El 15 de abril de 1989, más de 50,000 personas se reunieron en el Hillsborough Stadium en Sheffield, Inglaterra, para el partido de semifinal de la Copa FA entre Liverpool y Nottingham Forest. Para aliviar un cuello de botella que se formó en la entrada al estadio por los fanáticos de Liverpool que intentaron ingresar al lugar antes del inicio, la policía abrió una puerta de salida y la gente se apresuró a entrar.

Más de 3,000 fanáticos fueron canalizados a un área solo estar de pie y que tenía una capacidad para solo 1,600. Esto desató la tragedia. El aplastamiento obvio en las gradas hizo que los organizadores pararan el juego después de seis minutos.

96 personas perdieron la vida. Y, para sumar al dolor, las autoridades se encargaron de culpar a los aficionados de algo que fue producto de su incompetencia.

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Fútbol convertido en tragedia…

Han pasado 30 años desde que Hillsborough se volvió sinónimo de tragedia, muerte, pero sobre, injusticia. Tres décadas después, los procedimientos legales todavía están en curso. A principios de este mes, un jurado en el juicio del comandante de la policía que estaba a cargo ese fatídico día, David Duckenfield, no pudo llegar a un veredicto sobre su cargo de homicidio por negligencia grave. Los fiscales están buscando un nuevo juicio.

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(Imagen: Getty)

Un cierre es todo lo que los miembros de la familia de aquellos que murieron como resultado de ese fatídico día en Sheffield han deseado. El mundo como lo conocemos y, de hecho, el fútbol puede ser completamente diferente al de 1989, pero el deseo de que finalmente se nos permita avanzar, dejar atrás ataduras es universal, sin importar cuánto tiempo tome.

Aquellos que murieron estaban destinados a disfrutar uno de los mejores días de sus vidas. Una semifinal de la Copa FA en esos años era mucho más grande de lo que es hoy. Jugar en un terreno neutral lejos de Wembley: una ocasión muy especial, sobre todo porque no había fútbol europeo para los equipos ingleses en ese momento después de la prohibición de Heysel, cuando los hooligans hicieron de las suyas.

Debería haber sido una celebración de todo lo que era bueno en el fútbol inglés. Dos bandos con entrenadores famosos e históricos (Kenny Dalglish y Brian Clough) a quienes les encantaba jugar el fútbol de una manera que los aficionados gozaran también.

Pero en lugar de ver uno un partido entre dos de los mejores equipos de Inglaterra, lo que pasó fue algo tan impactante que muchos de nosotros nos seguimos estremeciendo cuando las imágenes se reproducen hoy en día.

Cuando se culpa a las víctimas

Los informes de la televisión en vivo ya dejaban en claro que no había habido violencia y que se había abierto una puerta para aliviar el caos del exterior… sólo para trasladarlo al interior de Hillsboroug, en una cara muestra de incompetencia de las autoridades. Los aficionados no pudieron escapar de las enormes barreras metálicas que les impedían alcanzar el campo. Se quedaban sin aire, sin aliento, sin vida.

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Pero algunos en la cancha pensaron que era vandalismo, hooliganismo. Pero no, no lo era. Sin embargo, la narrativa ya estaba escrita en la cabeza de la gente. Borrachos, fanáticos del Liverpool sin boletos otra vez. Lo mismo de siempre en aquellos años. No les dieron la oportunidad. Los juzgaron culpables por defecto.

Heysel, que ocurrió cuatro años antes, en 1985, sí fue culpa de los fanáticos del Liverpool. Un grupo importante había atacado a los tifosi de la Juventus antes de la final de la Copa de Europa de aquel año. Se produjo un caos y se derrumbó una pared en el decadente estadio de Bruselas. La tragedia costó 39 vidas. La justicia fue rápida en aquella ocasión. Los clubes ingleses fueron expulsados ​​de Europa hasta 1990 con Liverpool excluido por un año adicional, mientras que 14 fanáticos de Liverpool fueron condenados por homicidio involuntario.

En contraste, el desastre de Hillsborough no tuvo nada que ver con los fanáticos y sí mucho que ver con las autoridades.

La estigmatización de los Reds

El periódico The Sun tuvo mucho que ver con la reacción inicial a Hillsborough. El tabloide más popular de Gran Bretaña publicó una historia en la portada titulada “The Truth”… “La verdad”. Detalla cómo los fanáticos del Liverpool, embriagados y presos de una euforia violenta, causaron la tragedia para luego robar los bolsillos de los muertos y orinar sobre los valientes policías. Una sarta de mentiras para ocultar la incompetencia de las autoridades, que se vieron sobrepasadas por la situación.

Y es que fueron los aficionados los que se aprestaron en salvar a los que estaban siendo afectados. Las ambulancias no podían llegar al estadio y la policía no hacía nada por ayudar. Fueron los hinchas los que improvisaron camillas, los que brindaron primeros auxilios y los que trataron de rescatar a todas las personas que les fuera posible. Ellos fueron los héroes… pero su reputación fue dañada.

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(Imagen: Getty))

The Sun todavía vende un número insignificante de ejemplares en Liverpool, a pesar de las disculpas que se vieron forzados a pedir.  Pero ese infame artículo fue el comienzo de una campaña por parte de quienes tienen autoridad para tratar de echar la culpa de la tragedia a los fanáticos y alejarlos de la policía y los oficiales del estadio.

La investigación inicial de un forense determinó que las muertes fueron accidentales, para la ira de las familias de las víctimas. Una investigación gubernamental separada, el Informe Taylor, encontró que la falla del control policial era la razón principal del desastre, sin embargo, no se presentaron cargos criminales.

El Informe Taylor condujo a los estadios de las dos principales divisiones del fútbol inglés, a eliminar las altas vallas metálicas que eran un peligro, como se vio en una semifinal de Hillsborough anterior, en 1981, cuando los fanáticos ya habían tenido que saltar al campo por un amontonamiento. Las lecciones que no se aprendieron en 1981, las aprendieron de manera dolorosa en 1989.

Una revisión en 1997 decidió que no había razón suficiente para una nueva investigación en Hillsborough. Los procesamientos privados de las familias contra Duckenfield fracasaron en 2000.

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Justicia para los 96

Después de años de campaña y de que la frase “Justice for the 96” -“Justicia para los 96“- se convirtiera en sinónimo de Liverpool como club y ciudad, se formó el Panel Independiente de Hillsborough en 2009 para revisar las pruebas reunidas por los familiares y durante investigaciones previas.

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En 2012, se emitió un informe de casi 400 páginas. La conclusión fue que ningún fanático del Liverpool fue responsable de la tragedia. La falta de control policial y la seguridad de la multitud comprometida fueron las causas principales. De manera crucial, el Panel encontró que las declaraciones de los testigos habían sido manipuladas y alteradas, muchas de ellas para eliminar las referencias negativas sobre la policía y su proceder.

Los hallazgos del Panel llevaron a una disculpa del gobierno británico y una nueva investigación, la más larga en la historia británica, que dictaminó en abril de 2016 que todas las víctimas habían sido asesinadas por negligencia. Esto abrió la puerta para que se inicie un proceso penal contra Duckenfield. Sin embargo, el jurado no pudo llegar a un veredicto.

Desde entonces 1989, el Liverpool no logra levantar el título de campeón de Inglaterra. Es como si la tragedia de Hillsborough fuera una maldición que pesa sobre los Reds. Hace 5 años, parecía que por fin lograría alzar el título, pero caprichoso destino hizo que el resbalón de Gerrard -quien perdió a su primo en Hillsborough- contra el Chelsea fuera el inicio de una debacle que los dejó en la orilla. Sin embargo, parece que esta temporada puede ser la ocasión perfecta para romper la sequía y honrar la memoria de aquellos que sólo querían disfrutar el triunfo de su equipo.

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La famosa canción del estadio de Liverpool, You’ll Never Walk Alone, nunca ha parecido más adecuada. Los aficionados -no sólo de los Reds, pero de los demás equipos de la Premier- se han mantenido juntos durante 30 años, incluso cuando parecían estar luchando solos por su causa. La espera continúa por lo que ellos creen que es justicia.