¿Quieres recibir notificaciones de nuestro sitio web?

La lucha extrema: donde nacen los héroes del barrio

Zona 23 opera en un deshuesadero, donde se vive la lucha extrema de México.
Lucha Extrema en México (Foto: Los Pleyers)

Cada que alguien habla de la lucha extrema vienen a la mente imágenes de aquellos videos de Youtube, donde los luchadores están en un deshuesadero y se pegan con todo lo que está a su alrededor. Se podría calificar de salvajismo, pero hay que aclarar algo: este tipo de luchas son para un sector pequeño de la afición.

Te recomendamos: Intocable incursiona en la lucha libre extrema [Video].

Una de la empresas que ofrece este tipo de espectáculo es Zona 23, para ir al evento es necesario quitarse de la mente los prejuicios e ir preparado para ver de todo.

La cita fue en un predio ubicado Tultitlán, Estado de México. Justo enfrente de la estación Ciudad Labor del Mexibús. En toda la avenida hay tiendas de autopartes, “¿qué busca? Nuevo o usado carnal”. Se escucha por toda la avenida, donde el principal negocio es de los carros, ya sean nuevos o usados y hasta de dudosa procedencia.

Un portón de color negro divide la calle de un mundo alterno, donde el dolor es igual a aplausos, donde el luchador se convierte en la estrella del barrio, donde varios buscan llevar unos pesos a casa. 

Afuera del lugar había una lona que promocionaba el evento, Abel Guerrero abrió la puerta y nos condujo hasta la zona de batalla. Tal y como lo imaginas, como lo ves en las películas: un ring rodeado por distintos vehículos en abandono. Se trata de un deshuesadero donde no hay carros apilados, pero sí trailers o camionetas que -horas después- los asistentes adaptaron como gradas, donde disfrutarán todo el evento. 

Aficionados llegando al evento (Foto: Gabriel Guerrero)

Son las 11 de la mañana, el sol cae a plomo. Alrededor de 10 personas trabajan para montar el ring, mientras que otros ponen la lona donde los aficionados se podrán resguardar por si la lluvia llega a presenciar la lucha extrema.

Abel es el organizador del evento, comenzó como aficionado y después creó su propia empresa que ahora tiene por nombre Zona 23. Cuenta que el hombre que le renta el escenario es un luchador que por ahora está montando las tablas, pero más tarde se pondrá su atuendo para que “El Ranchero” cobre vida en los encordados. Lo mismo sucede con otra persona que está cargando sillas, es de ascendencia americana, pero será el personaje encargado de abrir el show.

Abel está preocupado, observa como los aficionados ingresan al deshuesadero con lámparas, alambre de púas, envases, palillos y hasta fruta. Una de las reglas es que los asistentes pueden proveer al luchador de armas, las cuales deben ser ocupadas para castigar al rival. 

 

El ring está enmedio del deshuesadero (Foto: Gabriel Guerrero)

Varios luchadores exprofesionales se dieron cita. Brazo de Plata pide ayuda de la afición, quedó en la ruina y ahora vende productos para poder obtener unos pesos; Pirata Morgan vende playeras y cobra las fotos en 30 pesos; mientras que el Intocable anda de fiesta, llegó con unos amigos españoles, que beben, fuman, se toman fotos y disfrutan del evento.

Se anuncia la primera lucha, no hay nada de lujos, para variar el equipo de sonido falla y no se escucha muy bien los nombres de los gladiadores.  No hay vallas, todos los aficionados pueden seguir la lucha desplazándose de un lugar a otro, lo viven (literal) en primera fila. Mr. Hardbody y Phoenix Kid, de Canadá y Estados Unidos respectivamente, aparecen. Sus rivales son Ovett Jr, y Osiris. El deshuesadero está a punto de ebullición.

Cada uno de los luchadores sale de un camión que por su forma fue escolar y solo deben empujar una lona para llegar al escenario. Los primeros minutos son tranquilos, pero de pronto comienzan a aparecer lámparas, cofres, parabrisas, bidones y hasta envases de cerveza. Mientras tanto un par de aficionados preparan una piña llena de palillos. Se la dan a Ovett Jr. y este se la avienta a la cabeza a su contrincante. No fue todo, para terminar de castigar, le entierra los palillos en la frente. 

El ring termina lleno de vidrios, ese residuo que se aprovecha para poner de espaldas al rival y arrastrarlo para castigar aún más. 

Luchador con una piña llena de palillos (Foto: Gabriel Guerrero)

Ha terminado la primera lucha y es momento de las mujeres. Sadika y Sadik Maiden se presentan y lo visto unos minutos antes apenas servía como aperitivo para lo que estábamos por presenciar. Las féminas se convirtieron en las más aplaudidas. Utilizaron los carros para castigarse, una y otra vez se dejaron caer sobre los parabrisas hasta que Sadik Maiden quedó dentro de un auto y no tuvo respuesta.

Hasta este momento el público ya se había acostumbrado a la violencia, cada vez pedían más golpes. Incluso un aficionado estaba tan extasiado que pedía a los luchadores que le pegaran con una silla y hasta con lámparas. Era el atractivo entre lucha y lucha, además festejaba su cumpleaños.

Sadi Maiden tras recibir un sillazo (Foto: Gabriel Guerrero)

¿Alguna vez escucharon hablar de todo lo que sucedía en el Coliseo Romano hace dos mil años? Había batallas navales, peleas entre distintos animales traídos desde varias partes del mundo, incluso se obligaba a los prisioneros a enfrentarse a la fieras. Mientras esto sucedía en una especie espectáculo salvajismo, los más de 30 mil espectadores aplaudían y cada vez pedían más sangre. Por un momento olvidan el valor por la vida, solo quieres más rudeza. Pues pasó lo mismo, pero en un deshuesadero.

La lluvia llegó al escenario y todos buscaron donde resguardarse, dentro de los carros, bajo la lona o con un cofre. Todos atentos, porque la lucha continuó.

Los luchadores son del barrio, odian a los profesionales y eso le pasó al Intocable, quien subió vestido de gala y bajó bañado en sangre. Abel está preocupado, pide a los luchadores que no lo golpeen: “no se pasen, él solo es un invitado”. De poco sirvieron sus palabras porque nadie le hizo caso, eso sí la gente aplaudió que un gladiador de la “tele” hubiera probado el “barrio”.

Llegó la última lucha: Joe Lider vs Drako. Uno es conocido porque estuvo en una de las empresas más importantes de lucha libre del país: AAA. Mientras que el otro es vidriero y por las tardes entrena para ser por un rato ídolo de barrio. Para dimensionar, basta con decirles que ambos brincaron desde la caja de un trailer, cayeron en un cofre, resbalaron e impactaron sus cabezas directo contra el piso. Todos enmudecieron, el Chiquilín (referí) corre y se abre el paso entre las personas. Ninguno se levanta, por unos minutos la lucha se detuvo. Se rumora que el evento se va a suspender, pero no, estos hombres están hechos de garra, deben cumplir ante la afición que pagó 200 pesos para presenciar de este “circo romano” en el Estado de México.   

Drako y Joe Lider en un salto desde un trailer (Foto: Gabriel Guerrero)

Se levantaron, el Chiquilín los ayuda a subir al pancracio que está adornado con alambre de púas. La instrucción es: terminen la pelea, ya están muy lastimados. Así fue, Drako hizo un movimiento con un parabrisas y dio cuenta de Joe Lider. El ídolo de barrio mantiene su cinturón de campeón, la gente festeja. Le avienta dinero, ya sea un peso o hasta monedas de 10 que son recolectadas por los luchadores.  

Al final, todos los luchadores están conviviendo, esperando su pago que va de los mil 500 a los seis mil pesos o más, depende de tu popularidad. Los aficionados se acercan a felicitar a sus héroes, ha sido una tarde violenta, pero se le agradece al héroe de barrio. 

Poco a poco todos abandonan el deshuesadero, cruzan el portón negro para salir de un mundo alterno para regresar a la realidad. Mientras tanto el Ranchero se ha quitado su atuendo, debe recoger el ring. Otros buscan las sillas que se esparcieron alrededor, deben dejar limpio el lugar, pues todo debe regresar a la normalidad.

A lo lejos se ve al aficionado que festeja su cumpleaños, su gorra de color blanco se ha teñido de rojo sangre. Está extasiado, pide que un grupo de personas le aplaudan, ahora le explotan un envase de cerveza en su cabeza. Todos lo conocen, ha acudido a todas las luchas de Zona 23 y “siempre hace lo mismo”. 

Festeja su cumpleaños en plan grande, la fiesta termina en lunes y debe vender gelatinas para ahorrar para la próxima función…

Te recomendamos: