Está de sobra decir que uno de los clubes sudamericanos que más hemos mencionado en los recientes días son Boca Juniors y River Plate. Los dos equipos más populares de Argentina son rivales acérrimos y disputaron la Final de Copa Libertadores más larga en la historia. Primero, en la Ida, la lluvia; luego, en la vuelta, las agresiones al camión de los Xeneizes.

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Al final y después de un montón de especulaciones el campeón se definió en España, en la cancha del Santiago Bernabéu. River se coronó en Europa y de ahí viajó al Mundial de Clubes donde recién consiguió el tercer puesto de la competición. Mientras tanto Boca comenzó una reestructura de cara al 2019. Los mellizos (Gustavo y Guillermo Barros Schelotto) dejaron la dirección técnica del equipo y Nicolás Burdisso se convirtió en el director deportivo de la institución.

Ya con un ente encargado de los movimientos comenzaron los rumores para elegir al ocupante del banquillo azul y oro. Desfilaron varios nombres: Diego Armando Maradona, Antonio Mohamed, José Pékerman y hasta Mourinho.

El portugués tomó relevancia ya que luego de la derrota que sufrió el Manchester United en contra del Liverpool fue destituido de los Red Devils. De inmediato Burdisso, que fue dirigido por Mou en el Inter de Milán, lo contactó pero la respuesta fue negativa a pesar de que la oferta fue “atractiva”.

Así que los Xeneizes se quedarán con las ganas de ser dirigidos por un técnico con amplio recorrido en Europa. Por lo pronto todo apunta a que Gustavo Alfaro, el hasta hace unos días técnico de Huracán, se haga cargo de Boca en los próximos días.

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Gustavo tuvo un paso fugaz como futbolista y como entrenador sus mejores logros fueron con Arsenal, donde consiguió un torneo local, una Supercopa y una Copa Argentina.

Alfaro se irá de Huracán por la puerta de atrás y llegará a Boca en momentos en los que se tratara de renovar a jugadores importantes como Nández, Pavón, Pérez y Magallán. Serán días complicados para Burdisso y compañía ya que perder la Libertadores contra River es un trago muy amargo.