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NFL

Andy Reid, de superar un suicidio a ganar el Super Bowl LIV

La llegada de Andy Reid como entrenador en jefe de Kansas City Chiefs lo ayudó a sobreponerse de la muerte de su hijo
(Foto: Getty)

Su mirada puede ser seria, pero esos ojos azules no engañan a nadie. Los lentes ayudan a mejorar su visión y también ocultan el gran corazón que posee.

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Quizás este lunes Andy Reid sea la persona más feliz del mundo. Y no es porque una noche antes haya levantado su primer Vince Lombardi luego de 21 años como head coach de la NFL. La realidad es que su verdadero trofeo era llegar a casa y pasar tiempo con su esposa, en vez de festejar el título de campeón en la noche del Super Bowl LIV.

El entrenador de 61 años por fin le puso la cereza a ese pastel que se le negó en 2004 cuando se hacía cargo de los Eagles. En el Super Bowl XXXIX cayó 10-17 frente a New England Patriots, aunque curiosamente ese no sería el peor día en su etapa con los de Philadelphia.

Una dura prueba

El 5 de agosto de 2012, Andy Reid recibió la peor llamada telefónica de su vida. Mientras se dirigía a la práctica de los Eagles un elemento de la policía de Lehigh —localidad ubicada al norte de Filadelfia— le informó que Garrett, su hijo mayor, fue encontrado sin vida en su cuarto de universidad.

A veces la vida le coloca ciertas pruebas a las personas para que se superen, porque es ahí donde muestran su capacidad de resiliencia para salir adelante; Andy Reid no es la excepción.

El entrenador tuvo que compartirle la trágica noticia a su esposa y llamó a su staff para avisar que no asistiría a los entrenamientos. De inmediato se trasladó a la universidad donde estaba su hijo y en la que trabajaba como asistente en el equipo de futbol americano.

Andy Reid junto a su hijo, hace unos años. (Foto: Internet)

Garrett Reid era un adicto en rehabilitación que murió por sobredosis de heroína. Ocho años de batallar con este mal llegaron a su fin con su deceso. Muchos medios aseguraron que se trató de un suicidio, pero Andy sabía perfectamente que se trataba de algo más profundo.

“Estos resultados lamentablemente confirmaron lo que habíamos esperado todo el tiempo. Entendimos que la larga batalla de Garrett con la adicción iba a ser difícil. Sin embargo, siempre tendrá el amor y el respeto de nuestra familia por el coraje que mostró al tratar de superarla. Al final, nos sentimos cómodos con nuestra fe y saber que está en un lugar mejor”, declaró la familia a través de un comunicado de los Eagles.

Andy intentó fortalecerse con el trabajo. Se tomó solo tres días y luego regresó a los entrenamientos con el equipo. “Esto es lo que Garrett hubiera querido”, expresó. Para su mala fortuna, el mismo año que perdió a su hijo el entrenador promedió su peor campaña en los emparrillados.

Con cuatro triunfos y 12 derrotas, la víspera de Año Nuevo pintó gris para Reid y su familia. Mediante los medios de comunicación se enteró que Jeffrey Lurie, dueño de la franquicia de Eagles, lo destituyó de su cargo.

Su renacimiento

Cuando eres bueno en algo se nota a kilómetros de distancia.

Andy Reid estuvo desempleado solo cuatro días porque la gerencia de Kansas City Chiefs le propuso tomar las riendas del equipo. La única condición que puso el coach fue que su hijo, Britt —con antecedentes de drogadicción— ocupara el cargo de entrenador asistente. El acuerdo se cerró en cuestión de minutos.

En ese entonces, la franquicia estaba sumergida en la mediocridad. La campaña anterior perdieron 14 de 16 partidos y el panorama era desalentador; por algo estaban catalogados como los peores de la NFL. Pero parece que Andy tiene magia en sus manos. Le bastó un año para sacar al equipo de los últimos lugares de la liga y de inmediato pasaron a tener marca ganadora en las siguientes siete campañas.

En 2013 se ganó el reconocimiento al Mejor Entrenador de la temporada y en 2020 por fin vio florecer los frutos de su trabajo y esfuerzo.

En el Hard Rock Stadium levantó su primer Vince Lombardi, ese que seguramente va con dedicatoria especial para Garrett y para todos aquellos que confiaron en él y que le dieron fuerzas para salir de la tragedia, esa que quizás lo acompañe por el resto de sus días, pero que nunca será lo suficientemente grande para borrar esa nobleza de su rostro.

“Voy a buscar la hamburguesa de queso más grande que jamás hayan visto y probablemente sea doble”, expresó el coach al término del SBLIV.

Disfrútalo, Andy. Besa el trofeo todo lo que quieras. Disfruta a tu esposa, a tus hijos y festeja con mil hamburguesas si quieres, que todo esto es tuyo y porque al final de eso se trata la vida, de buscar la felicidad ante la adversidad.

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