Uno de los impuestos que más molestia genera entre los mexicanos es el Impuesto sobre tenencia o uso de vehículos. Cuando se piensa en este impuesto, irremediablemente nuestra mente nos remite a los Juegos Olímpicos de 1968. Sin embargo, ¿en verdad México 1968 es responsable de la imposición de esta obligación tributaria? La respuesta es NO.

La tenencia es odiada en parte porque se nos ha contado que era un impuesto “temporal” para financiar los Juegos Olímpicos. Esto por supuesto que genera indignación porque hace 50 años que se acabaron los Juegos y ese engorroso impuesto sigue existiendo. Para muchos, la vigencia de esta obligación tributaria es un “robo” de los políticos para seguir llenándose los bolsillos. No obstante, al seguir investigando nos encontramos que tiene un origen que no está relacionado con la máxima justa deportiva.

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Remontémonos a 1962. El Presidente de México era Adolfo López Mateos, quien presentó a la Cámara de Diputados la iniciativa de Ley del Impuesto sobre tenencia y uso de vehículos el 14 de diciembre de 1962. Fue aprobada como parte de la Ley de Ingresos el 28 de Diciembre de 1962 —el Día de los Inocentes— y publicada en el Diario Oficial de la Federación. Entró en vigor el 1 de enero de 1963.

Cuando México decidió presentar su candidatura formal como sede para organizar los Juegos Olímpicos de 1968, lo hizo en junio 1963. Hicieron su propuesta en la 60ª reunión del Cómite Olímpico Internacional que tuvo lugar en octubre en la ciudad de Baden-Baden, en Alemania Occidental, compitiendo contra Detroit (Estados Unidos), Lyon (Francia) y Buenos Aires (Argentina). Para ese entonces, ya se habían hecho dos pagos del impuesto de la tenencia. ¿Cómo pudo ser que un impuesto oficializado en 1962 ser creado con el fin de financiar un evento para el que no se había postulado aún?

Porque, si quisiéramos pensar mal, podríamos decir que lo aplicaron con los Juegos Olímpicos en la mente. Es decir, la tenencia fue impuesta con la organización de los Juegos en la mente para así garantizar tener la solvencia económica para poder asumir los gastos de los Juegos. Pero, cuando fue aprobada, no sabían si su candidatura iba a ser la elegida.

Lo anterior va de la mano con la supuesta temporalidad del impuesto. Al no haber sido pensado para solventar los costos de los Juegos Olímpicos, nunca tuvo el carácter de transitorio o temporal. En ninguno de sus apartados se menciona que esa sea su naturaleza. En sí, la finalidad de este impuesto era la mejora de la infraestructura y no el financiamiento de algo en específico. En resumen, su existencia no está relacionada con los Juegos.

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Para cuando a la Ciudad de México se le otorgó la organización de los Juegos Olímpicos de 1968, el 12 de octubre de 1963, ya se había pagado la tenencia. Aunque es importante aclarar que, si bien no se creó debido a los Juegos Olímpicos, sí ayudó a cubrir los gastos que se generaron por la planeación de los mismos.

El reporte financiero del Comité de los Juegos Olímpicos, presidido por Pedro Ramírez Vázquez, nos dice que se invirtió un total de 2 mil 198 millones 800 mil pesos que se cubrieron durante la década de los sesenta. El subsidio federal neto a los juegos, solo fue de 710 millones 100 mil pesos, ese fue el costo de los Juegos para Hacienda Pública. El resto del financiamiento (mil 488 millones 800) fue recuperable, porque pagó la construcción de instalaciones diversas y obras públicas.

Al terminar los Juegos Olímpicos, la tenencia continuó. La ley fue sufriendo reformas con el paso de los años. Actualmente, el cobro pasó de ser federal a local. Cada estado decide si cobra o no el impuesto.

En resumen, el mito de que la tenencia se creó por los Juegos Olímpicos se queda en eso, en un mito.