1968 no se olvida. Este 2018 se cumplen 50 años desde que México fue visto por el mundo con otros ojos. Hace medio siglo la capital mexicana albergó los XIX Juegos Olímpicos. Era la primera vez que un país en vías de desarrollo recibía una competencia de tal magnitud.

Por ello, para conmemorar los 50 años de este magno evento deportivo, haremos un recuento de los antecedentes, el inicio y la clausura de los Juegos Olímpicos y lo que estos dejaron para la Ciudad de México.

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Los Juegos de los Estudiantes

Cuando en 1963, Avery Brundage, Presidente del Comité Olímpico Internacional, anunció que México sería sede de los XIX Juegos Olímpicos, nadie imaginó que estos estuvieran marcados por un movimiento estudiantil que hasta la fecha aún es recordado.

En la contienda participaron las ciudades de Lyon (Francia), Detroit (EEUU) y Buenos Aires (Argentina). De los 58 votantes, 30 se inclinaron por México. Ni juntando a las otras tres sedes igualaban a la mexicana

Anteriormente, la Ciudad de México se candidateó para los Juegos Olímpicos de 1956 y los de 1960. Ambas fracasaron al recibir un mínimo de votos durante la elección. Pero el gobierno no se rindió.

En las dos décadas anteriores a la obtención de la sede Olímpica, México tuvo un crecimiento económico considerable. Pero no todos los sectores de la población gozaron de esa “mejoría”.

En el exterior, México era visto como la gran potencia regional. El modelo de “desarrollo estabilizador”, impulsado en 1940 parecía funcionar a la perfección. La consecuencia, México organizó los Juegos Olímpicos 1968 y el Mundial de 1970.

1968 representó un año complicado internacionalmente. En abril y junio fueron asesinados enEstados Unidos, Martin Luther King y Robert Kennedy. La segregación racial norteamericana estaba en su punto cumbre.

En mayo estalló la revolución estudiantil en París y en agosto las tropas soviéticas invadían Checoslovaquia. Y en lo deportivo, la candidatura de México tuvo muchas críticas.

Los países industrializados no podían creer que una nación subdesarrollada tuviera la capacidad de organizar un evento mundial. Periodistas deportivos consideraron imposible mejorar las marcas de otros años con los 2 mil 300 metros sobre el nivel del mar. Los comentarios llegaron a rayar en lo despectivo hacia la República Mexicana.

Y por si fuera poco, en nuestro país había un sector insatisfecho. A diez días de la inauguración, en la Plaza de las Tres Culturas miles estudiantes realizaron una manifestación. Minutos después fueron reprimidos y muchos de ellos terminaron asesinados por militares y policías, que actuaron por órdenes de las altas esferas del gobierno mexicano.

Este hecho cimbró a todo el país y por supuesto marcó la justa olímpica. Los jóvenes buscaban ser escuchados y aprovecharon la expectativa que se tenía de México en los Juegos para acorralar al gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. Y aunque muchos murieron, su objetivo se cumplió.

Además de la importancia que adquirieron los jóvenes, a partir de la matanza de Tlatelolco, los medios de comunicación que ya estaban instalados en México para cubrir los Juegos Olímpicos reemplazaron lo deportivo por lo social. Difundieron la lamentable noticia y pusieron entre las cuerdas al gobierno. Conseguir la candidatura fue prácticamente un milagro y la mala imagen que adquirió el país suponía la cancelación de la justa deportiva.

Ese era el México que le abrió las puertas al mundo en 1968.

Juegos Olímpicos 1968 México Imagen Afición Publico Protestas Tlatelolco

El ambiente previo a los JJOO se vio ensombrecido por lo sucedido en Tlatelolco con los estudiantes. (Foto: Archivo)

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El mejor México en unos Juegos Olímpicos

Ante los rumores de una posible suspensión, Avery Brundage aseguró que los Juegos seguían en pie. Por su parte, José de Jesús Clark Flores, quien logró que México albergara la justa, se mostró contundente: “Solo una tromba o un terremoto acabaría con la justa olímpica”.

El impacto que los Juegos Olímpicos tendrían para México era vital para el gobierno. Y el 12 de octubre de 1968, el Estadio Olímpico Universitario albergó la inauguración oficial de la justa. El inmueble lucía pletórico.

Ante una sociedad dolida por lo acontecido el 2 de octubre cuando en una cronologíalamentable y que marcó al país, Gustavo Díaz Ordaz declaró inaugurados los Juegos Olímpicos XIX, mientras por todo el estadio volaban globos y palomas como símbolo de la paz, intentando borrar todo indicio de lo que dejó la matanza de Tlatelolco.

La emoción estaba a tope. Y ante tanta crítica, los organizadores decidieron que debía ser una mujer la encargada de encender el pebetero olímpico. El sexo femenino vería capitalizados tantos años de esfuerzo en busca de una mayor consideración en el ámbito deportivo.

La atleta mexicana, Enriqueta Basilio, fue la encargada de inaugurar los juegos. Tomó la antorcha, entró al estadio y al subir alzó la mano con la que  encendió el pebetero.

Con esto, se convirtió en la primera mujer en inaugurar unos Juegos Olímpicos en toda la historia. Y parece que ese suceso le trajo suerte a la delegación mexicana.

En ese entonces, México se convirtió en la sede con mayor asistencia de mujeres deportistas. En total se contó con la participación de 5,516 atletas, de los cuales 781 eran mujeres y 4,735 hombres, pertenecientes a 112 países. La delegación mexicana estuvo compuesta por 312 deportistas, 266 varones y 46 mujeres.

Y ante tanta tristeza, los Juegos de 1968 también significaron la mejor participación de México en una justa hasta ahora. Y el encargado de iniciar con las alegrías fue Fernando Muñoz Kapamás, mejor conocido como “El Tibio” Muñoz.

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El mejor México en unos Juegos Olímpicos

Ante los rumores de una posible suspensión, Avery Brundage aseguró que los Juegos seguían en pie. Por su parte, José de Jesús Clark Flores, quien logró que México albergara la justa, se mostró contundente: “Solo una tromba o un terremoto acabaría con la justa olímpica”.

El impacto que los Juegos Olímpicos tendrían para México era vital para el gobierno. Y el 12 de octubre de 1968, el Estadio Olímpico Universitario albergó la inauguración oficial de la justa. El inmueble lucía pletórico.

Ante una sociedad dolida por lo acontecido el 2 de octubre cuando en una cronologíalamentable y que marcó al país, Gustavo Díaz Ordaz declaró inaugurados los Juegos Olímpicos XIX, mientras por todo el estadio volaban globos y palomas como símbolo de la paz, intentando borrar todo indicio de lo que dejó la matanza de Tlatelolco.

La emoción estaba a tope. Y ante tanta crítica, los organizadores decidieron que debía ser una mujer la encargada de encender el pebetero olímpico. El sexo femenino vería capitalizados tantos años de esfuerzo en busca de una mayor consideración en el ámbito deportivo.

La atleta mexicana, Enriqueta Basilio, fue la encargada de inaugurar los juegos. Tomó la antorcha, entró al estadio y al subir alzó la mano con la que  encendió el pebetero.

Con esto, se convirtió en la primera mujer en inaugurar unos Juegos Olímpicos en toda la historia. Y parece que ese suceso le trajo suerte a la delegación mexicana.

En ese entonces, México se convirtió en la sede con mayor asistencia de mujeres deportistas. En total se contó con la participación de 5,516 atletas, de los cuales 781 eran mujeres y 4,735 hombres, pertenecientes a 112 países. La delegación mexicana estuvo compuesta por 312 deportistas, 266 varones y 46 mujeres.

Y ante tanta tristeza, los Juegos de 1968 también significaron la mejor participación de México en una justa hasta ahora. Y el encargado de iniciar con las alegrías fue Fernando Muñoz Kapamás, mejor conocido como “El Tibio” Muñoz.

Juegos Olímpicos 1968 México Imagen Afición Publico Protestas Enriqueta Basilio

Enriqueta Basilio fue la primer mujer en la historia en encender un pebetero olímpico (Foto: Archivo)

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Un nuevo México

Los Juegos Olímpicos de 1968 fueron los primeros hechos por una nación hispanohablante y los primeros realizados en Latinoamérica. Fueron también los primeros en contar con un control antidopaje y de sexo. Pero lo más importante es lo que dejaron.

Además de poner a México como potencia latina, hicieron que la Ciudad transformara totalmente su apariencia y arquitectura.

Para los Juegos, México se equipó con nuevas telecomunicaciones y por primera vez se transmitió la totalidad de los eventos a color en todo el mundo.

Acapulco, Guadalajara y León fueron otras de las sedes olímpicas con las que contó México. En total se invirtieron 175 millones 840 mil dólares. El 93.9% del total fue erogado en el país y el restante 6.1 % en el extranjero.

Con ese dinero, el Arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, diseñó varias instalaciones deportivas, como el Palacio de los Deportes, la Alberca Francisco Márquez, el Gimnasio Juan de la Barrera, entre otras. Todas fueron un éxito total y hoy en día la mayoría aún alberga eventos de toda índole.

Otras más fueron adaptadas. El Teatro de la Insurgentes albergó las competencias de halterofilia. Mientras que en el Auditorio Nacional se llevaron cabo las competencias de gimnasio. Y así hubo varias que se utilizaron para todo tipo de deporte.

También se creó una Villa Olímpica, la cual se hizo para que los atletas de cada nación se instalara cerca del Olímpico Universitario durante los Juegos. Y actualmente es utilizada como condominios de vivienda.

No hay duda de que 1968 es más recordado por los acontecimientos del 2 de octubre. Pero el 12 de octubre también guarda un lugar importante en la historia de México.

50 años se dice fácil, pero medio siglo después podemos decir que los Juegos Olímpicos México 1968 sirvieron para limpiar la imagen de nuestra nación, no solo ante los ojos del extranjero, sino ante los de nosotros mismos como mexicanos.