Cuando te retiras por fin conoces la paz. Tras una vida llena de ajetreo, viajes y poco tiempo para estar con los seres queridos, colgar los botines representa nostalgia, pero también el inicio de una nueva etapa. Muchos deciden seguir dentro de su deporte predilecto como entrenadores o comentaristas, y otros se pierden totalmente.

Lamentablemente hay quienes deciden arruinarla, como el caso de Kellen Winslow II, quien pasó de ser el sexto seleccionado de la Ronda 1 del Draft de la NFL en 2004 a ser condenado por agredir sexualmente a una mujer indigente de 58 años el año pasado. Esto ocurrió en la comunidad de playa de Encinitas, al norte de San Diego y el veredicto final lo dio la Corte Superior el lunes pasado, a la espera de la determinación de dos acusaciones más por presunta violación, una a una mujer de 54 años y otra más a una adolescente en 2003.

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Y la cosa no paró ahí. El tribunal encontró culpable al que fuera el ala cerrada de los Patriots por conductas lujuriosas contra las últimas dos mujeres que ya se mencionaron. Los miembros del jurado decidieron no aumentarle los cargos, pero sus excompañeros ya salieron a contar más cosas del exjugador de 35 años.

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La conducta de Kellen Winslow dejó mucho qué desear en su tiempo como miembro de la NFL. De acuerdo a una historia que publicó Sports Ilustrated los límites sexuales del exatleta profesional llegaron al grado de masturbarse frente a todos sus compañeros de equipo.

“Podría contar con tener un asiento vacío a su lado en cualquier vuelo de equipo, debido a su ritual de ver pornografía hardcore en su reproductor de DVD”, según fuentes. En una ocasión, un gerente de equipo encargado de entregar el equipo a los casilleros entró y vio a Winslow masturbándose en su casillero, a dos asientos de la entrada, esto de acuerdo con dos oficiales del equipo familiarizados con el incidente.

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Tiempo después trataron de cambiar sus hábitos sin el éxito esperado. Sus compañeros le pidieron a Kellen Winslow que saliera de la habitación compartida del hotel porque sus problemas de masturbación llegaron a niveles inimaginables y sin importar quién estuviera en el cuarto.

Lo más raro de todo es que no hubo alguien dentro de la NFL que controlara o reprimiera los actos del jugador retirado.