Si hay un equipo de la Liga MX que muy poco nos puede inspirar a hablar bien de él, ese es el Veracruz. Con el respeto que nos merece su historia, el conjunto escualo se ha encargado de ser, quizá, el equipo menos querido y admirado del futbol mexicano y las razones no son pocas.

Lejos lucen, y están, los buenos tiempos del los Tiburones en el balompié azteca. Sus únicos dos campeonatos se remontan a 1946 y 1950. A partir de ahí el equipo veracruzano ha pasado por un sinfín de altibajos que lo llevaron a perder la categoría hasta en cuatro ocasiones, incluyendo desapariciones.

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En épocas recientes, la ‘reputación’ del club se mantiene gracias a su Clausura 2004. Hoy en día se recuerda a esa plantilla por tener a Cuauhtémoc Blanco, Christian Giménez, Walter “Lorito” Jiménez y Kléber Boas como principales figuras, además de lograr el liderato del torneo mencionado, aunque fueron echados a las primeras de cambio por los Pumas. Y poco bueno más que contar del Veracruz en los últimos 15 años.

Hablar del Veracruz es hacerlo de un equipo recordado siempre en las últimas posiciones de las tablas generales. Sin investigar, ¿recuerdan cuál fue la última Liguilla de los escualos? En realidad no tiene tanto tiempo como pensarían algunos. El Apertura 2015 fue la Fiesta Grande más reciente de los hoy dirigidos por Guillermo Vázquez. Sin embargo, pocos recordarán su paso por las instancias finales, pues su historia contemporánea nos rememora a unos Tiburones siempre peleando por no descender.

Durante años, el conjunto porteño se ha convertido en un animador constante, pero de la tabla de cocientes. Su capacidad de ofrecer un futbol competitivo es resumido a unos cuantos torneos e incluso a unos cuantos partidos, solo cuando necesitan mantener la categoría, y en realidad así es el pasado de este club: siempre en supervivencia. Sus mejores momentos los ha encontrado buscando no descender. ¿O no pasa lo mismo en este Clausura 2018? Noveno de la tabla general, a un paso de la liguilla, pero eso no es lo que importa. Lo primordial es salvarse, nada más. ¿Aspirar a un título? Eso no está en su vocabulario. Un equipo así, sin máximas ambiciones, parece mejor verlo en otra categoría.

Tenemos que decir que este Veracruz está en la Liga MX de regalo, sin habérselo ganado y hasta su pasado queda en duda, pues lo único que mantiene (parece) de su historia es el nombre. Es preciso recordar que en 2011 los ‘verdaderos’ Tiburones fueron desafiliados del Ascenso MX. Sí, estaba más cerca una desaparición que un posible regreso. Tuvieron que aparecer los ‘espectaculares’ manejos del futbol mexicano para salvar a un equipo que primero compró la franquicia de los Albinegros de Orizaba y posteriormente la de los Reboceros de la Piedad para mantenerse vivo y regresar a la Liga MX en 2013 sin merecimiento deportivo. Un motivo más para preferir que otro club ocupe su lugar, uno que realmente haya luchado por tenerlo.

Sin embargo, una de las principales causas por las que el Veracruz se ha convertido en un equipo poco respetable, además de su constante (y lamentable) nivel deportivo y sus manejos administrativos, es por la figura de su dueño: Fidel Kuri Grajales. El también diputado se ha encargado de ser una persona deleznable para el futbol mexicano y con ello ha arrastrado a su equipo, obviamente.

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Durante años, Kuri ha protagonizado hechos lamentables, como golpear al director de la área técnica de la Comisión de Silbantes de la Femexfut, Edgardo Codesal, insultar a un reportero, no respetar los castigos impuestos por la propia Federación del Futbol Mexicano y asegurar que estaría dispuesto a pagar 20 millones de pesos con tal de que su equipo no descienda. Simplemente vergonzoso.

Por desgracia, quizá lo peor que ha hecho Kuri Grajales es jugar con el nombre del equipo y no respetar a su afición, todo por temas políticos. En 2016 amenazó con llevarse al club a otro estado, en caso de que Héctor Yunes Landa, candidato a la gobernatura por parte del PRI, no ganara las elecciones. “Tengo tres propuestas de otros estados”, dijo Fidel en ese momento. Al final Landa no ganó y Veracruz no se fue. El punto solo era chantajear a los ciudadanos con un equipo de futbol. Indignante.

El Clausura 2018 está muy cerca de terminar y los escualos están a punto de tener su salvación, una vez más. En caso de conseguirlo, celebrarán el hecho y estarán orgullosos de mantenerse en primera, pero en seis meses seguramente volverán a las andadas, como ese equipo chico y poco respetable que es.

Desde su dirigencia hasta su nivel futbolístico, en Veracruz todo deja mucho que desear. Quizá tienen una afición de primera categoría (aunque a veces también señalada por protagonizar hechos violentos), como todos los equipos del futbol mexicano, pero su club sencillamente no lo es. Parece que en 12 meses Lobos BUAP se ha ganado más respeto y cariño que los Tiburones en los últimos 15 años. Y no, no nos causa extrañeza.