El futbol es una enfermedad que también se lee

Patear una pelota condujo a querer entender el futbol desde su génesis y eso solo puede encontrarse en las memorias trasladadas al papel.
Imagen: Getty.

“Los millennials lo arruinaron todo”. Probablemente sea una de las sentencias que más he leído en las redes sociales en los recientes días. Facebook es el lugar donde el anonimato envalentona y los “pensadores” afilan sus dedos para culpar de todo —o casi todo— a una generación.

Pero hay algo que los millennials (personas que nacieron entre 1980 y 2000) no arruinaron sino todo lo contrario. Esos que tanto escozor le provocan a los opinólogos, generaron el posfutbol.

Podríamos definir el posfutbol como todo lo que sucede después de que se consumen los 90 minutos en los que se patea una pelota. Historias, crónicas y  biografías son el producto favorito de la generación que no se conformó con el tiempo regular.

Si usted, señor Ñe ñe ñe, llegó a este punto de la lectura y ya espetó: “Millennials, creen que lo inventaron todo”, le tengo un argumento que difícilmente podría odiar porque lo dijo alguien que se dedica a escribir, tiene 61 años y ama el futbol: Martín Caparrós.

El periodista argentino, durante la presentación de Ida y vuelta (libro que escribió junto con Juan Villoro), aseguró para el Clarín que el futbol era uno de los grandes fenómenos culturales del Siglo XX:

“Me parece una cosa muy rara, porque no hubo nunca en la historia esta idea que el deporte era algo que movilizara tanto miles de millones de personas, eso no había sucedido nunca hasta el Siglo XX. Dentro de eso, podrían haber sido otros deportes y fue el futbol. Eso siempre me pareció fascinante”.

El arrastre y la popularidad del deporte que más se practica alrededor del mundo irritó a muchos intelectuales hace algunas décadas, incluso creían que se trataba de opio para el pueblo. Uno de los más críticos, que además nació en un país muy futbolero, fue Jorge Luis Borges, autor de “El jardín de senderos que se bifurcan”, y punzante en muchas ocasiones al punto de minimizar la final de la Copa del Mundo de 1978 y dictar, a la misma hora, una conferencia sobre la inmortalidad.

Por fortuna, el pensamiento se modificó de a poco y ya hay quienes dedican parte de su obra al “ocioso” arte de empujar con el pie una pelota. Pero escritores y futbol no es la única ecuación, también existen los futbolistas que trasladaron sus jugadas al papel y uno de los más avanzados es Jorge Valdano.

“Jorge iba a las concentraciones de los partidos con dos maletas: una de ropa y otra de libros. Los compañeros solían arrancarle páginas al azar para comprobar si los leía de verdad. Cuando el argentino tuvo que dejar de jugar al fútbol, empezó a escribirlo”, redacta Natalia Junquera para el El País.

El delantero de Argentina en México 1986, publicó Los cuadernos de Valdano en 1997. Un año en el que algunos millennials apenas aprendían a leer. Por ejemplo, los nacidos en 1990 ya habían anotado su primer gol, pero probablemente no se habían sumergido en un libro.

Como una “droga puente”, patear una pelota condujo a querer entender el futbol desde su génesis y eso solo podía —y puede— encontrarse en las memorias trasladadas al papel. La mayoría de los medios, por la urgencia de vender y generar clics, han desdeñado el artículo extenso y explicativo, las historias no pagan pero los chismes revientan las arcas.

Es probable que aún falte mucho tiempo para que un perfil de un jugador o contar la historia de un juego entrañable estén por encima de las notas que especulan sobre la llegada de un “astro” a un club o el escándalo extracancha de un par de futbolistas. Afortunadamente ya hay librerías especializadas en futbol y eso es un síntoma de que se avecina una enfermedad que los millennials, eternos culpables de todo, se encargarán de esparcir por todos lados y esa es la de querer leer a la pelota.

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