La magia del futbol sudamericano radica en los “huevos”, la garra que los jugadores le ponen en cada juego y con la que disputan cada pelota. De ahí que las mejores ligas del mundo (española, inglesa, italiana, alemana) doten a sus equipos de latinos; los que le ponen sabor al deporte más popular del mundo.

Pero muchas veces esa garra se transforma en pleito. La sangre se calienta y un gol en contra, por absurdo que parezca, puede convertirse en una provocación: el objetivo principal del juego como desafío.

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Conmebol ostenta una de las eliminatorias más complicadas de todas las confederaciones. Por eso algunos aventurados somos criticados al pensar que a México le caería bien competir con los sudamericanos. Seguramente no asistiríamos a los mundiales con la frecuencia en la que lo hacemos pero,  ¿apoco no les gustaría ver un México vs Argentina en el Estadio Azteca?

Un ejemplo de la garra de la que hablamos se dio hace 17 años: se disputaba la eliminatoria para el Mundial de Corea-Japón 2002 y Brasil recibía, en Porto Alegre, a Paraguay. El partido terminó 2-0 a favor de los cariocas. Pero, as usual, la escena que se llevó el partido fue la que protagonizaron José Luis Chilavert y Roberto Carlos.

Ambos jugadores, hoy leyendas históricas, se estuvieron retando todo el juego. Roberto Carlos disparaba; el balón terminaba en las manos de Chilavert y lo que seguía era un “no” en la mano del paraguayo. “Tú no anotarás”, parecía decir.

Al final del juego, ambos jugadores se encontraron, el portero encaró al defensa y después le escupió. Sí, de nuevo la sangre caliente mutó en agresión.

Meses después José Luis declaró: “Si tuviera que escupir nuevamente en la cara a Roberto Carlos lo haría porque él, durante el partido, me mostró los testículos y habló mal de mi país”.

Para muchos, incluido Chilavert, el tema había quedado sepultado. Pero hoy ese muerto revivió y el paraguayo dio a conocer una razón más por la cual agredió a su compañero: “En ese partido nos robaron mal porque había un árbitro alemán. ¿Qué hace un árbitro alemán en la eliminatoria sudamericana? Luego, Roberto Carlos pateaba de todos lados y no podía hacer un gol, entonces me hacía gestos, teníamos nuestros dichos. Terminó en el famoso escupitajo cuando me dijo: ‘indio, les ganamos 2-0’”.

Guardando las proporciones, el escupitajo es muy similar al cabezazo que Zidane le asestó a Materazzi en la final del Mundial de Alemania 2006. Los europeos parecían poner “huevo”, diría un argentino.

No debemos aplaudir la violencia dentro de las canchas pero, ¿no creen que estos episodios le dan misticismo al futbol?