“Patear a un fascista fue lo mejor que hice en toda mi carrera”

Eric Cantona tiene reservado un lugar muy especial en la historia del futbol.
Eric Cantona es uno de los rebeldes más grandes en la historia del futbol (Foto: Getty)

“¿Qué sabemos de futbol? La liga de Campeones. El monto de los pases. La hinchada que silba. La violencia. El negocio. Ustedes tienen razón, eso también es futbol. Pero yo les voy a hablar de otra cosa. Voy a hablarles de los verdaderos valores. De los hombres. El futbol es mucho más que el opio de los pueblos. Significa buenas intenciones, corazones nobles”.
Rebeldes del Futbol
Cantona E.

Escrito por: Kin Canek Maya Gutiérrez

Como muchos otros niños chilangos clasemedieros, crecí viendo futbol y jugando en las calles y llanos de mi barrio, chutando balones las tardes enteras con los vecinos hasta que los últimos rayos de luz lo permitían o hasta que los gritos coléricos de mi mamá indicaban la hora para que entrara a la casa. En esos días de finales de los noventas yo era un niño de no más de 11 años y el más chico de toda la malandrada que se juntaba en la calle a echar la reta. De aquellos días recuerdo que, además de disfrutar como loco el peculiar encanto que tiene patear una pelota tratando de demostrar que se es bueno en el bello arte del balompié, también me fascinaba escuchar y aprender con los datos, las estadísticas y las largas discusiones acaloradas, casi hasta los golpes, que mis vecinos -unos adolescentes varios años mayores que yo- tenían sobre jugadores y equipos nacionales e internacionales, es decir, sobre el futbol de aquellos días. Tengo que decir y reconocer que, si bien nunca fueron estudiantes destacados en la escuela, su conocimiento sobre el deporte de las patadas rayaba la erudición, eran verdaderos sabios del soccer.

Así fue como me enteré de la existencia, no solo de jugadores y equipos, sino de historias, rivalidades, trayectorias, jugadas emblemáticas y de la pasión por los colores de un club. Así fue como también me enteré de la existencia de un personaje del soccer al que hasta hoy en día admiro muchísimo y que se volvió, sin pena de decirlo, un verdadero ídolo, no solo por su trayectoria y su forma de juego elegante e intensa, sino por el aura y carisma que forjó en el medio futbolístico y más allá de él.

Y es que creo, que lo que lo distingue del resto de los jugadores famosos, se debe en buena medida a un rasgo más bien de índole filosófico que deportivo, un rasgo que es muy difícil de encontrar en los jugadores de futbol actuales y en las figuras del deporte en general, hablo de una postura política que se reflejaba en su práctica profesional, en su juego y en su forma de entender el futbol, estrechamente ligada a una actitud y un compromiso ético muy consciente, un ejercicio propiamente filosófico en el deporte, diría yo.

Fue a mediados de los 90 cuando el monstruo de la industria de ropa deportiva de la palomita reunió, en un comercial genial, a un puñado de estrellas del futbol mundial de aquel entonces. El peculiar comercial contaba una historia, narraba un mito acerca de un tiempo en el que “el príncipe de las tinieblas apareció en la tierra para destruir el más bello de los juegos” enviando un ejército de demonios a la tierra para que se enfrentaran en un partido de futbol a un equipo en el que aparecían figuras de la talla de Figo, Kluivert, Maldini, Ronaldo y Jorge Campos, quienes tras una faena de jugadas y pases espectaculares, dignas de héroes mitológicos, dejaban solo frente a la portería a un joven pero ya consagrado delantero del Manchester United: Eric Cantona, quien controlando el balón y subiéndose el cuello de la casaca, cerraba la faena con un tajante “Au revoir”, venciendo al guardameta Lucifer con un tiro a portería que lo atravesaba como una bala de cañón, salvando así a la humanidad. El héroe triunfaba.

Eric Cantona se retiró con solo 30 años (Foto: Getty)

Eric Cantona nació un 24 de mayo de 1966 en el barrio de Les Caillols en Marsella, en el seno de una familia de clase trabajadora y multiétnica. Fue el segundo de tres hermanos, hijo de un enfermero y una costurera, nieto por el lado paterno de un migrante de origen sardo proveniente de Cerdeña y, por el lado materno, de un combatiente del ejército Popular de la República durante la guerra civil española, quien huyó a Francia con su familia y estuvo en un campo de concentración del Rosellón tras la avanzada del bando sublevado en el 39. Así es como se explica, en buena medida, el origen del carácter aguerrido y el tesón que caracterizaron a Cantona dentro y fuera de las canchas, pero sobre todo, y esto es lo que más me llama la atención, se entiende la raíz del compromiso y la congruencia política de un futbolista sui generis que, como bellamente describe el periodista deportivo Eduardo Corrales: “andaba por el campo [y la vida] como andan los obreros cuando van a la huelga, con el corazón dando el primer paso”.

Así lo demostró a lo largo de su carrera como jugador, primero en los años de juventud en Francia, jugando para el AJ Auxerre, club que lo vio debutar, así como en su paso por el Olympique de Marsella, Burdeos, Montpellier y Nimes Olympique, hasta el momento en el que tras una rencilla con el director técnico de la selección francesa, y debido a sus problemas de conducta e irreverencia en la cancha, decide que se retiraría del futbol, tenía entonces solamente 25 años.

Para nuestra suerte, Platini, otra leyenda del futbol francés convenció a Cantona de buscar suerte en Inglaterra, el lugar de los orígenes, la isla que había visto nacer el juego más bello del mundo para recuperar la ilusión y el deseo. Y así fue.

Cantona llegó al Leeds en enero del 92’ para ayudar al equipo a conquistar su primer título de liga tras 18 años de sequía, y ya para el invierno del siguiente año, el caballero de la corona inglesa, Sir Alex Ferguson, logró que su traspaso al Manchester United, uno de los equipos con mayor renombre en Inglaterra, se concretara. Allí se forjó, tras cinco temporadas, 82 goles y 186 partidos, la leyenda del Rey.

Cantona llegó al United procedente del Leeds United (Foto: Getty)

Pero Cantona no era un Rey cualquiera, no podía serlo, sus raíces y su lucha lo convertían en un ser de contradicción. Un Rey proletario procedente del barrio trabajador de Les Caillols haciendo magia en el Old Trafford, y qué mejor escenario para este monarca del pueblo que un “teatro de los sueños”.

“En aquel momento ya no era el obrero que iba a la huelga, sino el obrero que la había ganado”.

Lo que hizo Cantona en Inglaterra en aquellos años de reinado proletario fue demostrar que el futbol hay que jugarlo con los mismos principios y valores que rigen una vida, y que aquello exige una congruencia y un compromiso tales, que el juego se torne un principio en sí mismo, algo por lo que valga la pena hacerse digno. Ya sé, suena exagerado, pero para muestra, un balón.

Como cuenta Cantona en la película de Ken Loach, en la que se interpreta a sí mismo, su mejor gol fue un pase, un balón al borde del área frente a los Spurs que Cantona picó por encima de los defensores dejando a su compañero Irwing frente al marco… “me llegó la bola como un fogonazo y le di con el exterior, sorprendí a todos […] la cogió en carrera y mi corazón se disparó; un regalo, sí, fue como una ofrenda al gran dios del futbol”.

Siempre es mejor dar que recibir

Hay declaraciones acerca de la vida que no se pueden hacer con palabras, porque no caben en ellas y Cantona fue todo un místico del lenguaje con los pies. Su sentencia futbolística y política más importante la firmó el 25 de enero de 1995 en la casa del Crystal Palace, cuando a los tres minutos del segundo tiempo Cantona fue expulsado por una acción violenta sobre un defensor. Mientras era escoltado fuera de la cancha, los aficionados locales comenzaron a increparlo, pero hubo uno que acaparó la atención de Eric, un aficionado de nombre Matthew Simmons que había bajado once filas hasta llegar al borde del campo y que lanzó una serie de insultos xenófobos al jugador francés, desatando su furia. Así fue como Cantona se lanzó corriendo a las gradas y saltando por los aires le sorrajó una patada voladora en el pecho a Simmons, seguido de una lluvia de golpes.

Hoy se sabe que Simmons era militante del National Front, una agrupación política de extrema derecha de corte fascista y ultranacionalista. La agresión de aquel día le valió a Cantona una fuerte sanción de suspensión por nueve meses, una condena de trabajo comunitario y una multa de 30 mil dólares.

Sin embargo, el Rey nunca se arrepintió de su acto. En una entrevista para el programa Football Focus, cuando se le preguntó sobre el mejor momento de su carrera, Cantona contestó: “Fue cuando le di la patada de kung fu a un hooligan, porque ese tipo de gente no tiene nada que hacer en un partido. Creo que es un sueño para algunos dar una patada a ese tipo de gente. Así que lo hice para ellos, para que estuvieran felices. Y ellos hablan hasta hoy al respecto. He visto muchos jugadores marcando goles y todos ellos saben la sensación. Pero esta, de saltar y patear a un fascista, no es algo que se saboree todos los días”. (2020)

Tras su castigo, Cantona regresó el 1 de octubre de 1995, Manchester lo recibió como su Rey, y este le dio el título de copa y el siguiente título de liga con el brazalete de capitán. Cantona se retiró del futbol con 30 años y en lo mas alto de su carrera, podía haber seguido jugando pero no quiso. Desde entonces el Rey proletario ha incursionado en una larga lista de ocupaciones, desde actor y productor cinematográfico, hasta político disidente, protagonizando protestas en contra del sistema bancario francés. Preocupado siempre por las crisis económicas y migratorias que azotan a Francia.

Cantona es un claro ejemplo de que se puede incidir políticamente desde cualquier ámbito de la vida, incluyendo el deporte, y que este no está exento de las relaciones de poder que determinan el estado actual de cosas, porque los atletas también son sujetos políticos y Cantona estaba muy consciente de que su condición les exigía una toma de conciencia y una postura clara frente al mundo y los sistemas que lo rigen. Hoy en día Cantona, de 53 años, dibuja en su rostro una poblada y encanecida barba, al estilo Marx, ¿romanticismo?… quizá, aunque no hay nada gratuito en ello.

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