La cita es a las 19:00 horas, como de costumbre entre semana. Pasan los años y los caminos son distintos, pero el lugar al que se llega siempre es el mismo: el infierno. Sí, un averno que en la Ciudad de México se ha convertido religión para los amantes del beisbol y que ha tenido diferentes nombres con el paso de los años: Parque del Seguro Social, Foro Sol, Fray Nano y -el más reciente- Alfredo Harp Helú. El oponente inmejorable: Tigres, el acérrimo rival.

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Durante décadas, los de Bengala y Escarlatas se han encargado de fraguar una de las batallas deportivas más importantes de México, misma que por muchos años se fortaleció por el hecho de compartir jardines, butacas, bases y un estadio entero. La Guerra Civil en todo su esplendor. Sin embargo, ¿se sigue viviendo de la misma manera?

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La nueva casa de los Diablos se inauguró en 2019. Metro Puebla o Viaducto Río de la Piedad son las formas más sencillas de llegar, ya sea en carro, caminando o en transporte público, pero la esencia con los antiguos hogares sigue permaneciendo.

Revendedores con el clásico “te sobran o te faltan” boletos, puestos ambulantes con jerseys y gorras piratas; otros más con recuerdos como llaveros y tazas o bien las personas que te venden cacahuates u otra botana para que puedas disfrutar mientras ves el partido. Nada de eso ha cambiado y para el aficionado es sentir ese ‘calor de casa’; pero… aún falta algo.

Para llegar al Diamante de Fuego es necesario caminar unos cuantos pasos sin importar el medio de transporte que se haya utilizado. Antes de ingresar, se puede ver a miles de aficionados caminando portando orgullosos sus camisolas. Y sí, la generación ha cambiado. Antes, nombres como el del Borrego Sandoval, Daniel Fernández o Miguel Ojeda colmaban la espalda de los fanáticos de los Diablos; ahora lo hacen apellidos como Figueroa, Fabela o Amador. Aquellos viejos aficionados saben a la perfección de esto.

Los partidos entre Diablos y Tigres siempre están llenos de pasión (Foto: Facebook Diablos)

Sin embargo, en el pasado también aparecían apellidos como los Carrillo, Gastelum o Ríos, leyendas de los Tigres que en la Ciudad de México -al parecer- han ido perdiendo peso. Aquí está el problema, ‘eso’ que faltaba.

Decir que la afición de los Tigres en la capital del país se ha extinguido por completo sería hacer una aseveración tan fuerte como falsa. El amor por los colores de los felinos aún se siente en la Ciudad de México, eso es innegable, aunque no con la misma fuerza de antes. En el estadio del rival así se percibe.

La novena hoy de Quintana Roo dejó la CDMX en el año 2001 y desde ese entonces se ha rumorado más de una ocasión su vuelta a la que siempre será su casa, un posible regreso que solo ha ilusionado a sus fieles seguidores, que también se han cansado de esperar.

No importa que sea entre semana, un martes o miércoles, un enfrentamiento Diablos-Tigres siempre levantará expectación y llamará la atención de los aficionados. Durante la campaña regular del 2019 quedó claro y en los playoffs de nueva cuenta, pero es cierto: ya no es igual que antes.

Acostumbrados a ver un Parque del Seguro Social o un Foro Sol (en sus inicios como parque de pelota) divididos por los colores de ambas novenas, desde la partida de los felinos, en inmuebles como el propio Infierno Solar, el Fray Nano y ahora el Diamante de Fuego, el tinte rojo ha ido acaparando las butacas hasta casi ser unánime.

En el campo las emociones siguen siendo las mismas. Batazos, jugadas de fantasía, jonrones, doble plays, hits, todo se mantiene igual, pero el “va-mos, dia-blos” resuena con más fuerza que antes y ya no encuentra una respuesta de peso, no importa cuáles hayan sido los números finales en la pizarra.

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Aplauso y reconocimiento merecen aquellos que, pese a los años, siguen sosteniendo a su equipo cuando visita la capital, como ese señor en silla de ruedas, enfundado en su chamarra de Tigres que se quedó hasta el último out y que permanecerá ahí hasta que su equipo vuelva, si es que alguna vez lo hace.

Diablos vs Tigres es el Clásico del beisbol mexicano, la gran pregunta es: ¿lo será por siempre?