Carlos Alberto, el capitán que conquistó… ¿el Azteca?

La muerte es un evento natural de vida. Nacimos para morir, pero no todas las personas que fallecen dejan un legado importante. Afortunadamente, Carlos Alberto Torres, puede decir que él...

La muerte es un evento natural de vida. Nacimos para morir, pero no todas las personas que fallecen dejan un legado importante. Afortunadamente, Carlos Alberto Torres, puede decir que él sí, dejó uno de los más grandes de la historia.

Sería complicado (quizá tedioso) escribir toda su trayectoria futbolística, porque fue demasiada, además de que tal vez se omitan partes importantes. Por eso, hemos decidido hablar de dos aspectos, ambos sucedidos en 1970, unidos de la mano, los cuales marcaron la vida, en las canchas, del “Capita”.

Vayamos al Mundial de México 1970. ¿Quién fue el futbolista idolatrado? Edson Arantes Do Nascimento, Pelé. Y no decimos que no se lo merezca, claro que sí, pero debemos preguntarnos, ¿quién fu el capitán de ese mítico Brasil que “enamoró” al mundo? Exacto, Carlos Alberto.

El defensa lateral derecho era el “jefe” del vestuario. Encima del propio Pelé, Zico, Rivelino y del que quieran mencionar (menos de Manuel Zagallo, suponemos). El cargo lo tenía por el comportamiento fuera y dentro de la cancha, su carácter, la capacidad para expresarse con sus compañeros  y, por su puesto, su calidad con los pies (no por su linda cara).

Torres tuvo la capacidad de manejar  un grupo de estrellas (algunos creen que es la mejor selección de todos los tiempos) para un mismo objetivo: la Copa Mundial. Si fue fácil o no, sólo podrá responderlo él, pero supo lograr su objetivo y llegar al partido definitivo en el Estadio Azteca. Y ahí, es el otro momento clave.

El destino pudo haber elegido a Pelé, para consagrarse aún más, pero fue el propio “10” quien entendió cómo debía terminar todo. Después de varios toques, el definitivo sería obra del “Capitán”, para sellar un 4-1 (contra una fuerte Italia) que los proclamaba como les reinantes absolutos del futbol, un gol que todo el público presente en el Coloso de Santa Úrsula gritó como si fuera mexicano.

Justo Carlos Alberto debía anotar el llamado “gol perfecto” (el balón fue tocado por nueve de 11 futbolistas cariocas), para hacerle justicia en un equipo donde los reflectores se los llevaban otros, que lo tomaban como ejemplo.

“Me pone triste la muerte de mi amigo y hermano Carlos Alberto, nuestro querido ‘Capitán’. Recuerdo los tiempos en que jugamos juntos en Santos, en la selección de Brasil y en el New York Cosmos. Fuimos campeones en los tres conjuntos, formamos una sociedad vencedora”, fueron las palabras del “Rey” para despedir a quien fuera su “Capita”.

Como lo dijimos al principio, Carlos Alberto dejó un legado muy grande, pero el mayor de ellos es ser recordado ayer, hoy y para siempre como el “el hombre que nació para ser capitán”.

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