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Ronda Rousey, de pensar en suicidio a conquistar el mundo

Ronda Rousey vuelve a sonreír y podrá tener un cinturón nuevamente, cuando en Summerslam de la WWE enfrente a Alexa Bliss.
Ángel Mario Martínez
(Crédito: Los Pleyers/WWE)

El octágono ya no representa su casa. Hoy en día, Ronda Rousey se concentra en un cuadrilátero y en los libretos que la WWE y las productoras de películas le mandan.

Las lágrimas se secaron, ya no piensa en golpear gente a menos que un “guión” se lo pida. Rowdy evolucionó y dejó de escuchar las voces que tanto la criticaban para enfocarse en ser feliz a través de aprender cosas nuevas.

“Mucha gente duda de que alguien pueda dominar más de una cosa y es fácil quedar atrapado en (la mentalidad de) ‘ya eres bueno en esto, eres bueno en lo que es cómodo’, y es difícil probar y aprender algo nuevo con el mundo mirando, porque la primera vez que dominas algo lo haces en privado”, fue lo que declaró la ex campeona del UFC a The Guardian previo al debut de su película Mile 22 donde comparte créditos con Mark Wahlberg y su presentación estelar en SummerSlam de la WWE.

“Amo esos tipos de desafíos y amo a las personas que dudan de mí”. Ronda Rousey

Hace dos años el mundo parecía derrumbarse para Rousey, las críticas tras sus dos derrotas en el UFC a manos de Holy Holm y Amanda Nunes fueron terribles. “Farsante” y “perdedora” fueron los motes que la gente le dio en las redes sociales. La mujer que parecía ser inmortal se mostró vulnerable, se refugió en la oscuridad y como lo reconoció en una entrevista, pensó hasta en suicidarse.

“Lloré mucho, me aislé… (Su esposo Travis Browne) me abrazó, me dejó llorar y duró dos años. No podría haberlo hecho solo. Hay muchas cosas que debes recordar. Cada oportunidad perdida es una bendición disfrazada. Tuve que aprender de la experiencia. De las peores cosas, las mejores cosas han venido como resultado. El tiempo es un gran maestro. Es esa creencia de que el tiempo pasa, incluso los malos momentos”, platicó Ronda al medio británico en medio de lágrimas.

Ahora su camino es distinto, se prepara a ser estelar en una función de lucha libre bajo la firma de la WWE donde enfrentará a Alexa Bliss por el fajín de campeona de RAW. La ex UFC pasó un año en el Performance Center de la compañía en Florida aprendiendo a luchar y a desenvolverse en el pancracio, además de llevar clases de actuación.

Aunque parece que ya son aspectos que domina, el tema de hablar en público le es complicado. Cuando era niña en California se le diagnosticó apraxia, un transtorno motor del habla que la llevó a decir sus primeras palabras hasta los 6 años de edad. Desde entonces ha sido muy corta en sus expresiones y eso no la molesta.

“¿Por qué debería hablar? Creo que escucharme hablar es un privilegio y es un privilegio que se ha abusado, ¿por qué no revocarlo a todos? No creo que las críticas públicas sean lo correcto”, declaró tras criticar cómo las personas se expresan en Twitter, donde posee más de 3.2 millones de seguidores.

Su vida profesional ahora se maneja en libretos, los cuales le indican en qué momentos hablar y en qué momentos utilizar el don de lucha con el que nació.

“Una cosa que mi madre nunca me enseñó fue cómo perder. Ella nunca quiso que lo considerara como una posibilidad”, reconoció Rousey. Afortunadamente aprendió que perder, es solo una forma de crecer. Hoy la vida le vuelve a sonreír y disfruta de cada aspecto de su nueva vida, misma que le presenta la oportunidad de volver a levantar un cinturón de campeona, solo que ahora con las siglas WWE.