedor que se quejó porque la Liga MX dejó de jugarse y esto afectó su economía, ya que compró más de 50 boletos para el partido de América ante Cruz Azul (que se llevó a cabo a puerta cerrada) perdiendo 25 mil pesos aproximadamente y sin poder hacer negocio con ellos, además de que tuvo que pedir prestado para “sobrevivir” en estos momentos sin eventos masivos.

¿Nos tenemos que sentir mal por ellos? Esta forma de negocio es castigada, de acuerdo con el Artículo 25, Fracción XI de la Ley de Cultura Cívica de la capital del país está prohibido “ofrecer o propiciar la venta de boletos de espectáculos públicos, con precios superiores a los autorizados”.

Según lo reporta el portal Informa BTL, el acto de la reventa como tal no es considerada como un delito, pero sí amerita una multa o un arresto temporal ya que se consideran como una infracción administrativa que se sanciona con una multa de hasta 30 días de salario mínimo (3,696.22 pesos) y arresto de entre 25 y 36 horas.

Esta es una de las publicaciones que causaron polémica en las redes sociales contra los revendedores. (Foto: Facebook – Récord)

LA “LEGALIDAD” DESDE INTERNET 

Todo lo anterior es con respecto a la venta en la calle, esa en la que nos topamos a una persona en la entrada de un concierto o evento deportivo preguntándote “¿Quiere boletos?, ¿tiene boletos?”. Sin embargo, para la reventa por internet la situación es muy diferente ya que no existen penas tipificadas.

Según estimaciones de Statista, los ingresos globales por venta de boletos en 2019 alcanzó los 31 mil 834 millones de dólares y se planteaba que para 2020 hubiera un crecimiento del 16% (esto antes de la situación del Coronavirus). Lo increíble es que esta estadística no contempla los ingresos por reventa ¿se imaginan la cifra final?

En México se venden alrededor de 7 millones de boletos para espectáculos en vivo por año (según El Economista), la mayoría se venden a través de los sitios como Ticketmaster o Superboletos, aunque muchos de ellos terminan en la reventa de calle o por internet.

El 80% de los fans que no pueden asistir a un evento pierde el dinero de las entradas y el 10% logra revenderlos. El 98% de estos lo logran a través de la ilegalidad de la calle o las redes sociales. Solo el 2% logra hacerlo por la “legalidad” de plataformas como Ticketbis.

Stubhub, empresa norteamericana que se dedica a la “reventa legal” de entradas, sirve como intermediaria para este tipo de transacciones en las que cobra una comisión y ofrece una serie de seguros para evitar la falsificación y la venta en despoblado de los boletos. Según cifras de esta empresa, el 40% de las entradas para los espectáculos en vivo terminan en la venta secundaria, es decir en la reventa.

CUESTIÓN DE ÉTICA 

De entre lo malo, lo “bueno”. La mayoría de los comentarios a esta publicación fueron de rechazo a la reventa, comparándolos hasta con los huachicoleros que tanto daño han hecho a la economía del país. Sin embargo “del dicho al hecho hay mucho trecho”, dirían las madres.

Si nos molesta este tipo de prácticas deberíamos evitar apoyarla comprándoles boletos a las afueras de un evento masivo y señalándolos con las autoridades (aunque muchas veces estén coludidas). En momentos como este en México en el que debemos ser más solidarios con todos, la reventa y los revendedores quedan en un plano muy secundario. Cada quién cosecha lo que siembra, así de simple.

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