Otra vez, Cruz Azul perdió en los últimos minutos. No nos parece raro, incluso nos da risa porque parece una maldición que nunca acabará en el estadio Azul. Pero seguro que a los aficionado de la Maquina les de coraje, les lástima que su equipo no pueda conseguir los objetivos, lo que más duele es ser el hazme reír de todos. El término “cruzazulear” no es una broma, se ha convertido en una realidad.

Este sábado 3 de marzo quedará en el recuerdo de los cruzazulinos. Un partido entre Cruz Azul vs Querétaro correspondiente a la jornada 10 de la Liga Bancomer MX, que parecía un juego fácil terminó en tragedia. No estoy exagerando, es la verdad. Durante todo el partido el equipo de Pedro Caixinha insistió, de hecho tuvo las oportunidades más claras, pero de manera inverosímil fallaron.

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Al final del partido llegó lo que tanto se temía, un gol del equipo visitante. El Cruz Azul perdió, los jugadores agacharon la cabeza y los aficionados salieron con un sentimiento de impotencia.

Todo tiene un trasfondo. Los jugadores no se divierten en la cancha, juegan presionados, todos tienen caras serias. En cada jugada Caixinha trata de alentar, levanta los ánimos, pero hasta el momento nada resulta. En verdad Pedro Caixinha, ¿es el salvador?

La culpa no es del entrenador. Un aficionado enojado es capaz de decir que el puede dirigir mejor al equipo, pero seamos serios, solo se habla como aficionado. Toda la presión la tiene el entrenador, los medios señalan al estratega como el principal culpable, los aficionados buscan otro director técnico. La pregunta es, ¿qué diablos pasa?

Seamos serios, desde que inició la malaria en el equipo han desfilado una cantidad de entrenadores y de jugadores. Ninguno ha dado resultados, eso me pone a pensar que ahí no está el problema. Algo hay en el trasfondo, Billy Álvarez no ha dejado dejado la equipo y creo que es ahí donde está el problema.