Bates, guantes, cascos, gorras, hits, jonrones… y esteroides. Estos aspectos son “normales” en el beisbol de las Grandes Ligas, el último de ellos por desgracia, pero quizá tan común como ver cualquier pitcheo.

En 2007 salió a la luz el llamado “Informe Mitchell”, una investigación realizada por el senador estadounidense George Mitchell. Ahí se revelaron nombres que, de acuerdo a sus informes, habrían consumido sustancias para mejorar el rendimiento. Sin embargo, ese reporte llegó muy tarde a la MLB y solo lo hizo para ponerle cara a los culpables, pues ese era un hecho que ya se conocía.

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Barry Bonds, Andy Pettitte y Roger Clemens fueron tres de los 89 jugadores señalados por el senador Mitchell, pero dos años antes fue el beisbolista José Canseco quien hizo reventar la bomba llamada dopaje con su libro Juiced: Wild Times, Rampant ‘Roids, Smash Hits & How Baseball Got Big, en el cual reconoció haber consumido esteroides junto a otros compañeros de equipo, además de asegurar que el 85% de los jugadores de Las Mayores lo hacía, causando un revuelo a nivel mundial.

Sin embargo, el tema del dopaje en las Grandes Ligas comenzó a tratarse desde 1991, cuando el uso de esteroides fue prohibido a menos de que hubiera una receta médica de por medio, aunque en ese momento la asociación de beisbolistas se negó a las pruebas.

En 2002, en plena “época de las pelotas largas”, por fin hubo acuerdo entre jugadores y dueños para aceptar el control antidopaje y fue hasta 2004 cuando se comenzó a aplicar sanciones. Después vendría el libro de Canseco y así, cuando llegó el 2007, el tema del uso de sustancias prohibidas ya se había tratado, por lo que el Informe Mitchell “solo” sirvió para comenzar las pesquisas “serias” y poner los nombres de jugadores (sin darles el beneficio de réplica), basadas en artículos de prensa, confesiones de jugadores retirados (como ya se había hecho antes) y el testimonio de informantes (Kirk Radomski y Brian McNamee) que aceptaron hablar para evitar condenas o enjuiciamientos por distribución de esteroides.

Lo que el Informe Mitchell develó en sus páginas quizá no causó gran sorpresa para los peloteros y para la propia afición. Sin embargo, sí ayudó a ver más allá de un problema que ya traía raíces muy largas.

“Todos los que trabajaron en el beisbol en las últimas dos décadas —comisionados, directivos de los equipos, la asociación de jugadores y los jugadores— son responsables hasta cierto punto por la era de los esteroides”, apunta la investigación del 2007 y en estas palabras la razón predomina,

Si bien los grandes señalados son los jugadores, junto a ellos hubo alguien que les suministró la droga, quien se las aplicó y, por supuesto, quien mantuvo el silencio, haciendo de este uno de los casos más vergonzosos que el beisbol haya sufrido, colocándolo a la altura de la Serie Mundial que algunos jugadores de Chicago White Sox se dejaron ganar por dinero en 1919.

El fantasma del uso de esteroides en el beisbol norteamericano no ha dejado de rondar los diamantes, pues hasta este 2017 siguen apareciendo peloteros que usaron sustancias prohibidas. Quizá ya no es una exposición tan mediática como 10 años atrás, en el que el tema estaba en boca de todos, pero sin duda parece que erradicar este problema es imposible, al menos si las sanciones no se endurecen.

El beisbol es un deporte donde el peso realmente importa

En 2014 hubo cambios en la suspensión por dopaje en la MLB. 80 partidos de castigo recibirá el jugador que se encuentre culpable por primera ocasión, una temporada completa si es por segunda vez y de por vida en caso de infringir por tres ocasiones, algo que a estas alturas aún parece indignante, pues las autoridades de Las Mayores se mantienen permisivas al uso de sustancias para mejorar el rendimiento hasta en dos ocasiones.

Y, por desgracia, la honorabilidad del juego es la única que termina afectada completamente, pues en ocasiones ni la de los propios jugadores. Ahí están Mark McGwire, Alex Rodríguez o Barry Bonds (máximo jonronero de todos los tiempos), quien pesé a ser parte de este grupo, mantienen sus registros intactos y (algunos) siguen siendo vistos como leyendas de este deporte.