El movimiento estudiantil de México tuvo su chispa adecuada en un simple partido de tochito. Algo que podría parecer inofensivo terminó por desatar una serie de marchas y protestas que culminaron en la matanza del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, una cronología de hechos que marcaron a todo un país y su historia.

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Primavera de 1968

De Praga a París. De París a México. En todo el mundo, los jóvenes clamaban por un cambio que rompiese con todo lo establecido. La primera generación que había crecido sin tener que ir al frente para pelear en una guerra decidió que la paz, esa paz, no era el fin de la lucha. Se dieron cuenta que las fronteras ya no eran territoriales, sino económicas, culturales y de clase.

En Checoslovaquia, el nuevo gobierno buscaba alejarse de la esfera soviética. Buscaba construir un Estado que permitiese la pluralidad política, la libertad de prensa y los sindicatos independientes. Un Estado que era inconveniente tanto para Oriente como para Occidente. Las fuerzas de la Cortina de Acero respondieron con una invasión. La sociedad, encabezada por la juventud, buscó resistir a través del sabotaje pacífico, como cambiar los nombres de pueblos y calles para despistar a los enemigos. Pero era una pelea desigual y la Primavera de Praga terminó con una brutal represión.

En París los ciudadanos en las calles, los estudiantes en las universidades y los obreros en las fábricas formaron un frente común contra un régimen y un estado de las cosas que parecían inamovibles. Las protestas se multiplicaron por todas las ciudades. Parecía que lograrían imponerse, pero en las elecciones de junio, el partido de Charles De Gaulle se impuso en una abrumadora mayoría. Los partidos que había apoyado las revueltas contra el Estado fueron derrotados y el sueño terminó.

En México, una rivalidad deportiva terminó por dejar al descubierto el descontento que existía contra el autoritarismo del Estado Mexicano. Las semillas de Praga y París llegaron a México y germinaron a través de un partido de tochito.

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Rivalidad Poli – UNAM

La rivalidad deportiva entre el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Nacional Autónoma de México data desde la década de 1936. Los equipos de futbol americano de ambas universidades se enfrentaron por primera vez en ese año. El Poli se impuso 6 a 0. Desde entonces, se fue generando un pique entre ambos estudiantados, que se podía palpar desde el nivel de educación medio superior. Las escuelas incorporadas al Poli y a la UNAMtambién estaban enfrentadas por el origen de sus alumnos,

La mayoría de los alumnos de la UNAM eran de clase media y llamados “popis” por sus contrapartes. Por su parte, los del “Poli”, eran hijos de trabajadores o de origen rural. Una combinación que hacía que los partidos entre ambas instituciones fueran considerados como Clásicos, ya fuera en la liga universitaria de futbol americano o una simple reta de tochito entre escuelas.

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Grupos Porriles

Uno de los métodos de control usados por el Estado mexicano como forma de autoritarismo y represión a movimientos estudiantiles fue la de infiltrar a sus agentes en escuelas y organizaciones estudiantiles que iban en contra de los intereses gubernamentales. Además, crearon y patrocinaron a grupos de choque paramilitar que fueron denominados como “Porros”. Se les denominó de tal manera ya que se formaron a partir de integrantes de las porras de los equipos de futbol americano universitario, tanto del Poli como de la UNAM. Eran reclutados como golpeadores que hostigaban, perseguían, reprimían y deslegitimaban a estudiantes y organizaciones opositoras al Estado mexicano.

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22 de Julio de 1968 – Voca 2 y 5 vs Isaac Ochoterena

En las inmediaciones de la Ciudadela, estudiantes de las Vocacionales 2 y 5 del Politécnico se enfrentaron en un partido de “tochito” contra estudiantes de la preparatoria Isaac Ochoterena, incorporada a la UNAM.

La Isaac Ochoterena se impuso por cuatro touchdowns de ventaja. Sin embargo, se dice que un chico de la Voca lanzó un piropo inapropiado a una de las estudiantes de la Ochotorena. Esto provocó que los ánimos se caldearan y los roces llegaron a golpes.

En la trifulca participaron dos pandillas que tenían como base a porros: “Los Ciudadelos” y “Las Arañas”, que fueron los principales incitadores para que los jóvenes se pelearan.

Los de la Isaac Ochoterena se llevaron la peor parte. No sólo fueron golpeados, también las instalaciones de la preparatoria resultaron dañadas porque alumnos de la Voca 2 y 5 los persiguieron hasta ahí. Lanzaron piedras que rompieron por lo menos 30 vidrios de la fachada y algunos autos quedaron dañados.

Los alumnos de la Isaac Ochoterena no se iban a quedar así. Buscarían venganza. Y la buscarían el día siguiente.

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23 de julio de 1968

Era un martes. A las 10:15 de la mañana, estudiantes de las preparatorias 2, 4 y 6 de la UNAMse dirigieron a la vocacional 2, en busca de revancha: apedrearon la fachada de la escuela y golpearon a algunos estudiantes que se encontraban ahí.

Entonces, alumnos de la vocacional 5 contraatacaron a los de la prepa Ochoterena. Sin embargo, lo que antes hubiera sido un pleito entre estudiantes terminó por ser algo más.

En el lugar de la gresca, aparecieron los pandilleros de Los Arañas, Los Ciudadelos y porros, entre los que fueron identificados Alfonso Torres Saavedra, El Johnny, y Sergio Romero, El Fish. Su misión era clara: agravar la riña entre los estudiantes. Justo atrás de ellos, llegaron los miembros del cuerpo de granaderos para golpear con a los estudiantes. Sin orden alguna, ingresan al plantel para seguir agrediendo a profesores estudiantes por igual.

Lanzaron gases lacrimógenos y destruyeron inmobiliario de la escuela. Les habían prometido una cuota de $10 por cada detenido.

La batalla campal duró más de tres horas. Se vieron involucrados cerca de 3 mil estudiantes y 200 granaderos. La policía del entonces Departamento del Distrito Federal declaró a los medios de comunicación que intervinieron porque así lo habían solicitado los alumnos y profesores del Poli. Pero estos lo negaron enfáticamente.

Los estudiantes no se iban a quedar de brazos cruzados. La autoridad había cruzado el umbral del no retorno y a partir del 23 de julio de 1968, nada sería igual.

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Consecuencias

Todo lo anterior dio pie a marchas contra la represión policial y sería el inicio de una serie de manifestaciones en contra del autoritarismo del Estado Mexicano, la intervención de ejército y la violación de la autonomía universitaria.

Lo que fue un simple partido de tochito terminó por ser el catalizador del despertar de la conciencia de los estudiantes y de la conciencia de todo un país. Y aunque el final fue la noche sangrienta del 2 de octubre en Tlatelolco, lo que es cierto es que esas semillas terminaron por ser flores, y citando a Alexander Dubeck, el presidente durante la primavera de Praga, “podrán cortar las flores, pero no detener la primavera”.