Megan Rapinoe acaparó las miradas del mundo este domingo y desde hace unos días, pero su nombre lleva tiempo en una constante pelea por hacer del futbol una profesión más equitativa y libre de prejuicios.

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Nacida en Redding, California, Pinoe, como es mejor conocida, consiguió su punto más alto en el Mundial Femenil de Francia 2019, donde anotó seis goles y se adjudicó el trofeo a la mejor jugadora del certamen. Los frutos de su sudor hoy se ven reflejados al exterior, pero desde hace unos años ya daba de qué hablar.

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La mediocampista de 34 años jugó en Estados Unidos, Francia y Australia. El Olympique de Lyon, Syndey FC, Seattle Sounders y su actual club, el Seattle Reign fueron testigos de la fuerza y calidad de Megan Rapinoe, que además de su gran don para patear un balón, también está en una constante lucha contra el sexismo y la homofobia.

En 2012 se declaró abiertamente homosexual y desde entonces la equidad cabalga a su lado, en busca de mayor apoyo y difusión para las mujeres y para todo aquel que ha sufrido por los estereotipos de género y la cultura arraigada de muchas personas.

Su cabello lila denota felicidad y plenitud, y prueba de ello son los Mundiales Femeniles obtenidos con su nación en 2015 y 2019, además de un subcampeonato en 2011 y una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Y aunque todo parece color de rosa, en los últimas días, Megan Rapinoe ha causado controversia por su crítica hacia Donald Trump, presidente de Estados Unidos.

Cuando se le preguntó si visitaría la Casa Blanca para festejar el título de su selección, la futbolista fue tajante: “No pisaría la jodida casa blanca”. Por si fuera poco, su gallardía llegó al nivel de tirarle a la FIFA.

“En general, no sentimos el mismo respeto que los hombres por parte de la FIFA”, expresó.

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Desde 2016, la futbolista manifiesta su rechazo hacia su actual presidente. En el partido contra España, de los Octavos, Pinoe evitó cantar el himno de su país. La medida generó la reacción del propio Trump, que la acusó de conducta “poco apropiada”. Aún así, ella acaba de demostrar en la Final del Mundial Femenil que no se necesita de nada más que patear un balón y celebrar en pro de un mundo más tolerante.