La escalofriante historia del Estadio Luzhniki

El estadio sede de la Final del Mundial de Rusia 2018 entre Francia y Croacia tiene una historia escalofriante

“Ojalá nunca hubiera marcado ese gol”, dijo Sergei Shvetsov. Y es que su tanto despertó la felicidad y la tragedia.

20 de octubre de 1982. El Estadio Central Lenin, hoy conocido como el Estadio de Luznhiki, alberga los dieciseisavos de la Copa de la UEFA entre el Spartak de Moscú y el Haarlem de Holanda, donde Ruud Gullit, una de las estrellas de la Naranja Mecánica se había formado. El frío es insoportable. Los diez grados bajo cero opacan la emoción de estar presente en un cotejo eliminatorio de fases finales y los más de 18,000 aficionados se ven obligados a ubicarse en una sola tribuna del inmueble debido a las condiciones adversas del clima.

El cotejo se encuentra en los minutos finales y el Spartak lo gana 1-0, pero la gente ya no puede más. Las chamarras no abrigan lo suficiente y las bufandas parecen inútiles, por lo que los presentes dicen “al diablo” y abandonan el recinto pensando que el resultado no cambiará. Shvetsov, sin embargo, piensa diferente, y un gol suyo despierta la euforia rusa. Esto no se acaba hasta que se acaba. Todavía queda la mitad de los aficionados en las graderías y los gritos de felicidad de estos llaman la atención de los otros, quienes saliendo por el único túnel habilitado, se regresan para ver qué sucede.

“Ojalá nunca hubiera marcado ese gol”: Shvetsov

La alegría está a punto de convertirse en llanto. En la grada, dirigida por la felicidad del grito de “gol”, una mujer resbala cuando se encuentra en las escaleras que llevan al corredor de salida y los hombres que intentan ayudarla casi fallecen aplastados por la masa soviética que festejó la anotación. “Algunos levantaban la mano, pedían ayuda. Pero no conseguían moverse. Logré agarrar a un muchacho y desplazarlo unos metros en busca de una ambulancia, pero ya estaba muerto. Alejándome del estadio, vi que los cadáveres eran centenares”, recordó el tenista ruso Andrei Eduardovich Chesnokov, quien llegó a estar en el top 10 del ATP y se salvó de morir aplastado después de agarrarse del congelado pasamanos de la escalera.

Ese día murieron más de 300 personas, pero nadie lo supo. “Los soviéticos decidieron ocultar el hecho, y aunque quedó registrado en el Vechernyaya Moskva, uno de los periódicos más leídos en Moscú, solo hablaron de 10 muertos, y rápidamente el ‘accidente’ pasó al olvido de los moscovitas. Sin embargo, otros medios internacionales fueron publicando nuevos números, hasta que el Kremlin reconoció que no había sido un puñado de gente, sino 66 personas aplastadas. Solo 7 años después se supo que el gobierno había mentido y fabricado información –no podían demostrar una inferioridad frente a los americanos en plena Guerra Fría, con quienes sostuvieron una carrera tecnológica durante décadas–, pero en 1989 un reportaje del periódico Sovestsky Sport reveló lo que sería la “Tragedia de Luzhniki”: por lo menos 350 personas habían muerto en la avalancha”, se puede leer en Las 2 orillas.

Hoy, frente al estadio donde se disputa la gran final del Mundial de Rusia 2018 entre Francia y Croacia existe un monumento conmemorativo por los aficionados que murieron debido a un gol de su propio equipo, y aunque el gobierno ruso nunca reconoció los más de 300 muertos, podemos decir que los fantasmas de la llamada “Tragedia de Luzhniki” también estuvieron presentes en el partido definitivo para conocer a la mejor selección del planeta.