Y ahora Cruz Azul, ¿de quién es la culpa?

Cruz Azul volvió a quedarse la orilla. No fue capaz de romper su racha sin obtener un título de liga. Se agotaron los culpables

Cruz Azul perdió en la final de la Liga MX. Otra final en la que sus aficionados se permitieron creer, que se atrevieron a soñar. Sin embargo, el desenlace fue el mismo de los últimos 21 años: decepción y frustración. ¿A qué se debe este nuevo fracaso? ¿Por qué este equipo no es capaz de levantar un título de Liga? ¿A qué se debe que hayan dado un espectáculo tan lamentable en la cancha del Estadio Azteca? Ahora, ¿a quién van a culpar?

Motivos para ilusionar a la afición

Cruz Azul desplegó un futbol agradable, con un estilo de ataque vertical, rapidez para recuperar la pelota y una defensa sólida. Fueron el mejor equipo del torneo y fueron los súper líderes del Apertura 2018 con toda justicia. Además, se llevaron la Copa MX tras ser ampliamente superior al Monterrey. La afición comenzó a percibir que este equipo estaba construido para aspirar a ganarlo todo. Empezaron a creer que en la posibilidad de terminar con 21 años sin ganar la Liga. Se ilusionaron porque la Máquina les dio motivos para ello.

Nuevo fracaso para la Máquina (Imagen: Getty)

Sin embargo, por enésima vez, los decepcionaron.

Ricardo Peláez

La llegada de Peláez como director deportivo del Cruz Azul hizo que la manera de fichar fuera más inteligente y certera. Reforzaron la columna vertebral con jugadores experimentados —Iván Marcone, Milton Caraglio, Elías Hernández– y ficharon a jóvenes prometedores, como Roberto Alvarado.

Pedro Caixinha conjunto a los refuerzos y logró que los Cementeros jugaran tal y cómo él lo buscaba: orden defensivo y un ataque certero. La mano de Peláez se hizo sentir de inmediato, dejando así atrás la pesadilla de Eduardo De La Torre.

No obstante, ni Ricardo Peláez pudo imprimir su sello triunfador en esta primera final de Liga MX con el Cruz Azul. A pesar de su fuerte personalidad, no pudo contagiar a los jugadores de cara a la Gran Final y vimos a un equipo timorato y demasiado precavido.

La semifinal contra Monterrey

Contra los Rayados, Cruz Azul se logró reponer a un penal errado. Si bien el nivel del equipo ya venía decayendo, mostraron fortaleza mental para reponerse del fallo de Caraglio y lograr el gol que les daba el boleto a la final del Apertura 2018. En circunstancias similares, la Máquina se hubiera derrumbado. Ante Monterrey, perseveraron.

Los contrastes del triunfo y la derrota. Los contrastes entre Cruz Azul y América (Imagen: Getty)

Esto hizo que se esperara a un Cruz Azul determinado en los partidos más importantes de los últimos cinco años. Sobre todo porque era contra el América, el rival que les había propinado uno de los golpes más duros de su historia en el Clausura 2013. La revancha estaba servida. La oportunidad estaba ahí. Sólo tenían que ir a tomarla y hacerla suya.

Cruz Azul y el pánico escénico

En el partido de ida, el Cruz Azul pudo haber tomado la ventaja. Edgar Méndez tuvo una oportunidad clarísima para hacer el gol que les diera la ventaja para la vuelta. Pero su disparo se estrelló en el travesaño. Donde otros jugadores anotan, Méndez falló. Esos centímetros que hacen la diferencia entre si un balón es gol o no, son los que han hecho la diferencia en este Cruz Azul. Parece que no importa cuanto se esfuercen, el pánico escénico que representa jugar una final de Liga MX es una losa mental muy pesada para cualquier futbolista que se ponga la camiseta celeste.

Ni para el “cruzazuleo”

Porque lo más triste de esta nueva derrota fue que ni siquiera la “cruazulearon”. Es decir, no les remontaron épicamente ni les sacaron el resultado sobre la hora. El Cruz Azul nunca lució como el líder de la Liga MX ni el equipo que quería matar todos sus fantasmas, sus maldiciones. La Máquina nunca se vio con esa voracidad de salir a abrumar a las Águilas para dejar atrás ese halo de derrota y demostrar que esta versión del Cruz Azul tenía otra mentalidad. Que este equipo era ganador. Pero no, Cruz Azul no dio muestras de carácter, no dio muestras de personalidad, no dio muestras de vida. Fue la peor versión de la Máquina en una final.

La frustración ya tan familiar para el Cruz Azul (Imagen: Getty)

Así qué, ¿de quién fue la culpa? De todos. Directiva, entrenador y jugadores. Todos ellos volvieron a quedar en deuda ante una afición que ha sufrido más de lo que merece. Todos ellos volvieron decepcionar a los fieles cruzazulinos que, seguramente, no pueden comprender porque su equipo no es capaz de ser digno del escudo que otros hicieron grande. Sin duda, la culpa es sólo del Cruz Azul.

 

 

 

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