La historia de México nos ha dictado desde siempre que los Niños Héroes fueron esos seis jóvenes que defendieron el Castillo de Chapultepec tras la invasión norteamericana el 13 de septiembre de 1847. Por casi dos siglos, esa acción ha sido colocada como unas de las más patriotas y el término “niños héroes” se ha acuñado a otras acciones loables fuera del aspecto bélico, como en los deportes, principalmente a esos grupos de jóvenes que ganaron los Mundiales Sub-17 en 2005 y 2011. Sin embargo, el futbol ha logrado opacar a otros ‘cadetes’, esos que a base de batazos y lanzamiento de pelotas también tienen un lugar en la historia: los peloteritos de la Serie Mundial de Ligas Pequeñas, celebrada en año con año en Williamsport, Pennsylvania .

Contraria e irónicamente a lo sucedido en 1847, México también ha logrado ‘invadir’ Estados Unidos y ser campeón en territorio vecino en diferentes ocasiones gracias al beisbol. El certamen de Williamsport se inició en 1947, pero no fue hasta una década después (a excepción de 1952 y 1953, ediciones en las que participó un equipo canadiense) en las que permitió la participación de novenas de otras regiones y fue justo en ese año donde se erigieron los primeros niños héroes del beisbol.

Williamsport celebra 60 años de la hazaña de los pequeños de Monterrey

En el recuerdo queda ese equipo de la Liga Industrial de Monterrey y su gran hazaña, pues además de ganar el campeonato también se recuerdan las formas. Un juego perfecto en la final, lanzado por el histórico Ángel Macías, fue el cerrojo perfecto a un torneo esplendoroso por parte de los infantes de Monterrey. Esta historia fue tan relevante que la llevaron al cine en dos ocasiones, la más reciente bajo el nombre de “El Juego Perfecto”. 

Sin embargo, esa no ha sido la única ocasión que México ha conquistado USA con 108 costuras de por medio. Pese a que lo hecho en 1957 es uno de los capítulos más recordados, pocos tienen en mente que un año después, con una base de jugadores de 12 meses antes, Monterrey regresó a Pennsylvania para refrendar un título, un campeonato que tardaría 39 años en regresar.

Entre 1958 y 1997 hubo una larga sequía para las novenas aztecas en la Serie Mundial de Ligas Pequeñas, aunque eso no indica que no fueron competitivas, pues en dos ocasiones (1964 y 1985) fueron finalistas y una más terminaron en tercer lugar (1961), pero no fue hasta casi los inicios del Siglo XXI donde México volvió a estar en los ojos del beisbol mundial, gracias a la liga Lindavista, proveniente de Guadalupe, Monterrey.

En el cierre de la sexta entrada, el cuadro regiomontano se encontraba abajo por 4-1. Dos bases por bolas, seguida de un jonrón de Gabriel Álvarez empataron el juego, pero la historia siguió en ese mismo inning. Una nueva base por bolas y un toque de sacrificio permitieron que el pelotero azteca se pusiera en la segunda almohadilla. El siguiente bateador conectaría un hit por el jardín central con lo que logró impulsar la siguiente anotación y así firmar el 5-4 y con ello una voltereta histórica, que además de regresar el título de Williamsport a México, dejó un grito que se convertiría en la consigna del deporte mexicano en momento difíciles, el ya famoso “¡sí se puede¡”. 

Desde aquel lejano 1997, los conjuntos de México han sumado un total de un subcampeonato (en 2008, donde Jesús Sauceda lanzó un juego perfecto que concluyó en cuatro entradas) y ocho terceros lugares, el último de ellos en 2017.

La Cuarta Transformación llegará al deporte y se volcará en el beisbol

Es cierto, el beisbol no tiene los mismos reflectores que el futbol, ningún deporte los tiene, pero eso no significa que los héroes no existan en esta disciplina. Tres equipos con campeonato, tres subcampeonatos y seis terceros lugares son la muestra que el beisbol mexicano, cuando pisa suelo estadounidense, es más que respetable.

Seguro pronto el éxito y un nuevo campeonato volverán a dejarnos unos nuevos niños héroes en el Rey de los Deportes.