Michael Jordan, el ídolo inalcanzable de la NBA

Las discusiones por saber “quién es el mejor” en cada deporte nunca pararán. En el futbol se nombra a Maradona, Pelé, Cristiano, Messi. En el tenis se habla de Federer,...

Las discusiones por saber “quién es el mejor” en cada deporte nunca pararán. En el futbol se nombra a Maradona, Pelé, Cristiano, Messi. En el tenis se habla de Federer, Nadal, Laver, McEnroe. En el americano salen a la pelea Brady, Montana, Manning. Sin embargo, quizá en el basquetbol encontramos una de esas grandes excepciones.

Y es que, con unas cuantas excepciones, siempre que preguntan quién es el mejor basquetbolista de la historia, la mente nos lleva al nombre de uno solo: Michael Jordan, ese legendario jugador nacido en New York, pero que encontró su hogar en North Carolina.

La historia para llegar a ser el jugador más dominante llegó incluso antes de ser profesional. En 1984 fue parte del equipo estadounidense que estuvo en los Juegos Olímpicos de Los Angeles, donde conquistó la medalla de oro. Esa fue la primera vez que le dijo al mundo “este soy yo”.

En su primera temporada con los Chicago Bulls, al que llegó como tercera selección del draft, hizo una primera temporada espectacular, que le permitió ir al All-Star Game de la NBA, siendo un jugador novato. Por supuesto, el título de Rookie of The Year quedó en sus manos.

A partir de ahí no pararía hasta conseguir números que nadie más ha hecho: seis anillos de campeonato, mismas veces que fue elegido MVP de las finales. Cinco veces Jugador Más Valioso de la temporada; 14 ocasiones en el All-Star Game; récord de mejor promedio de puntos por partido (30.1); dos medallas de oro (sumó la de Barcelona 92) y el respeto de todo un deporte.

Sin embargo, la grandeza de Air Jordan no puede resumirse solo a sus logros, aunque con eso es suficiente, pues más allá de los fríos números se debe ver el cómo lo consiguió.

Para algunos, una de las razones por las que Michael no puede ser considerado el mejor es que no pudo pasar de la primera ronda hasta que Scottie Pippen puso orden en cuestión defensiva. Además, de considerarle como un jugador “egoísta”.

Sin embargo, también cabe resaltar que el balón pasaba más tiempo en sus manos ya que su equipo sabía que él podía encontrar la llave para el triunfo. Mejor ejemplo no puede haber que el ‘Juego de la Fiebre’, ese donde los Bulls lograron remontar 16 puntos para ganar el quinto juego de la serie frente a Utah Jazz, con un total de 38 puntos de MJ, casi los mismos grados de temperatura que tenía en su cuerpo, después de una intoxicación.

Muchos coinciden que ahí se agrandó la leyenda de Jordan, quien ya tenía en sus pies cuatro campeonatos, un retirada y un icónico “I’m back”, que sirvió para anunciar su regreso tras un breve episodio en el beisbol.

En cuestión táctica, así como se le cuestiona, también se le debe reconocer a Air Jordan (y a sus Bulls) no haber contado con el apoyo de un centro estelar con centímetros ‘extra’, como los que se acostumbraban en la época, de acuerdo a Bruno Altieri, de ESPN.

Por supuesto, la relevancia de MJ también fue reconocida por sus propios rivales. En la duela se midió a extraterrestres, y no nos referimos a los de Space Jam, mismos que aceptan la capacidad que tenía el nacido en New York.

En 1986, tras haber logrado 63 puntos frente a los Boston Celtics de Larry Bird, fue el propio “Larry Legend” quien dijo “hoy Dios se disfrazó de jugador de basquetbol”, sorprendido por el show que Jordan había hecho, demostrando que hasta los más grandes aceptaban su calidad.

Por supuesto, Jordan marcó un antes y un después en el baloncesto y la NBA. Tras su aparición y evolución, Michael marcó una explosión comercial de la liga y de su propia imagen. En los 90’s, su jersey debía estar sí o sí en el armario de aquellos que veían el baloncesto a nivel mundial. Un espectáculo dentro y fuera de las duelas.

Gran parte del éxito comercial se logró gracias a la calidad que Jordan estaba consciente que tenía. Antes de ser famoso y ser un histórico de la NBA, un joven MJ buscó asociarse con Adidas para que lo patrocinara, pero lo rechazaron. La oportunidad la tomó Nike y hoy en día sabemos el éxito que tiene su línea de ropa y tenis.

El último encuentro de Michael como profesional se dio el 16 de abril de 2003, jugando para los Wizards, después de dos retiros anteriores. Sus últimas participaciones no fueron una locura, pero aún así se dio el tiempo de mostrar su grandeza al anotar 43 puntos, teniendo poco más de 40 años encima, un récord de longevidad hasta ese momento.

Tras su retiro, Air Jordan ha mantenido un perfil bajo. Solo se ha hecho de millones de dólares gracias a patrocinios, en 2014 se hizo con el 90% de las acciones de los Charlotte Hornets y tiene una fortuna superior a los mil millones de dólares, poca cosa.

En 2009 su grandeza se vio recompensada, más allá de los millones de dólares, al ingresar al Salón de la Fama de la NBA. Sin embargo, su verdadero gran logro fue haber marcado a una generación que aún lo reconoce como el mejor basquetbolista de todos los tiempos.

No fue el más ganador, no es el que más puntos tiene en la historia, pero Michael Jordan sí fue ese atleta que llevó al baloncesto a otro nivel. Desde su retiro dominaron la liga jugadores como Kobe Bryant, LeBron James o Stephen Curry, pero no habrá alguien más que pueda hacer lo que hizo Jordan.

¿Quién es el mejor basquetbolista de la historia? Pasará mucho tiempo y la respuesta seguirá siendo la misma. Todos la conocemos.