Hay un viejo pensamiento que seguramente tus papás o tus abuelos te mencionaron muchas veces: “El ser humano vive de sueños”. Desde niños muchas ilusiones rondan por nuestra cabeza, desde ser astronauta o maestro hasta ser cantante o magos. La familia es pieza fundamental en esto, el apoyo que te den o el freno que te pongan hará que trates de seguir los sueños más locos o te replantees la idea de ir por algo más “real”.

Acá te presentamos el caso de Roberto Hernández, pitcher promesa que decidió abandonar las Grandes Ligas por esa sencilla razón: su familia.

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Todo inició a los 15 años, cuando participó con la Selección de su natal Cuba en el Panamericano Juvenil, donde precisamente le ganaron a la novena de las Barras y las Estrellas. De ahí dejó su país rumbo a República Dominicana con el objetivo de llegar a ser beisbolista en Estados Unidos.

“Decido salir del país con mi papá, todo fue legal, en busca de sacar a mi familia adelante, en busca del béisbol profesional. Comencé a entrenar en un área en la provincia de Bonao, estuve como un año y tres meses, ahí me vieron los scouts que viajan por todo América Latina buscando prospectos, me hacían mucho seguimiento. Me hicieron varias pruebas de velocidad contra bateadores, videos, entrevistas para hablar de la familia, vieron mis condiciones, resultados y me firmaron con los Indios de Cleveland“, contó.

El dinero no fue la única razón por la que decidió aceptar el contrato, siempre pensando en los suyos, esta fue la mejor opción. La organización de Cleveland “no solo se basan en el desarrollo del pelotero sino en el bienestar, en el aspecto de la familia”, así que este fue el gancho para aceptar el trato fue por 320 mil dólares.

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Roberto Hernández. (Imagen: Twitter)

Pero luego de dos años practicando con ellos, tuvo tiempo suficiente para llegar a la conclusión de que no era el futuro que quería. Para Hernández los lujos, el acceso al internet y el jugar en las Grandes Ligas no se comparan con jugar domino y pasar tiempo con su familia.

“Es algo difícil, había muchas perspectivas trazadas a nombre de Roberto Hernández, la de los entrenadores de todo aquel que me siguió y puso su vista en mí. Pero gracias a Dios, todo salió bien, tuve la oportunidad de sentarme con los altos jefes de mi equipo, entendieron mi situación. Me quedé con todo el dinero, pensé que me iban a perjudicar, pero me dieron la oportunidad de estar libre, me dijeron que me cuidara el brazo y que jugara en el beisbol cubano que tenía mucho futuro, al final vieron que era un muchacho de casa, que podía tener todas las condiciones del mundo para llegar a las Grandes Ligas, pero si no tenía el apoyo de mi familia era algo imposible, entonces rompí el contrato y ya”, aseguró.

Hoy con 17 años juega en Cuba en el estadio Luis Torres de Yaguajay tras haber dejado de lado el sueño americano, hoy duerme feliz en casa acompañado de su familia y esposa.