Así fue la primera y última vez que pisé el Estadio Azul

La despedida del Estadio Azul no pudo ser mejor. Victoria de Cruz Azul ante Morelia y la emoción a flor de piel de todos.

La mayor parte de mi vida la he disfrutado en la Ciudad de México. Ya sea por escuela o por trabajo, no hay día en el que no pase por el antiguo Distrito Federal, hoy CDMX. Sin embargo, por más extraño que parezca, y a mis más de 20 años, nunca había pisado el Estadio Azul, ese histórico recinto en el corazón de la metrópoli y que en su partido final de futbol me dejó sorprendido. Hoy les escribo para contarles cómo fue mi primera y última vez en el Azul.

El máximo de tiempo que puedo hacer de mi casa al inmueble ubicado en la colonia Napóles es de una hora y media, ya exagerando. Si se preguntan por qué no había pisado tan importante construcción, la respuesta es relativamente sencilla: nunca me interesó, pues mi afición por Cruz Azul es inexistente. Además, el ámbito profesional nunca me había llevado por esos rumbos. Afortunadamente existe ese dicho de que “siempre hay una primera vez” y este sábado 21 de abril del 2018 se cumplió para mí, en uno de los juegos más importantes para el estadio. En el adiós de La Máquina a su casa que habitó por 22 años.

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Siempre he sido consciente de que los aficionados celestes saben de dolor, pero también de lealtad, por eso mismo los respeto. Pese a las grandes decepciones de los últimos 20 años, muchas de ellas en su propio patio, siguen estando ahí para animar a su club y no se olvidaron de despedir al Estadio Azul de una manera digna. Porque estoy seguro que, más allá de partido (contra Morelia), lo que provocó la venta total de los boletos fue el adiós del recinto azul y eso también lo aplaudo.

El camino para llegar al inmueble dejó notar que era un sábado diferente. El recorrido estuvo lleno de hinchas con sus playeras azules, muchos de ellos con rumbo al estadio, al igual que yo. Llegué dos horas antes a las inmediaciones del recinto y a bote pronto, mi primera sorpresa, fue la cantidad de aficionados que ya estaban ahí. No se quisieron perder detalle alguno. Desconozco si siempre fue así, pero el ambiente era especial y no era para menos.

Siempre había escuchado que para ver el futbol en la capital del país, la mejor opción era el Estadio Azul y lo comprobé, He tenido la oportunidad de ir al Azteca y al Olímpico de CU, pero la vista que me dio el antiguamente llamado Estadio Ciudad de los Deportes fue única. Desde donde me encontraba era posible ver cada detalle del juego con claridad. De portería a portería, de rincón a rincón. Ahí quedé maravillado por completo y anhele haber podido disfrutar un juego del Atlante (mi equipo) en ese lugar.

Por si fuera poco, la atmósfera que rodeó la despedida del Estadio Azul fue inigualable. En ningún partido había visto/sentido algo así. La gente apasionada por su equipo, pero más que nada entregándose a un estadio, porque todo fue por la construcción. La afición no dejó de alentar en un solo momento. Gritó, brincó, pegó e hizo todo lo posible por hacer vibrar su casa por última vez y lo realizó de una manera excepcional. En cierto momento, era casi imposible resistirse a querer apoyar como lo hacían todos.

El 2-0 que Cruz Azul consiguió ante Morelia pasó inadvertido para mí. Sí, vi los goles y cómo se desarrolló el partido, pero la mayoría de mi atención siempre estuvo en el público, en su quehacer durante el partido y en los minutos finales. Y es que ver personas explotando sus gargantas al unísono y otras tantas más al borde de las lágrimas, siempre pondrá los sentimientos a flor de piel.

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Al final, miles de aplausos llegaron gracias al sonido local, que nombró a unas de las muchas figuras que pisaron el Estadio Azul desde 1996. En la salida sonaron las Golondrinas y con ellas el último adiós de un recinto que albergó al futbol por décadas, dejando una huella imborrable para el balompié mexicano.

¿Lamento no haber ido más veces? Sinceramente no. Estoy seguro que pude ver episodios memorables, pero ninguno como el primero y el último que viví ahí. Un honor y placer haber sido parte de este adiós. Hasta nunca, Estadio Azul.

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