¿Porristas o esclavas? La realidad que viven las animadoras en la NFL

Las porristas de la NFL levantaron la voz por sus pésimas condiciones laborales, una realidad que las limita hasta en su vida social.

Todos hemos visto una película norteamericana de higschool: American Pie, Mean Girls, Clueless y la lista es enorme. En todas ellas se maneja la imagen del quarterback del equipo que es el más popular de la escuela, junto a él siempre está de pareja la porrista quien lucha por ser la reina de secundaria.

En este mundo fantástico las porristas ocupan el sitio más alto de la escalera social adolescente. Son populares, bellas, admiradas y cuentan con privilegios en la escuela. La realidad es totalmente diferente en la vida real laboral, específicamente en la NFL.

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Desde llevarles un control de peso regular hasta recomendaciones de cómo depilarse sus partes íntimas, los equipos de la liga más importante de futbol americano han establecido ciertas líneas en sus contratos que rayan en lo ridículo y han causado la molestia de muchas porristas que han levantado la voz.

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AMBIENTE PELIGROSO

Los New Orleans Saints despidieron a principio de año a una de sus porristas, Bailey Davis, por publicar en su Instagram personal una foto en lencería y usar una “expresión sucia”. Después puso una queda ante la Equal Employment Opportunity Comission por trato injusto.

Esta fue la foto por la cual despidieron a Davis de los Saints.

Y es que las porristas deben tener controlar todos los aspectos de su vida si trabajan para algún equipo de la NFL, incluida su vida social.

“La intención del club es controlar por completo el comportamiento de las mujeres, incluso cuando en realidad no están en su lugar de trabajo… Es un problema de poder. Usted ve un trato diferente entre las porristas, las mascotas y cualquier otra persona que trabaje para el equipo. No puedo pensar en otro lugar donde los empleadores ejercen este nivel de control, incluso cuando no están en el trabajo”, declaró Leslie Levy, representante de las porristas que demandaron a los New York Jets y Oakland Raiders al NY Times, medio que publicó la investigación.

Las animadoras de los San Francisco 49ers tienen como una de sus reglas el no interactuar con el resto del personal del equipo (tanto jugadores como personal administrativo). Si un jugador las sigue en sus cuentas de redes sociales ellas están obligadas a bloquearlos, inclusive si un jugador llega a un bar donde ellas estén deberán abandonar el lugar.

Los Chicago Bears, New York Giants y los Pittsburgh Steelers son algunos de los equipos que no emplean porristas, el resto las contrata como empleadas de medio tiempo y con muy pocos beneficios, además de que poseen una gran lista de restricciones.

Los Cincinnati Bengals controlaban el peso de sus porristas y no les permitían pasarse más de 1.5 kilos de su peso ideal. Los Baltimore Ravens tenían un control de peso regular para sus porristas. Los Carolina Panthers les exigían llegar 5 horas antes a los partidos, además de tapar todos sus piercings y tatuajes.

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Sin un sindicato, la liga le otorga a los equipos la responsabilidad de establecer los lineamientos de contrato a las porristas, por lo que dentro de un ambiente misógino la falta de equidad y prácticas machistas se hacen presentes.

Por muchos años, las Saintsations (porristas de New Orleans) estaban obligadas a participar en un calendario en el que posaban en poca ropa y en posiciones sugestivas, además tenían que salir del estadio en los días de juego a vender 20 ejemplares entre los aficionados que ya se encontraban alcoholizados poniéndolas en riesgo. Si no cumplían la cuota, tenían que seguir vendiéndolos entre los cuartos en las butacas.

“Caminas junto a un hombre y tienes miedo de que te toquen… Todas las chicas temen salir antes de los juegos. No nos sentimos muy importantes porque fuimos literalmente arrojadas a la mezcla con los fanáticos. ¿Quién arrojaría porristas profesionales caminando con dinero en efectivo con fanáticos borrachos?”, declaró Davis, quien destapó el caos que sufren las chicas con los Saints

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VICTORIAS A CONTAGOTAS

En 2014, las animadoras de los Buffalo Bills (que llevaban por nombre Jills) demandaron al equipo por no pagar el salario mínimo, obligarlas a trabajar en sus días libres sin remuneración y participar en prácticas como el “Jiggle Test” donde las ponían a brincar para ver cómo vibraba su cuerpo y observar si tenían exceso de piel. En la corte les cedieron el derecho a ser consideradas como empleadas de la franquicia y no como “contratistas independientes”, aunque tiempo después el equipo suspendió sus operaciones.

Desde entonces, las porristas han ganado algunas pocas batallas contra las franquicias de la NFL, siendo los New York Jets y los Oakland Raiders quienes pagaron casi dos millones de dólares (en conjunto) como retroactivo por sus servicios.

Mientras esto sucede, el tema de la equidad y acoso explotó en los Estados Unidos mientras la NFL enfrenta varias acusaciones de maltrato y violencia de género entre sus jugadores. Siendo el tema de las porristas una tarea más pendiente para la Liga.

Además, esta semana Los Angeles Rams presumieron que contarán con los primeros porristas hombres en la historia de la NFL, Quinton Peron y Napoleon Jinnies.

Más allá de las demandas, la NFL tiene la obligación de darles una seguridad laboral y social a las porristas,  además de reconocerlas como trabajadoras en un equipo ya que son un elemento tan establecido en el futbol americano como el ovoide mismo.

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