Niños Futbolistas, un negocio que genera millones de dólares al año

'Niños Futbolistas', de Juan Pablo Meneses, relata el trajín de algunos niños para tratar de igualar a Messi o Alexis Sánchez, sus ídolos.

Se acerca el Día del Niño y es imposible no invocar recuerdos de nuestra infancia: zapatos sucios, canchas de tierra, rodillas raspadas y un balón que en ese momento nos parecía duro y gigantesco. Es verdad, todos quisimos ser futbolistas, no era el dinero, era la fama y querer divertirnos en el trabajo.

En los barrios populares la vena futbolista es latente todo el tiempo, salir de un lugar peligroso y demostrarle al resto de la gente que lo has conseguido, es el principal objetivo. Despertar los domingos a las siete de la mañana sin ningún problema, contrario a los días de escuela, cuando despegar los párpados era un verdadero calvario. El jugo de naranja y el frío en las piernas que se combinaba con los nervios que erizaban la piel. Un esfuerzo que casi nunca cobra frutos. Son pocos los que llegan, se necesita mucho talento y una pizca de suerte.

Lee más: 17 años del mejor Barcelona de la historia, el de Messi.

Ser niño y querer ser futbolista es normal, convertirse en profesional es complicado, pero en México, algunos, tenemos otras oportunidades. En América Latina hay quienes salen a cazar para comer y solo tienen una bala en su revolver, un proyectil redondo que los puede llevar a cambiar la miseria por la fortuna.

El trajín que pasa un niño que quiere y no tiene otra opción más que ser futbolista es complicado, tal vez por eso Niños Futbolistas (2013, Blackie Books), del periodista chileno Juan Pablo Meneses, es un libro que toca las fibras más sensibles de quienes lo intentamos pero no resistimos el proceso y nos faltó talento.

Juan Pablo está en busca de comprar un niño futbolista; sí, un niño de unos 12 años que sea bueno con el balón para después ofrecerlo a Europa y hacerse millonario, como tantos promotores en el mundo. Pero la tarea no es fácil, hay que sortear la ley y a la FIFA que prohíbe negociar con menores de edad, para eso se tiene que hacer trato con los padres.

“Los equipos contratan a los padres, les dan trabajo. Hecha la ley, hecha la trampa. Aparte de que hay un tema que vos no podés restringir, que es la libre circulación de los seres humanos en el mundo”, declara dentro del libro Luis Smurra, abogado y agente argentino.

Los padres están dispuestos practicamente a hacer lo que sea, y en este ejercicio de periodismo cash (como lo bautizó Juan Pablo), que ya había realizado antes con una ternera, se muestra como la crueldad de negociar con tu propio hijo se normaliza cuando el propósito es hacerse famoso a través del futbol.

El libro es un vaivén de episodios y de entrevistas hasta llegar, en el último capítulo, a comprar un niño de 11 años, Juan Pablo alcanzó su propósito. Pero Niños Futbolistas no solo es la búsqueda de una mina de oro con tenis, en su recorrido Meneses se entrevista con Guillermo Coppola, quien fuera representante de Maradona; con una familia que recibió a Messi en Perú cuando el astro argentino tenía ocho años y había ido a disputar una copa infantil a Callao, La Copa de la Amistad, y lo intoxicaron accidentalmente con pollo frito. Fiel a su costumbre Lionel jugó, fue el mejor y su equipo, Newells Old Boys salió campeón.

“Pensar que explotar y vender y transportar niños que juegan el futbol es malísimo, pero ver a los muchachos que ganan copas para nuestro club es buenísimo, y lo vamos a celebrar. Y entretanto vamos a seguir la historia de sus contratos millonarios como parte de la gran fiesta, de esa rueda de la fortuna de la religión más extendida en el planeta, como Vázquez Montalbán llamaba al futbol”.

Lee más: Maradona, el más mundano de los futbolistas.

El negocio del futbol tan solo en 2012, como corroboró Meneses en su libro, “registró transacciones por más de tres mil millones de dólares”. ¿Se justifica entonces la explotación de menores de edad? La doble moral con la que nos manejamos nos permite aplaudir que un niño de 11 años sea negociado porque es probable que en unos años, cuando sea mayor, tenga la misma fortuna que Neymar, Alexis Sánchez, Messi y un puñado de jugadores latinoamericanos que consiguieron el sueño con el que tantos soñamos.

Publicidad