Rubén Semedo se formó en la misma academia que Cristiano Ronaldo, la del Sporting de Portugal. Desde joven se le vio como futuro dueño de la central lusa.

Nació y creció en Amadora, uno de los distritos más pobres de Lisboa. Como a muchos niños, el futbol lo “rescató” de la delincuencia y de las malas prácticas a las que podría ser empujado.

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Cuando Semedo tenía cinco años su padre fue enviado a prisión. Probablemente ese fue uno de los episodios que más marcaron la vida de Rubén.

El 7 de junio de 2017, el Villarreal llegó a un acuerdo con el Sporting y adquirió al portugués por 14 millones de euros. El Submarino Amarillo “le ganó” el fichaje a varios equipos, incluidos algunos de la Premier League.

Al llegar a España arrastró voluntariamente su pasado y llevó consigo a un grupo de amigos que cualquier madre tacharía de “malas compañías”.

Dice El País que Semedo construyó en el sótano de su casa una discoteca. Las lesiones no lo dejaron y hoy, a sus 23 años, su carrera ha terminado.

El día de ayer, fue imputado por los delitos de homicidio en grado de tentativa, lesiones, amenazas detención ilegal, tenencia ilícita de armas y robo con violencia. Su condena podría ir de 5 a 10 años.

Todo empezó cuando la víctima acudió a casa del jugador a entregarle un auto que le había prestado, pero Semedo lo recibió con bats y palos de golf, mientras lo golpeaba aprovechaba para amenazarlo de muerte y amagaba con cercernarle un dedo.

Supuestamente el motivo de la golpiza fue por una deuda de 5 mil euros. Los agresores querían conocer el paradero del deudor y al parecer los golpes eran la única vía para llegar a él.

Esta no es la primera vez que el jugador del Villarreal se ve inmiscuido en este tipo de problemas, antes ya había sido acusado de encañonar a un empleado de un bar en Valencia.

Por lo pronto, los 14 millones de euros y la presunción de un buen central han quedado atrás para los Amarillos. Así es como se termina con una joven y prometedora carrera; arrastrando un pasado que no tenía nada bueno.