El orgullo de representar a otro país en Río

Una de las figuras simbólicas que construyeron a los Juegos Olímpicos desde su concepción es el nacionalismo: la responsabilidad cívica y moral de representar el país de origen. Sin embargo,...

Una de las figuras simbólicas que construyeron a los Juegos Olímpicos desde su concepción es el nacionalismo: la responsabilidad cívica y moral de representar el país de origen. Sin embargo, a veces las posibilidades deportivas o económicas dejan al patriotismo en segundo plano en orden de poder competir en la justa veraniega.

Ruth Jebet, marchista keniata, se llevó la prueba de los 3 mil metros con obstáculos en un tiempo de 8:59:75, sólo por encima de su compatriota Hyvin Jepkemoi, con la diferencia de que la bandera que ondeó en el punto más alto del podio fue la de Bahrein, país para el que la campeona olímpica compite desde 2013.

Y no es el único caso. Giovanni Lanaro nació en California donde comenzó su entrenamiento de salto con garrocha, pero fue México la delegación con la que llegó al máximo escenario deportivo en Sydney 2000 y Atenas 2004. En caso inverso, el clavadista Kevin Chávez compitió para el equipo tricolor donde incluso ganó un bronce en el Mundial de la FINA en 2013, pero, tras una lesión decidió apostar por Australia, país para el que compitió en Río 2016.

Del lado opuesto, las federaciones, sobretodo de países emergentes en materia deportiva, han buscado nutrirse de atletas naturalizados como Catar, que sólo envío 16 nacidos en el emirato de 39 delegados. Entonces la bandera se convierte en el epicentro del objetivo.

 

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