Darwin Quintero, el declive del héroe

El día de ayer, Marcelino Fernández, reportero de ESPN, realizaba un enlace desde el entrenamiento del América —en Coapa— cuando un balón (proveniente de la cancha de entrenamiento) intentó golpearlo,...

El día de ayer, Marcelino Fernández, reportero de ESPN, realizaba un enlace desde el entrenamiento del América —en Coapa— cuando un balón (proveniente de la cancha de entrenamiento) intentó golpearlo, afortunadamente no lo consiguió.

El proyectil salió de los zapatos de Darwin Quintero, quien afortunadamente no logró su cometido. El video se difundió rápidamente por redes sociales y hoy, cuando despertamos, la bola de nieve había crecido tanto que era imposible escapar.

El colombiano ya salió a dar su versión y nos cuesta trabajo creerle: “No te dejes llevar por lo que se ve ni por lo que dicen. En ningún momento tiré a pegarle a él, apostamos de pegarle al árbol porque de ese ángulo estaba difícil pegarle al reportero”.

El delantero buscó a ESPN para aclarar la situación y tratar de salvarse de lo que parece será un fuerte castigo por parte del club. Intentamos hacer un ejercicio de confianza para creerle a Quintero pero no hemos podido concretar nada. Tal vez nos falta ímpetu.

Haré un alto en el camino y trataré de no condenar la acción de Darwin y aplaudir el buen ambiente que se vive en los entrenamientos azulcremas, tan bueno que entre prácticas les permite realizar juegos de destreza.

Volvamos a los hechos. Si el reto era darle al árbol, como dice Darwin, por qué hacerlo frente a una cámara con un reportero que se encuentra haciendo un enlace en vivo. Es una ecuación que no tiene nada, absolutamente nada, para ser positiva.

Guardando las proporciones, la acción del “cafetalero” me recuerda a lo que pasó en marzo de 2003 en Veracruz, cuando Cuauhtémoc Blanco golpeó a David Faitelson. La relación de los futbolistas con la prensa nunca ha sido la mejor, pero hay que aceptar que existe un simbiosis entre ambas partes.

Otro caso cercano fue lo que pasó con Miguel Herrera y Christian Martinoli, de sobra sabemos todo lo que envolvió esta situación y las consecuencias que trajo. Pero nos sirve como antecedente a la relación amor odio entre los medios y los deportistas.

Cuando los futbolistas se vuelven profesionales se convierten en automático en figuras públicas lo que conlleva una gran responsabilidad. Los niños ya no quieren máscaras de superhéroes, ahora quieren playeras con nombres específicos en los dorsales. Y por ende, los futbolistas deberían ser un ejemplo para ellos, tal y como dice la descripción de Marcelino en Twitter: “De niño, mis héroes eran deportistas, no pude convertirme en uno de ellos, pero quise estar cerca, por ese elegí esta profesión”.

Apelaré a una frase trillada, pero no equívoca, de Jorge Valdano: “El futbol es lo más importante de lo menos importante”. La relevancia del balompié y de sus protagonistas tiene total injerencia los niños que desean algún día jugar futbol profesionalmente.

No condenamos las bromas y el buen ambiente, pero sí aprobamos el respeto y el trabajo de los demás.

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