Desde que Diego Armando Maradona llegó a México para dirigir a los Dorados de Sinaloa, revivieron una serie de anécdotas de las que solo podría ser protagonista el jugador más polémico desde que a patear una pelota se le llama futbol.

El Pelusa, campeón del mundo en 1986, se convirtió en uno de los argentinos más célebres de la historia —sino es que el más—. El futbol lo catapultó a los cuernos de la luna, pero también le hizo conocer los excesos de los que le ha costado trabajo escapar y su andar lo refleja mejor que cualquier historia.

Y si alguien conoce las vivencias del Diego mejor que nadie es su abogado: Matías Morla. Un personaje que a los 15 años se prometió trabajar para Maradona y lo cumplió, aunque eso lo obligó a dejar su vida personal de lado: “Mi mamá se murió y no la enterré por estar con Diego, porque él es muy bueno pero requiere un tiempo que hay que dárselo”, declaró el año pasado para el Clarín.

Por estas razones Maradona aceptó dirigir a Dorados

Y como si se tratara de Hunter S. Thompson y su abogado, Oscar Zeta Acosta, Diego y Matías han coleccionado una serie de vivencias que perfectamente podrían nutrir las páginas de Miedo y asco en Las Vegas (1971). La más reciente, no porque apenas haya sucedido sino porque recién se contó, es la que involucra al Papa Francisco y al creador de la Mano de dios.

Al ser cuestionado sobre la anécdota más extraña que ha vivido a lado Maradona, Matías no dudó y contó la que vivió con el Barrilete en el Vaticano hace dos años: “Cuando fueron las elecciones de la FIFA, Diego apoyaba al Príncipe Ali bin al Hussein y habíamos arreglado un encuentro en Roma muy importante, porque el príncipe es árabe y el Papa Francisco iba a recibir a alguien de otra religión.

“Quedamos en un horario. Por protocolo, el príncipe no puede buscar a Diego, entonces salimos a la misma hora, con las dos custodias, todos coordinados. Llegamos al Vaticano y Alí había llegado cuatro minutos antes. Y entró a la audiencia. Fuimos con Diego atrás y la custodia nos dijo: ‘El Papa está ocupado’. ‘Pero la reunión era con nosotros’, le avisamos. ‘No, el Papa está ocupado’, insistió. ‘¿Ah, sí? Chau’, dijo Diego. Y se fue al hotel”.

Por supuesto que Diego sabe de su importancia y no permite que nadie lo rechace y mucho menos le niegue algo: “La gente del Papa empezó a llamar desesperada por teléfono. Y Diego se trabó, seguía con que no iba. No fue. A las 12 de la noche, el Papa mandó un emisario al hotel, que nos dijo que Francisco estaba muy apenado y que lo esperaba al otro día a la mañana. Porque, en realidad, el Papa no había tenido la culpa, sino la custodia.

Maradona, el más mundano de los futbolistas

“Llega el otro día. Entramos a la sala privada del Papa y Francisco le dijo dos cosas que me impactaron muchísimo: ‘Si querés, para pedirte perdón, me puedo arrodillar. Porque entró el argentino más importante al Vaticano’. Francisco es muy humilde. Y futbolero, maradoniano. Esa historia me quedó siempre”.

De todos es conocido que el Papa argentino es apasionado del futbol e hincha a muerte de San Lorenzo de Almagro, pero cuesta trabajo creer que el máximo líder de la Iglesia Católica haya pensado en arrodillarse ante un jugador de futbol y lo haya nombrado el “el argentino más importante”. Sin embargo este tipo de historias son las que se viven a diario cuando se está tan cerca de el jugador de futbol al que muchos consideran una deidad.